Como recuerda Carlos Mejías, algunas casas nobiliarias en España tienen asociadas a sus apellidos hasta 10.000 individuos. Unas hunden sus raíces en la Edad Media, incluso están documentadas hasta la Reconquista y muchas de ellas jugaron un papel decisivo en ciertos acontecimientos de nuestro pasado. La densa y rica historia de nuestro país no puede comprenderse sin el papel de las casas nobles que, desde la noche de los tiempos, han ostentado poder, riquezas y prestigio. Sin embargo, a pesar de que en cierta medida su historia conjunta explica la de nuestro país durante siglos, el devenir de muchas de las decenas de familias no está debidamente documentado. Mejías, especialista en genealogía e historia nobiliaria, colidera un proyecto junto al también investigador Raúl Molina que trata de desentrañar los linajes nobiliarios a través de una inmensa base de datos y un software genealógico con el que se enfrentan a una tarea imposible: «La reconstrucción genealógica de la nobleza de España y su papel en la Historia», se titula esta inmensa investigación. «La historia de ciudades, de comunidades e incluso de territorios en otros países no se pueden explicar sin sus acciones”, explica el experto, que ya estudia lo que parece un galimatías de más de 156 linajes.
La tarea es descomunal y se enfrenta a varias dificultades. Primero, por la dispersión de las fuentes: “La mayor parte de estas casas nobles tienen la información muy bien documentada y se puede rastrear gracias a las capitulaciones matrimoniales”, explica Mejías. Sin embargo, muchos documentos adicionales o complementaros pueden hallarse en diferentes archivos, que van desde el Archivo General de Indias, el de Simancas, el Archivo Histórico Nacional, la Biblioteca Nacional o el archivo Ducal de Medinaceli, el de la Real Chancillería de Valladolid o muy diversos de ámbito local. Incluso en la British Library. Ambos investigadores tienen una gran experiencia indagando en los parentescos de alta alcurnia, pues dirigieron cada uno un estudio sobre dos de las principales de la historia española: los Fernández de Córdoba y los De la Cueva, que dan lugar, con sus ramificaciones, a un buen número de casas adicionales. “Nuestro objetivo es crear una base de datos que incluya tanto los aspectos de los títulos nobiliarios como incluso para la esperanza de vida y la descendencia. Inicialmente nos circunscribíamos a la Edad Moderna, pero hemos recabado mucha más información que nos permite rastrear en algunos casos desde el siglo séptimo hasta la actualidad”, explica Mejías. Porque no se trata de simplemente dibujar las ramas entrecruzadas de los nobles –pues las gentes de abolengo tienen por costumbre casarse entre ellos-, sino de revelar cómo el matrimonio servía de método de ascenso social, cómo se tejían las estrategias familiares y las alianzas entre estirpes. Este estudio permitirá dibujar cómo estas élites configuraron las estructuras políticas, sociales y económicas de la monarquía hispánica, donde era tan importante aumentar la influencia como conservarla. “Por eso no es infrecuente encontrar que, en una familia, si falta un descendiente masculino, puedes entender por qué casan a la heredera sin hijos con un primo hermano con los mismos apellidos y así conservar el apellido”, explica Mejías. Aunque la confusión está servida.
