Henrietta Lovell, la mujer que dejó las finanzas por el té

Hubo un momento en que los mejores restaurantes del mundo comenzaron a buscar a Henrietta Lovell para que diseñara tés especiales que acompañaran alguno de los platos con estrella Michelin. Ocurrió un día que una importante cadena de hoteles le pidió que creara una carta exclusiva para sus clientes. Su fama fue tal que pronto la comenzaron a llamar Rare Tea Lady (La gran dama del té). Pero todo esto ocurrió después. Después de que Henrietta Lovell cambiara de vida, se quitara el traje de financiera, se armara con zapatos cómodos y sombrero para el sol, y se sacara un billete de ida.

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 Hubo un momento en que los mejores restaurantes del mundo comenzaron a buscar a Henrietta Lovell para que diseñara tés especiales que acompañaran alguno de los platos con estrella Michelin. Ocurrió un día que una importante cadena de hoteles le pidió que creara una carta exclusiva para sus clientes. Su fama fue tal que pronto la comenzaron a llamar Rare Tea Lady (La gran dama del té). Pero todo esto ocurrió después. Después de que Henrietta Lovell cambiara de vida, se quitara el traje de financiera, se armara con zapatos cómodos y sombrero para el sol, y se sacara un billete de ida. Seguir leyendo  

Hubo un momento en que los mejores restaurantes del mundo comenzaron a buscar a Henrietta Lovell para que diseñara tés especiales que acompañaran alguno de los platos con estrella Michelin. Ocurrió un día que una importante cadena de hoteles le pidió que creara una carta exclusiva para sus clientes. Su fama fue tal que pronto la comenzaron a llamar Rare Tea Lady (La gran dama del té). Pero todo esto ocurrió después. Después de que Henrietta Lovell cambiara de vida, se quitara el traje de financiera, se armara con zapatos cómodos y sombrero para el sol, y se sacara un billete de ida.

El viaje comenzó con la despedida de su padre. Continuó con la creación de su empresa, Rare Tea Company, y siguió con su investigación y divulgación del mundo del té mientras lidiaba con la inesperada enfermedad del cáncer. A partir de ahí emprendió un largo trayecto por lugares inhóspitos para llegar a comprender y probar las variedades de té más importantes del mundo. De todo esto habla su último libro, Mis aventuras alrededor del té (Salamandra). “Se trata de una crónica personal e intransferible, más que de un tratado objetivo sobre el té. Es mi historia del té, no la historia del té”, subraya la autora.

El camino de Henrietta Lovell pasa por bucear en su pasado, en sus heridas, en su presente y en esas ganas enormes de transmitir su amor incondicional por el té. Así, en este libro se van extrayendo entre líneas una larga lista de tips, consejos, tipologías, costumbres como, por ejemplo: Que las tazas donde se sirve el té cambian según el momento del día en el que se va a disfrutar, “sería ridículo pedir que usaran la vajilla del desayuno para el té de la tarde”, afirma; que los tés se elaboraban con la Camellia sinensis, “un arbusto que, si se dejara en estado silvestre y sin recolectar, crecería hasta convertirse en un árbol frondoso y espigado”, y que “de esa misma hoja se podría hacer té blanco, verde, oolong, negro o pu’er”; que el pu’er surge de la fermentación de estas hojas y el té negro, de la oxidación; que el té verde “se procesa ligeramente para revelar matices más sutiles y vegetales”, el Oolong “se sitúa en un ingenioso término medio” y que, si tenemos que hablar de la pureza del té, entonces, nos referiremos al té blanco “en él está el origen, el brote intacto (…) y las notas más suaves de la hoja fresca, limpia y herbácea”.

La lectura fluye y, al leerlo, se recorren las montañas de Wuyishan (en China), los paisajes de la India y el Himalaya, Malawi y las tierras altas de Shire, por Nepal, Japón y Sudáfrica. Y entre tanto, se descubre que el té más antiguo del mundo se encontró en la tumba del emperador Jing, de la dinastía Han, fallecido en el año 141 a.C. “El té que encontraron fue el White Silver Tip”, explica la autora, a lo que añade: “Hoy en día con el té blanco se elaboran cremas cutáneas y en países como Australia experimentan con él como tratamiento para el cáncer de piel”.

Durante muchos años, Henrietta Lovell luchó para que los chefs más prestigiosos del mundo cerraran sus cartas con una propuesta de tés especiales. “Pero me pedían cosas que nunca me hubiera imaginado, como que elaborara un té helado que acompañara la comida”. Esto se lo propuso David Chang y su jefe de cocina, Matt Rudofker, de Momofuku, para su Ssäm Bar de Nueva York. El objetivo era hacer un té que nunca nadie hubiera probado y que lo pudieran servir frío como plato de su carta. Así creó un té helado “elaborado con una buena mezcla de tés negros”.

Los secretos de un buen té frío se unen a consejos como que el mejor maridaje para un bocado graso como el salmón o el aguacate es el té verde. O que las resacas se pasan mejor con rooibos “porque no contiene cafeína, lo bebes y puedes volver a la cama, hidratado, a dormir la mona”. Subraya que si no nos sale bien elaborar una kombucha es porque “utilizamos un té malo y porque no se puede preparar al tuntún (…) requiere mucho cuidado y control para que sea deliciosa”. Subraya que no hay mejor bebida para acompañar a un desayuno inglés que el English Breakfast y que “no hay un English Breakfast normal, porque no hay una mezcla exacta. Es el resultado de combinar varios tés negros”. Y uno se entera de que eso de llamarlo English Breakfast “lo acuñó un neoyorquino quien vinculó esa tipología con el té de la mañana” o que las primeras mezclas de hojas de té las hicieron en las destilerías escocesas y uno do de los primeros en hacerlas fue el hijo del famoso Johnnie Walker.

El libro va regalando así fórmulas para que se puedan preparar de manera correcta los tés en casa. Incluso, propone varias ideas de coctelería: desde un combinado a base de White Silver Tip infusionado con un Martini a una carta de ponches de lo más tentadora. Porque, como afirma Henrietta Lovell: “El té ha sido y es mi inspiración. Me ha formado. Pero mi vida también ha dado forma a mi té. Cuanto más amor y cuidado le pongas, mejor (té beberás)”.

 EL PAÍS

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