La pasada primavera, un agente de Medio Ambiente aragonés observó cómo dos personas empezaban a instalar una mesa de mezclas, unos altavoces y varios trípodes junto a un río. Tenía toda la pinta de ser el inicio de una rave en mitad de la naturaleza, así que se acercó a ellos. “Nos preguntó cuánta gente estaba previsto que viniera, pero le dijimos que en realidad estaríamos solo nosotros”, cuentan Amii Watson, de 29 años, y Jimmi Harvey, de 32, que habían llegado procedentes de Luxemburgo. La respuesta convenció al funcionario, que les dio su bendición. Entonces arrancaron una sesión de música electrónica en la que pinchaban para ellos mismos, pero también para cientos de miles de personas a través de las cinco cámaras que habían instalado. El vídeo acumula millón y medio de visualizaciones. Y es un ejemplo del trabajo que realiza esta pareja bajo el nombre de Flavour Trip: viajar por Europa, encontrar rincones idílicos, pinchar temas y grabar la sesión para compartirla con sus 800.000 seguidores en Youtube y 122.000 en Instagram, que se contagian de buen rollo y el aura de libertad.
La pasada primavera, un agente de Medio Ambiente aragonés observó cómo dos personas empezaban a instalar una mesa de mezclas, unos altavoces y varios trípodes junto a un río. Tenía toda la pinta de ser el inicio de una rave en mitad de la naturaleza, así que se acercó a ellos. “Nos preguntó cuánta gente estaba previsto que viniera, pero le dijimos que en realidad estaríamos solo nosotros”, cuentan Amii Watson, de 29 años, y Jimmi Harvey, de 32, que habían llegado procedentes de Luxemburgo. La respuesta convenció al funcionario, que les dio su bendición. Entonces arrancaron una sesión de música electrónica en la que pinchaban para ellos mismos, pero también para cientos de miles de personas a través de las cinco cámaras que habían instalado. El vídeo acumula millón y medio de visualizaciones. Y es un ejemplo del trabajo que realiza esta pareja bajo el nombre de Flavour Trip: viajar por Europa, encontrar rincones idílicos, pinchar temas y grabar la sesión para compartirla con sus 800.000 seguidores en Youtube y 122.000 en Instagram, que se contagian de buen rollo y el aura de libertad. Seguir leyendo EL PAÍS
