El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha vuelto a demostrar que ante su estrategia política personal carecen de cualquier valor el sufrimiento humano, la estabilidad regional o hasta el derecho a vivir en paz de su propio país. Solo desde esta perspectiva se explica el rechazo tajante y altanero emitido el domingo por el líder del Gobierno extremista de Israel hacia el plan de paz para la Franja de Gaza propuesto, no por ningún gobierno extranjero o institución internacional a los que demoniza y desprecia, sino por el organismo creado por su amigo y aliado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Los planes de EE UU han chocado finalmente con el muro de la intransigencia de Netanyahu.
Netanyahu rechaza el plan para Gaza propuesto por Washington y deja en evidencia su interés en el bloqueo de la situación
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional
Netanyahu rechaza el plan para Gaza propuesto por Washington y deja en evidencia su interés en el bloqueo de la situación


El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha vuelto a demostrar que ante su estrategia política personal carecen de cualquier valor el sufrimiento humano, la estabilidad regional o hasta el derecho a vivir en paz de su propio país. Solo desde esta perspectiva se explica el rechazo tajante y altanero emitido el domingo por el líder del Gobierno extremista de Israel hacia el plan de paz para la Franja de Gaza propuesto, no por ningún gobierno extranjero o institución internacional a los que demoniza y desprecia, sino por el organismo creado por su amigo y aliado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Los planes de EE UU han chocado finalmente con el muro de la intransigencia de Netanyahu.
Israel celebrará elecciones el próximo 27 de octubre y Netanyahu, que lidera el Gobierno más nacionalista y extremista de la historia del país, no está dispuesto a ceder ni un milímetro en lo que pueda ser interpretado como una concesión hacia los palestinos por los votantes de su formación, el Likud, o por sus socios de Gobierno, entre los que figuran destacados dirigentes racistas.
Ciertamente los 15 puntos presentados por la denominada Junta de Paz —una organización privada creada por Trump para ningunear el papel de Naciones Unidas como mediador en el conflicto y de la que forma parte el mismo Israel— no aspiran en lo concreto a mucho más que el cese de las muertes en el territorio palestino y a un progresivo desarme de Hamás y una retirada parcial israelí. Pero incluso esto le parece demasiado al dirigente que, a raíz del brutal ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 desencadenó una feroz represalia militar que ha costado la vida a más de 73.000 civiles inocentes palestinos, causado 170.000 heridos, destruido el 80% de las viviendas de la Franja y confinado a sus dos millones de habitantes a vivir hacinados en condiciones infrahumanas. El nefasto balance no se ha detenido con la aceptación de un alto el fuego en enero del año pasado. Desde entonces, el Ejército israelí ha matado a 1.200 palestinos y frenado las labores de una reconstrucción que puede durar décadas. Netanyahu se ha convertido en un paria internacional y arrastra el oprobio de una orden de detención por crímenes de guerra emitida por La Haya.
Como es su costumbre, para no cumplir los compromisos alcanzados, Netanyahu ha cambiado las reglas del juego. Exige ahora que primero se desarme a la organización islamista Hamás y después se inicie una retirada del Ejército israelí, que controla totalmente más del 60% de Gaza. En los últimos meses, ajeno a cualquier perspectiva de paz, su Ejército está rehaciendo el sistema de comunicaciones y división del territorio de la Franja bajo su control en lo que es la prueba evidente de que no planea ninguna retirada. La estrategia de Netanyahu está clara: necesita la guerra y pretende sembrar dudas sobre el proceso de paz hasta convertirlo en infinito.
Para Netanyahu, la paz en Gaza es un obstáculo que le puede apartar del poder. Ninguno de los objetivos por los cuales inició la guerra –destrucción de Hamás, liberación con vida de los rehenes israelíes y un futuro de paz para la Franja e Israel- se ha cumplido. Sus reiteradas promesas de victoria ante Irán han caído en saco roto y sobre él pende el juicio por soborno, fraude y abuso de confianza —el presidente de Israel le ha negado el perdón— y del que solo le protege el cargo de primer ministro. Mientras Netanyahu prosigue con sus cálculos de huida hacia delante, millones de inocentes pagan las consecuencias.
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