
Las sobrecogedoras imágenes y las primeras estimaciones de la destrucción provocada por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia deben provocar la inmediata e incondicional solidaridad de la comunidad internacional. Las crecientes cifras de muertos, que en pocas horas superaban los dos centenares, son apenas el inicio de la difícil contabilidad de la tragedia. El número de desaparecidos sigue siendo indeterminado y la ruina de cientos de edificaciones hará la vida muy difícil a millones de colombianos durante mucho tiempo.
El país necesita solidaridad internacional y cohesión interna ante el desafío del brutal terremoto de Cali
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional
El país necesita solidaridad internacional y cohesión interna ante el desafío del brutal terremoto de Cali
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Las sobrecogedoras imágenes y las primeras estimaciones de la destrucción provocada por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia deben provocar la inmediata e incondicional solidaridad de la comunidad internacional. Las crecientes cifras de muertos, que en pocas horas superaban los dos centenares, son apenas el inicio de la difícil contabilidad de la tragedia. El número de desaparecidos sigue siendo indeterminado y la ruina de cientos de edificaciones hará la vida muy difícil a millones de colombianos durante mucho tiempo.
Colombia afronta días muy duros. Todo el país está volcado en buscar supervivientes y merece contar con todos los medios disponibles, estatales o ciudadanos, nacionales o internacionales. La ONU y varios países han comprometido ya la ayuda. Las autoridades han llamado a la paciencia y la calma en estas horas cruciales. Es necesaria una reacción pronta y coordinada de todas las administraciones.
Es un enorme reto para un país que acaba de superar un ciclo electoral fuertemente polarizado. El nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, tomó posesión del cargo apenas el pasado viernes. El nuevo Ejecutivo estaba en pleno proceso de sustitución de los cargos designados por el anterior gobierno de izquierdas con el que ha mantenido un agrio enfrentamiento. En una crisis de país, que no es culpa de nadie, es la hora de la gran política de Estado sin etiquetas ideológicas.
Sirva como ejemplo de los riesgos la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. En el momento del terremoto, ejercía aún el director designado por el presidente Gustavo Petro, mientras que el nuevo, anunciado semanas atrás por De la Espriella, no había asumido el cargo: no existía decreto de nombramiento ni acto de posesión. A eso se suma que no hubo coordinación entre el gobierno saliente y el entrante para la entrega de la entidad, por las diferencias entre ambos.
De Bogotá se espera un liderazgo claro y que una al país en esta dura tarea, pero son los gobiernos locales los que van a cargar con el grueso de la emergencia en los primeros días. Una buena coordinación con las organizaciones sociales y humanitarias será fundamental para que la ayuda sea lo más amplia, ágil y completa posible. Los equipos sobre el terreno necesitan el máximo apoyo: en las primeras horas de la tragedia, su tarea se medirá en vidas salvadas.
El precedente más cercano y doloroso está en la vecina Venezuela, sacudida apenas hace mes y medio por el doblete sísmico del 24 de junio, que dejó más de 5.000 muertos entre Caracas y La Guaira. Pese a las tensas relaciones diplomáticas del chavismo con la comunidad internacional, la ayuda humanitaria llegó desde decenas de países, incluidos varios a los que Caracas era hostil. Si la solidaridad internacional pudo sobreponerse a esas fracturas para socorrer a los venezolanos, no hay razón para que la solidaridad interna de Colombia se quede corta por las diferencias, mucho menos profundas, entre un gobierno que se va y uno que apenas comienza.
Esta es una prueba de fortaleza para las instituciones de Colombia que marcará una época. También es una prueba de liderazgo para el Gobierno que acaba de arrancar. Todos los recursos del Estado deben dedicarse a la recuperación de ciudades como Cali, Pereira y Manizales, o de departamentos enteros como el Chocó. No hay tiempo que perder, ni espacio para la desconfianza política.
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