Nacho Vegas, un músico en lucha contra el fascismo: “Tenemos que combatirlo de todas las maneras posibles”

Nacho Vegas está hablando de su madre, a la que dedica una canción en su nuevo disco, Vidas semipreciosas. Bebe un trago de vino blanco en un restaurante con vistas al puerto de Gijón, la ciudad donde nació hace 51 años y donde vive, y cuenta: “Cuando eres un poco más guaje tiendes a querer más a la figura del padre. Mi madre era esa mujer abnegada que estaba siempre en casa trabajando y mi padre el que daba una voz y todo el mundo se ponía firme [son tres hermanos chicos]. Pero a medida que me fui haciendo adulto me di cuenta de que ella estaba ahí siempre, que fue la que nos educó y la que nos inculcó muchos valores que fueron muy importantes para nosotros. Valores de izquierdas que nos explicó desde pequeños, algo que me iluminó. Por ejemplo, yo fui a un colegio público y recuerdo que tenía algunos amigos que iban a privados. Mi madre nos explicó por qué tanto ella como mi padre apostaban por la escuela pública. Y me alegró mucho aquella decisión, porque esos que iban a los colegios privados eran unos pijos insoportables”. Otro sorbo de vino.

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 Nacho Vegas está hablando de su madre, a la que dedica una canción en su nuevo disco, Vidas semipreciosas. Bebe un trago de vino blanco en un restaurante con vistas al puerto de Gijón, la ciudad donde nació hace 51 años y donde vive, y cuenta: “Cuando eres un poco más guaje tiendes a querer más a la figura del padre. Mi madre era esa mujer abnegada que estaba siempre en casa trabajando y mi padre el que daba una voz y todo el mundo se ponía firme [son tres hermanos chicos]. Pero a medida que me fui haciendo adulto me di cuenta de que ella estaba ahí siempre, que fue la que nos educó y la que nos inculcó muchos valores que fueron muy importantes para nosotros. Valores de izquierdas que nos explicó desde pequeños, algo que me iluminó. Por ejemplo, yo fui a un colegio público y recuerdo que tenía algunos amigos que iban a privados. Mi madre nos explicó por qué tanto ella como mi padre apostaban por la escuela pública. Y me alegró mucho aquella decisión, porque esos que iban a los colegios privados eran unos pijos insoportables”. Otro sorbo de vino. Seguir leyendo   EL PAÍS

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