Antes de cantar, gritaba en defensa de la libertad. Se plantaba ante las tropas republicanas en el frente, que recorrió durante la Guerra Civil, y lanzaba su arenga con la misma voz cristalina con la que después cantaría su mayor éxito, Los campanilleros: “¡A los fusiles, a defender al trabajador! ¡Mueran los fascistas! ¡Dadme un fusil y guiad mis pasos hacia donde está el enemigo, yo dispararé con la satisfacción del deber cumplido!”. Era Dolores Jiménez Alcántara, La Niña de la Puebla (La Puebla de Cazalla, Sevilla, 28 de julio de 1908- , 14 de junio de 1999), tenía 30 años, estaba ciega casi desde su nacimiento y no le temblaba la voz. Cuando Franco ganó la guerra, esa misma voz, uno de los sonidos más populares de la España de la dictadura, puede que le salvara la vida. El régimen, que con tanta habilidad se apropiaba de todo lo que era masivo y comercial —el fútbol, los toros, la copla, el flamenco—, también se apropió de su éxito. “Yo no sé por qué no me mataron, porque fusilaron a gente por cosas más pequeñas”, diría ella misma, con esa mezcla de lucidez y asombro de quien ha mirado de frente al peligro y ha salido viva sin terminar de entender cómo.
Cómo una mujer ciega, republicana y adelantada a su tiempo atravesó el siglo XX cantando, y cómo su nieta y una directora andaluza la devuelven ahora a la luz EL PAÍS
