No se puede descartar que en un futuro el mundo estudie y recuerde las décadas prodigiosas de la modernidad brasileña, entre la década de los treinta y el golpe militar de 1964, como una especie de Quattrocento tropical: como en Florencia, Venecia, Ferrara o Roma en el siglo XV, se dio allí una conjunción única y casi milagrosa de condiciones políticas, históricas y culturales que desembocaron en un momento de brillantez creativa deslumbrante en todas las artes, impulsada por una o dos generaciones de creadores geniales: de Niemeyer a Lygia Clarke, de Clarice Lispector a Tom Jobim, de Gal Costa y Maria Bethânia a Chico Buarque, Caetano Veloso o Gilberto Gil.
No se puede descartar que en un futuro el mundo estudie y recuerde las décadas prodigiosas de la modernidad brasileña, entre la década de los treinta y el golpe militar de 1964, como una especie de Quattrocento tropical: como en Florencia, Venecia, Ferrara o Roma en el siglo XV, se dio allí una conjunción única y casi milagrosa de condiciones políticas, históricas y culturales que desembocaron en un momento de brillantez creativa deslumbrante en todas las artes, impulsada por una o dos generaciones de creadores geniales: de Niemeyer a Lygia Clarke, de Clarice Lispector a Tom Jobim, de Gal Costa y Maria Bethânia a Chico Buarque, Caetano Veloso o Gilberto Gil. Seguir leyendo EL PAÍS
