Cada vez menos jóvenes españoles abandonan sus estudios sin concluirlos, el principal indicador del fracaso escolar. Los datos de Educación muestran que en 2025 solo un 12,8% de los jóvenes de 18 a 24 años habían completado su trayectoria educativa sin un título de Bachillerato o de FP, lo que supone un récord histórico. Sin embargo, el detalle de esta buena noticia muestra elementos preocupantes sobre los que resulta preciso seguir trabajando. Uno de los más relevantes es que, mientras el abandono escolar de los alumnos españoles lleva cayendo una década, entre los de nacionalidad extranjera creció el año pasado 1,1 puntos hasta el 30,7%, el triple que los nacionales. En 2016, dicha diferencia era el doble.
Hay que poner los medios para que el éxito de España en la caída del abandono escolar alcance a los alumnos extranjeros
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional
Hay que poner los medios para que el éxito de España en la caída del abandono escolar alcance a los alumnos extranjeros


Cada vez menos jóvenes españoles abandonan sus estudios sin concluirlos, el principal indicador del fracaso escolar. Los datos de Educación muestran que en 2025 solo un 12,8% de los jóvenes de 18 a 24 años habían completado su trayectoria educativa sin un título de Bachillerato o de FP, lo que supone un récord histórico. Sin embargo, el detalle de esta buena noticia muestra elementos preocupantes sobre los que resulta preciso seguir trabajando. Uno de los más relevantes es que, mientras el abandono escolar de los alumnos españoles lleva cayendo una década, entre los de nacionalidad extranjera creció el año pasado 1,1 puntos hasta el 30,7%, el triple que los nacionales. En 2016, dicha diferencia era el doble.
España, que siempre ha sido uno de los países de la UE a la cabeza de esta triste estadística, se está acercando progresivamente a la media europea: si la brecha en 2015 era de nueve puntos, en 2024 se redujo a 3,6, fundamentalmente por la mejora del alumnado femenino. Pero ese ritmo de descenso puede irse ralentizando si el problema se concentra en sectores sociales concretos. Uno de estos perfiles es el de los escolares inmigrantes.
Como en otros factores de desigualdad social, lo que más pesa en esta brecha son las condiciones socioeconómicas y culturales de los hogares. Las familias extranjeras presentan niveles de pobreza más elevados, se enfrentan a mayores barreras lingüísticas y se desenvuelven peor en el circuito burocrático para obtener becas que les faciliten seguir estudiando en las etapas posobligatorias. No solventar estos problemas en un país donde 10 millones de habitantes han nacido fuera de nuestras fronteras solo hará que resulte más difícil afrontarlos en el futuro.
A ello se suma la falta de medios para los estudiantes con necesidades específicas (no solo los inmigrantes), con medidas que van de clases de refuerzo gratuitas a aulas de acogida, pasando por la asistencia a los padres sobre las posibilidades futuras de estudio y cómo lograr becas o ayudas. Rebajar estas diferencias por el origen es aún más necesario en un escenario de creciente y beneficiosa inmigración. Los dos últimos cursos completos han sido los primeros en los que el número de estudiantes extranjeros de enseñanzas de régimen general ha rebasado el millón.
Para que la caída del abandono escolar temprano pueda celebrarse como el éxito que supone para el sistema educativo, estas deficiencias deben resolverse de forma prioritaria. Es necesario dotar a los centros de los medios que garanticen que los estudiantes extranjeros disponen de la ayuda que precisen para salvar las distancias con sus compañeros españoles. Esa respuesta debe darse por igual, independientemente de la titularidad del centro, de forma que quede garantizada la igualdad de acceso y se impidan los colegios e institutos gueto. Educación ha dado pasos importantes en los últimos años, aumentando el presupuesto de las becas, financiado la creación de plazas de FP y poniendo en marcha programas de refuerzo. Pero el esfuerzo debe mantenerse y, en lo posible, ampliarse. Las comunidades autónomas, que poseen las principales competencias educativas, tienen que seguir su ejemplo.
En una Europa donde abundan las vergonzosas campañas de miedo contra los menores migrantes, no pueden faltar medios para la herramienta más efectiva en su integración: la educación. Así se garantizará que se conviertan en lo que pueden ser y no en las caricaturas que la ultraderecha pinta de ellos. Resulta esencial para la convivencia actual y futura.
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