Para este experto, «la historia de la nobleza es lo que da pie a la sociedad que tenemos hoy en día, bajo mi punto de vista, porque las diferentes casas han tenido un papel muy relevante en la sociedad, no solo a escala nacional, sino también internacional. Es bien sabido que algunos miembros de la Casa de Alba tenían más títulos que la propia Reina de Inglaterra. Nosotros orientamos el estudio tanto hacia la formación de las distintas casas como también hacia el papel que tuvieron en la sociedad”, explica. Conquistas militares decisivas como las de los Fernández de Córdoba, virreinatos en América, campañas en Europa. Su devenir refleja, también, los cambios sociales: “Durante la Edad Media, su distribución geográfica está más repartida, pero en la Moderna y la contemporánea miran a la Corte. “En el siglo XIX y XX, la nobleza se transforma con la desaparición del mayorazgo y se transforma en el mundo empresarial, se acerca a la que conocemos hoy en día. Muchas de aquellas familias pierden poder adquisitivo y se casan con la burguesía enriquecida, que es una especie de nueva nobleza: comerciantes, industriales, empresarios. Uno aporta el título, el prestigio, y el otro las riquezas. Ambas partes salen beneficiadas”. Esto trae una nueva perspectiva en la que ya no importa tanto la conservación del apellido. “Ocurre un cambio de mentalidad hacia el individualismo. En el pasado, la voluntad individual de cada uno de los hijos se sometía al colectivo familiar. Se planificaba: un hijo se casaría, otro trataría de entrar en el mundo eclesiástico… En aquel tiempo no importaba si alguien estaba enamorado de otro alguien, sino de cómo se podía ayudar a la propia casa nobiliaria. Los hijos eran inversiones que podían repercutir favorablemente en el linaje: todo estaba orquestado para mejorar la posición de la familia”, explica este experto. Como fichas de ajedrez, cada movimiento estaba medido, incluso quiénes se elegían como padrinos de un recién nacido: “Ahí puedes ver hacia quién se dirige el interés de los nobles por relacionarse con unos y con otros, por mantener, como se dice ahora, una red de contactos”, explica Mejías. Sin embargo, en la modernidad, “desciende muchísimo el número de hijos –al menos en los casos que hemos estudiado-. Por no hablar de los casos en los que no hay hijos legítimos, que provocan muchos pleitos e incluso la desaparición de alguna como los De la Cueva”.
El objetivo de estos investigadores, es, por tanto, no solo estudiar a los grupos nobiliarios, sino comprender cómo se desarrolló el poder a todos los niveles (demográfico, económico, político) especialmente en la Edad Moderna y en el mundo contemporáneo, cuando se constituye la sociedad liberal. Y poner este inmenso volumen de información al servicio de los usuarios. “Somos apenas dos investigadores en esta misión y podríamos hacer maravillas si sumásemos un equipo de genealogistas. Podríamos crear una base que estuviera en internet al servicio de la sociedad, de la curiosidad de individual y de la comunidad de estudios históricos. A día de hoy, te diría que llevamos un 3 por ciento, dicho a vuelapluma, de toda la información que hace falta recabar. En Inglaterra, por ejemplo, lo tienen todo muy bien documentado, pero aquí queda mucho por hacer. Y nosotros tratamos de recoger todos los tipos de nobleza que fueron descritos por Antonio Domínguez Ortiz, que clasificó los grandes de España, señores de vasallos, señoríos, noblezas locales, hidalgos… son muchos tipos”. Los investigadores se han puesto en contacto con muchas de estas familias y han recibido respuestas dispares. “Algunas nos han facilitado toda la información, pero hay otras que son más reticentes, y lo entiendo. También está el obstáculo de la protección de datos, como es el caso de la nobleza actual. Algunos se muestran reticentes a que sus datos aparezcan en una base de datos, con su fecha de nacimiento, por ejemplo”, explica Mejías. La tarea parece casi imposible: “Yo no creo que nosotros podamos terminarlo, pero esperamos que haya alguien que continúe hasta donde podamos llegar”, dice con cierta pesadumbre. Quién sabe, quizá haya alguien al otro lado interesado en conocer esta historia.
Los nuevos condes y duques
Los tiempos cambian y los nobles también. En junio de 2025, Felipe VI concedió los primeros títulos nobiliarios de su reinado tras diez años en el trono. En concreto designó a Rafa Nadal como marqués de Llevant de Mallorca; a Teresa Perales como marquesa de Perales y a Luz Casal como marquesa de Luz y Paz, los tres con carácter hereditario. El bioquímico y biólogo molecular Carlos López Otín fue nombrado marqués de Castillo de Lerés, con carácter vitalicio, y la fotógrafa Cristina García Rodero, nueva marquesa del Valle de Alcudia, con carácter hereditario. “Yo eso lo veo muy bien. Pienso que aquellos que hacen una buena labor y que llevan el nombre de España a nivel internacional y lo y han y han contribuido a ensalzar el nombre en otro país. Yo pienso que debe ser recompensado y me parece bien la medida. Son personas que llevan lejos el nombre de España y que han hecho un buen servicio a su país. Y lo mismo pienso que con Vicente del Bosque, cuando se le concedió también el título nobiliario. Son fruto de una larga trayectoria de servicios hacia España y está bien merecido”, asegura este investigador.
