Ocurra lo que ocurra en el Golfo, los 41 días de guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán ya han tenido un efecto en la industria de los hidrocarburos serio y de enormes repercusiones globales. El responsable de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ha advertido de que estamos viviendo “el mayor riesgo para la seguridad energética de la historia”. Y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha sido inequívoca: la guerra ha dado un vuelco a las previsiones económicas y ha alumbrado una crisis energética de impacto indudable. Toca prepararse. No es solo ya el cierre del estrecho de Ormuz, por el que circula una quinta parte de los hidrocarburos del planeta. Más de 40 instalaciones petroleras y gasistas en varios países de la región han sido atacadas, algunas fundamentales como la isla de Jarg, por donde Irán canaliza la práctica totalidad de sus exportaciones petroleras. Aunque el estrecho volviese a la situación del 28 de febrero, hay daños que tardarán años en recuperarse: de tres a cinco ejercicios en el caso de la planta gasista de Ras Laffan, en Qatar, donde se procesa el 93% del gas del golfo Pérsico.
Suceda lo que suceda en el Golfo, los ciudadanos deben ser conscientes de la seriedad de la situación y de cómo afecta a sus vidas
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional
Suceda lo que suceda en el Golfo, los ciudadanos deben ser conscientes de la seriedad de la situación y de cómo afecta a sus vidas


Ocurra lo que ocurra en el Golfo, los 41 días de guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán ya han tenido un efecto en la industria de los hidrocarburos serio y de enormes repercusiones globales. El responsable de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ha advertido de que estamos viviendo “el mayor riesgo para la seguridad energética de la historia”. Y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha sido inequívoca: la guerra ha dado un vuelco a las previsiones económicas y ha alumbrado una crisis energética de impacto indudable. Toca prepararse. No es solo ya el cierre del estrecho de Ormuz, por el que circula una quinta parte de los hidrocarburos del planeta. Más de 40 instalaciones petroleras y gasistas en varios países de la región han sido atacadas, algunas fundamentales como la isla de Jarg, por donde Irán canaliza la práctica totalidad de sus exportaciones petroleras. Aunque el estrecho volviese a la situación del 28 de febrero, hay daños que tardarán años en recuperarse: de tres a cinco ejercicios en el caso de la planta gasista de Ras Laffan, en Qatar, donde se procesa el 93% del gas del golfo Pérsico.
La región también produce derivados de hidrocarburos fundamentales para la economía global, como el queroseno para los aviones, y los problemas de suministro ya empiezan a aflorar. Tanto que cuatro aeropuertos italianos han empezado a aplicar restricciones en el repostaje de las aeronaves para vuelos de corta distancia, y Ryanair teme que la situación se generalice en Europa a medidos de junio si las tensiones en el Golfo se mantienen. La campaña turística del próximo verano puede ser menos brillante de lo que se plantean los operadores.
La Comisión Europea ha desempolvado el manual de la crisis energética de 2022 y ha empezado a recomendar a los Estados que recuperen medidas de control de la temperatura de climatización en los edificios y fomenten el teletrabajo. Y no descarta que haya que llegar a un racionamiento del combustible o a la restricción de algunos vuelos. Así de seria ve la situación. Lo cierto es que la UE lleva años construyendo una transición que prometía liberarla de su dependencia de los combustibles fósiles. La guerra ha demostrado que le queda mucho por hacer en este terreno y que el paso atrás en el Pacto Verde ha sido corto de miras.
España cuenta en esta ocasión con un elemento diferencial. El impulso renovable de los últimos años ha reducido el peso del gas en la factura eléctrica y eso actúa como un escudo parcial ante lo que está por venir. Sin caer en el alarmismo, conviene que los ciudadanos sean conscientes de la gravedad de la situación, que puede afectar a su modo de vida, sus desplazamientos y sus viajes. Y de que la crisis no será indiferente para sus bolsillos. Así, el encarecimiento de los fertilizantes tiene un impacto inmediato sobre el precio de los alimentos. La rebaja fiscal sobre los combustibles ha mitigado el coste de llenar el depósito esta Semana Santa, pero no va a poder absorber la subida del crudo en su totalidad. La inflación ha vuelto a hacer su aparición en el escenario de riesgos de los bancos centrales y no hay que descartar subidas en los tipos de interés y, por tanto, en las hipotecas. Como advierte Georgieva, no habrá un regreso limpio y ordenado a la actividad tras este conflicto.
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