Médicos agotados

Es sábado y son las 6 de la mañana y con el corazón roto escribo esta carta. Mi hija es MIR de cuarto año (R4) médico de familia y está de guardia en un hospital de Zaragoza. Entró a trabajar el viernes a las 8 de la mañana y acabo de preguntarle cómo va. Me ha contestado que esto no está pagado con dinero. Lleva 22 horas seguidas trabajando. En tres semanas no ha tenido dos días de fiesta seguidos, y no quiero ni contar las horas trabajadas a la semana. Cada vez que vuelve mi hija de una guardia, se me rompe el corazón de ver en las condiciones que llega. Le encanta su trabajo, desde pequeña ha querido ser médica, pero estas guardias interminables hacen que poco a poco vaya perdiendo ese amor a su trabajo. Estas jornadas maratonianas no son ni físicas ni psicológicamente saludables. Nuestros seres queridos están en manos de mentes agotadas. En pleno siglo XXI, donde se mira con lupa en las empresas la jornada laboral, ¿Cómo está permitido? Aún recuerdo la inmensa felicidad que sentí cuando mi hija aprobó el MIR. Qué ciega estaba. En las redes sociales veo que la mayoría de la gente los apoya, pero la respuesta desde el ministerio de Sanidad es inexistente. ¿Querríais esto para vuestros hijos? Yo, como madre, no.

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 Es sábado y son las 6 de la mañana y con el corazón roto escribo esta carta. Mi hija es MIR de cuarto año (R4) médico de familia y está de guardia en un hospital de Zaragoza. Entró a trabajar el viernes a las 8 de la mañana y acabo de preguntarle cómo va. Me ha contestado que esto no está pagado con dinero. Lleva 22 horas seguidas trabajando. En tres semanas no ha tenido dos días de fiesta seguidos, y no quiero ni contar las horas trabajadas a la semana. Cada vez que vuelve mi hija de una guardia, se me rompe el corazón de ver en las condiciones que llega. Le encanta su trabajo, desde pequeña ha querido ser médica, pero estas guardias interminables hacen que poco a poco vaya perdiendo ese amor a su trabajo. Estas jornadas maratonianas no son ni físicas ni psicológicamente saludables. Nuestros seres queridos están en manos de mentes agotadas. En pleno siglo XXI, donde se mira con lupa en las empresas la jornada laboral, ¿Cómo está permitido? Aún recuerdo la inmensa felicidad que sentí cuando mi hija aprobó el MIR. Qué ciega estaba. En las redes sociales veo que la mayoría de la gente los apoya, pero la respuesta desde el ministerio de Sanidad es inexistente. ¿Querríais esto para vuestros hijos? Yo, como madre, no. Seguir leyendo  

Cartas al director

Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Las lectores y los lectores escriben de los turnos de los médicos internos residentes, la endogamia en la Justicia, la Feria del Libro y el Rayo Vallecano y su manera de entender el fútbol

Médicos internos residentes (MIR) en huelga en Valencia en 2023.EFE

Es sábado y son las 6 de la mañana y con el corazón roto escribo esta carta. Mi hija es MIR de cuarto año (R4) médico de familia y está de guardia en un hospital de Zaragoza. Entró a trabajar el viernes a las 8 de la mañana y acabo de preguntarle cómo va. Me ha contestado que esto no está pagado con dinero. Lleva 22 horas seguidas trabajando. En tres semanas no ha tenido dos días de fiesta seguidos, y no quiero ni contar las horas trabajadas a la semana. Cada vez que vuelve mi hija de una guardia, se me rompe el corazón de ver en las condiciones que llega. Le encanta su trabajo, desde pequeña ha querido ser médica, pero estas guardias interminables hacen que poco a poco vaya perdiendo ese amor a su trabajo. Estas jornadas maratonianas no son ni físicas ni psicológicamente saludables. Nuestros seres queridos están en manos de mentes agotadas. En pleno siglo XXI, donde se mira con lupa en las empresas la jornada laboral, ¿Cómo está permitido? Aún recuerdo la inmensa felicidad que sentí cuando mi hija aprobó el MIR. Qué ciega estaba. En las redes sociales veo que la mayoría de la gente los apoya, pero la respuesta desde el ministerio de Sanidad es inexistente. ¿Querríais esto para vuestros hijos? Yo, como madre, no.

Presen Puyal Artieda. Zaragoza

Corregir la endogamia en la Justicia

Sabemos que la endogamia produce, entre aquellos colectivos que hacen uso de ella, deformidades severas e irreversibles. Es una práctica que debemos rechazar, propiciando otros métodos de selección más abiertos, justos y sobre todo equitativos. El Poder judicial va a cubrir una serie de puestos vacantes por jubilación en dos salas del Supremo y veo, leyendo EL PAÍS, que entre los magistrados electores existe ya una pugna abierta para ver a quiénes eligen, y en función de afinidades que nada tienen que ver con la función de impartir justicia. En esta lid las magistradas, que representan a seis de cada diez miembros de la judicatura, cuentan con muy poco o ningún peso. Los magistrados electores, sigo leyendo el periódico, indican que “no impedirían elegir a magistrados progresistas, a no asociados, incluso a mujeres”. Las mujeres, las últimas. El Poder judicial debería salir del bucle en el que se encuentra para ser más representativo, empezando por el género. Una opción que se podría explorar para revertir esta injusticia sería la del sorteo: todas las magistradas y magistrados conformarían el censo, del que saldrían por un sorteo los nuevos cargos, por un tiempo limitado y sin posibilidad de renovación.

Joan V. Llàcer Mont. Algemesí (Valencia)

La Feria del Libro y el cambio climático.

Ya es hora de que los organizadores de la feria del libro de Madrid se percaten de la indirecta que nos envía el cambio climático: ¡Cambien las fechas! Por amor a los lectores y escritores. Los libros permiten transitar desiertos de ignorancia pero no es preciso llevar esa analogía al extremo. Octubre y noviembre serían una buena opción de cambio. Este año reniego mucho del calor. Pero en Madrid parece que lo regalan. Hay calorón a ritmo de Bad Bunny y de salmodia católica para quien le guste. Yo, mientras, recito y canto las leyes de la termodinámica que alientan el aire acondicionado.

Estefania Chereguini Cabezas. Madrid

Otra manera

Soy un vecino de Vallecas que no ve la Liga pero el miércoles no pude evitar contagiarme de la ilusión compartida por el equipo de uno de los pocos barrios de Madrid que todavía conservan su esencia. No todo son fichajes millonarios, líos de vestuarios ni grandes estadios hechos para dar grandes beneficios. El Rayo vertebra a un gran distrito de la ciudad a menudo olvidado por un ayuntamiento que no mira mucho hacia el sureste: basta con ver el estado del campo de Portazgo, una feria del libro del distrito apenas promocionada o los nuevos barrios del Ensanche escasos de mantenimiento, zonas verdes y servicios públicos. Ojalá logros como este sirvan para que Madrid deje de mirar solo hacia el centro y escuche más a sus periferias, donde también ocurren cosas que, aunque no den tanto dinero, sí despiertan el sentimiento de pertenencia a una ciudad que se niega a explotarse a sí misma.

Rubén Sánchez López. Madrid

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