Una investigación trata de reconstruir el devenir de los grandes linajes de la nobleza española
Como recuerda Carlos Mejías, algunas casas nobiliarias en España tienen asociadas a sus apellidos hasta 10.000 individuos. Unas hunden sus raíces en la Edad Media, incluso están documentadas hasta la Reconquista y muchas de ellas jugaron un papel decisivo en ciertos acontecimientos de nuestro pasado. La densa y rica historia de nuestro país no puede comprenderse sin el papel de las casas nobles que, desde la noche de los tiempos, han ostentado poder, riquezas y prestigio. Sin embargo, a pesar de que en cierta medida su historia conjunta explica la de nuestro país durante siglos, el devenir de muchas de las decenas de familias no está debidamente documentado. Mejías, especialista en genealogía e historia nobiliaria, colidera un proyecto junto al también investigador Raúl Molina que trata de desentrañar los linajes nobiliarios a través de una inmensa base de datos y un software genealógico con el que se enfrentan a una tarea imposible: «La reconstrucción genealógica de la nobleza de España y su papel en la Historia», se titula esta inmensa investigación. «La historia de ciudades, de comunidades e incluso de territorios en otros países no se pueden explicar sin sus acciones”, explica el experto, que ya estudia lo que parece un galimatías de más de 156 linajes.
La tarea es descomunal y se enfrenta a varias dificultades. Primero, por la dispersión de las fuentes: “La mayor parte de estas casas nobles tienen la información muy bien documentada y se puede rastrear gracias a las capitulaciones matrimoniales”, explica Mejías. Sin embargo, muchos documentos adicionales o complementaros pueden hallarse en diferentes archivos, que van desde el Archivo General de Indias, el de Simancas, el Archivo Histórico Nacional, la Biblioteca Nacional o el archivo Ducal de Medinaceli, el de la Real Chancillería de Valladolid o muy diversos de ámbito local. Incluso en la British Library. Ambos investigadores tienen una gran experiencia indagando en los parentescos de alta alcurnia, pues dirigieron cada uno un estudio sobre dos de las principales de la historia española: los Fernández de Córdoba y los De la Cueva, que dan lugar, con sus ramificaciones, a un buen número de casas adicionales. “Nuestro objetivo es crear una base de datos que incluya tanto los aspectos de los títulos nobiliarios como incluso para la esperanza de vida y la descendencia. Inicialmente nos circunscribíamos a la Edad Moderna, pero hemos recabado mucha más información que nos permite rastrear en algunos casos desde el siglo séptimo hasta la actualidad”, explica Mejías. Porque no se trata de simplemente dibujar las ramas entrecruzadas de los nobles –pues las gentes de abolengo tienen por costumbre casarse entre ellos-, sino de revelar cómo el matrimonio servía de método de ascenso social, cómo se tejían las estrategias familiares y las alianzas entre estirpes. Este estudio permitirá dibujar cómo estas élites configuraron las estructuras políticas, sociales y económicas de la monarquía hispánica, donde era tan importante aumentar la influencia como conservarla. “Por eso no es infrecuente encontrar que, en una familia, si falta un descendiente masculino, puedes entender por qué casan a la heredera sin hijos con un primo hermano con los mismos apellidos y así conservar el apellido”, explica Mejías. Aunque la confusión está servida.
Para este experto, «la historia de la nobleza es lo que da pie a la sociedad que tenemos hoy en día, bajo mi punto de vista, porque las diferentes casas han tenido un papel muy relevante en la sociedad, no solo a escala nacional, sino también internacional. Es bien sabido que algunos miembros de la Casa de Alba tenían más títulos que la propia Reina de Inglaterra. Nosotros orientamos el estudio tanto hacia la formación de las distintas casas como también hacia el papel que tuvieron en la sociedad”, explica. Conquistas militares decisivas como las de los Fernández de Córdoba, virreinatos en América, campañas en Europa. Su devenir refleja, también, los cambios sociales: “Durante la Edad Media, su distribución geográfica está más repartida, pero en la Moderna y la contemporánea miran a la Corte. “En el siglo XIX y XX, la nobleza se transforma con la desaparición del mayorazgo y se transforma en el mundo empresarial, se acerca a la que conocemos hoy en día. Muchas de aquellas familias pierden poder adquisitivo y se casan con la burguesía enriquecida, que es una especie de nueva nobleza: comerciantes, industriales, empresarios. Uno aporta el título, el prestigio, y el otro las riquezas. Ambas partes salen beneficiadas”. Esto trae una nueva perspectiva en la que ya no importa tanto la conservación del apellido. “Ocurre un cambio de mentalidad hacia el individualismo. En el pasado, la voluntad individual de cada uno de los hijos se sometía al colectivo familiar. Se planificaba: un hijo se casaría, otro trataría de entrar en el mundo eclesiástico… En aquel tiempo no importaba si alguien estaba enamorado de otro alguien, sino de cómo se podía ayudar a la propia casa nobiliaria. Los hijos eran inversiones que podían repercutir favorablemente en el linaje: todo estaba orquestado para mejorar la posición de la familia”, explica este experto. Como fichas de ajedrez, cada movimiento estaba medido, incluso quiénes se elegían como padrinos de un recién nacido: “Ahí puedes ver hacia quién se dirige el interés de los nobles por relacionarse con unos y con otros, por mantener, como se dice ahora, una red de contactos”, explica Mejías. Sin embargo, en la modernidad, “desciende muchísimo el número de hijos –al menos en los casos que hemos estudiado-. Por no hablar de los casos en los que no hay hijos legítimos, que provocan muchos pleitos e incluso la desaparición de alguna como los De la Cueva”.
El objetivo de estos investigadores, es, por tanto, no solo estudiar a los grupos nobiliarios, sino comprender cómo se desarrolló el poder a todos los niveles (demográfico, económico, político) especialmente en la Edad Moderna y en el mundo contemporáneo, cuando se constituye la sociedad liberal. Y poner este inmenso volumen de información al servicio de los usuarios. “Somos apenas dos investigadores en esta misión y podríamos hacer maravillas si sumásemos un equipo de genealogistas. Podríamos crear una base que estuviera en internet al servicio de la sociedad, de la curiosidad de individual y de la comunidad de estudios históricos. A día de hoy, te diría que llevamos un 3 por ciento, dicho a vuelapluma, de toda la información que hace falta recabar. En Inglaterra, por ejemplo, lo tienen todo muy bien documentado, pero aquí queda mucho por hacer. Y nosotros tratamos de recoger todos los tipos de nobleza que fueron descritos por Antonio Domínguez Ortiz, que clasificó los grandes de España, señores de vasallos, señoríos, noblezas locales, hidalgos… son muchos tipos”. Los investigadores se han puesto en contacto con muchas de estas familias y han recibido respuestas dispares. “Algunas nos han facilitado toda la información, pero hay otras que son más reticentes, y lo entiendo. También está el obstáculo de la protección de datos, como es el caso de la nobleza actual. Algunos se muestran reticentes a que sus datos aparezcan en una base de datos, con su fecha de nacimiento, por ejemplo”, explica Mejías. La tarea parece casi imposible: “Yo no creo que nosotros podamos terminarlo, pero esperamos que haya alguien que continúe hasta donde podamos llegar”, dice con cierta pesadumbre. Quién sabe, quizá haya alguien al otro lado interesado en conocer esta historia.
Los tiempos cambian y los nobles también. En junio de 2025, Felipe VI concedió los primeros títulos nobiliarios de su reinado tras diez años en el trono. En concreto designó a Rafa Nadal como marqués de Llevant de Mallorca; a Teresa Perales como marquesa de Perales y a Luz Casal como marquesa de Luz y Paz, los tres con carácter hereditario. El bioquímico y biólogo molecular Carlos López Otín fue nombrado marqués de Castillo de Lerés, con carácter vitalicio, y la fotógrafa Cristina García Rodero, nueva marquesa del Valle de Alcudia, con carácter hereditario. “Yo eso lo veo muy bien. Pienso que aquellos que hacen una buena labor y que llevan el nombre de España a nivel internacional y lo y han y han contribuido a ensalzar el nombre en otro país. Yo pienso que debe ser recompensado y me parece bien la medida. Son personas que llevan lejos el nombre de España y que han hecho un buen servicio a su país. Y lo mismo pienso que con Vicente del Bosque, cuando se le concedió también el título nobiliario. Son fruto de una larga trayectoria de servicios hacia España y está bien merecido”, asegura este investigador.
Noticias sobre Historia en La Razón
