El dinero no entiende de apellidos ni de escudos familiares. Los castillos de la aristocracia británica ya no son solo monumentos históricos, sino el escondite perfecto para plantaciones ilegales de marihuana que crecen bajo tierra. El pasado jueves 3 de septiembre, Netflix estrenó a nivel global la segunda temporada de «The Gentlemen: La serie», una producción de ocho capítulos que mezcla el lujo de la alta sociedad con la violencia de las bandas de forma muy entretenida.
Ha pasado un año desde el final de la primera entrega. Eddie Horniman, el duque de Halstead interpretado por Theo James, ya no es el militar que quería salvar a su familia del crimen. Ahora se mueve en el negocio de la droga con total naturalidad y viste trajes caros mientras su mentalidad cambia por completo. El conflicto estalla cuando la red de invernaderos de marihuana se expande por fincas de toda Europa y choca de frente con la mafia italiana. Además, el viejo capo Bobby Glass, encarnado por Ray Winstone, empieza a dar órdenes extrañas desde su sauna de lujo porque dice ver espíritus, obligando a Eddie y a su socia Susie a plantearse si deben quitarle el mando o arriesgarse a perder el control del negocio.
La clave de la serie es la química entre Theo James y Kaya Scodelario. James interpreta al duque con una seriedad fría, mostrando a un noble ambicioso que pierde los escrúpulos para mantener la riqueza de sus tierras. Scodelario destaca como Susie Glass, una mujer inteligente y dura que controla el negocio de la calle. El reparto se completó con el regreso del alocado hermano Freddy y el gran trabajo de Vinnie Jones como el guardabosques fiel, que se convierte en el personaje más valioso de toda la función por su carisma.
La dirección mantiene un ritmo rápido y un estilo visual muy marcado, lleno de humor negro y críticas a la hipocresía de los ricos, encantados de ganar dinero con el crimen siempre que no se ensucie su reputación. Las nuevas caras, como Giancarlo Esposito o Hugh Bonneville en el papel de un lord corrupto chantajeado con un cuadro de Botticelli, aportan un nivel actoral excelente. Esta fuerza compensa los momentos en que el guion da demasiadas vueltas con subtramas de relleno sobre cárteles peruanos y huelgas de trabajadores que alargan la historia sin necesidad.
Aunque a veces la serie abusa de clichés y giros predecibles que restan frescura al humor original, la calidad técnica es impecable. El montaje es ágil y destaca una gran emboscada llena de tensión en el penúltimo capítulo. Es una propuesta muy adictiva que demuestra que cuando hay millones de por medio, un lord y un gánster se parecen demasiado. El ambiente de las mansiones inglesas contrasta de forma genial con las reuniones en los barrios bajos, creando situaciones absurdas que funcionan muy bien en la pantalla sin necesidad de caer en la exigencia dramática. El espectador se encuentra ante un viaje criminal muy bien diseñado desde el punto de vista estético, donde los detalles de los trajes, los coches y la música construyen una atmósfera agradable y fácil de seguir para cualquier tipo de público. La relación profesional entre los dos protagonistas se mantiene firme y no cae en el romance típico de estas producciones, algo que la historia agradece bastante porque permite que los diálogos sobre dinero, traición y expansión comercial mantengan toda la fuerza necesaria en cada reunión de negocios. Al final, lo que presenciamos es una partida de ajedrez muy entretenida donde las lealtades cambian de bando rápidamente según los beneficios económicos que haya sobre la mesa de negociación. La factura técnica de cada uno de los ocho episodios demuestra que la producción cuenta con un presupuesto muy alto, cuidando la fotografía en los lagos italianos y en los campos ingleses por igual. Esta segunda temporada funciona como una transición perfecta hacia la tercera entrega que ya está asegurada en el calendario de la plataforma. La propuesta no busca cambiar la historia del cine ni ganar los premios más prestigiosos del sector audiovisual, sino ofrecer un entretenimiento directo, divertido y con la dosis justa de suspense para pasar un buen rato frente al televisor durante el fin de semana. Los diálogos son muy rápidos y directos, huyendo de largos discursos o explicaciones que rompan la agilidad.
El boicot británico frena a Meghan Markle
La confirmación anticipada de una tercera entrega de la serie ha venido acompañada de una intensa agitación mediática en el Reino Unido. La filtración sobre la incorporación de Meghan Markle al reparto para reactivar su faceta interpretativa desató un rechazo visceral en los tabloides ingleses, obligando a la plataforma a replegar velas ante la amenaza de un boicot popular. El plan inicial contemplaba oficializar el fichaje de la duquesa de Sussex en la alfombra roja de Londres junto a los protagonistas Theo James y Kaya Scodelario. Sin embargo, la hostilidad social ha congelado el movimiento, devolviendo el proyecto al terreno de la especulación
El regreso del drama criminal a Netflix propone una ácida disección del orgullo feudal británico envuelta en humor negro y humo cannábico
El dinero no entiende de apellidos ni de escudos familiares. Los castillos de la aristocracia británica ya no son solo monumentos históricos, sino el escondite perfecto para plantaciones ilegales de marihuana que crecen bajo tierra. El pasado jueves 3 de septiembre, Netflix estrenó a nivel global la segunda temporada de «The Gentlemen: La serie», una producción de ocho capítulos que mezcla el lujo de la alta sociedad con la violencia de las bandas de forma muy entretenida.
Ha pasado un año desde el final de la primera entrega. Eddie Horniman, el duque de Halstead interpretado por Theo James, ya no es el militar que quería salvar a su familia del crimen. Ahora se mueve en el negocio de la droga con total naturalidad y viste trajes caros mientras su mentalidad cambia por completo. El conflicto estalla cuando la red de invernaderos de marihuana se expande por fincas de toda Europa y choca de frente con la mafia italiana. Además, el viejo capo Bobby Glass, encarnado por Ray Winstone, empieza a dar órdenes extrañas desde su sauna de lujo porque dice ver espíritus, obligando a Eddie y a su socia Susie a plantearse si deben quitarle el mando o arriesgarse a perder el control del negocio.
La clave de la serie es la química entre Theo James y Kaya Scodelario. James interpreta al duque con una seriedad fría, mostrando a un noble ambicioso que pierde los escrúpulos para mantener la riqueza de sus tierras. Scodelario destaca como Susie Glass, una mujer inteligente y dura que controla el negocio de la calle. El reparto se completó con el regreso del alocado hermano Freddy y el gran trabajo de Vinnie Jones como el guardabosques fiel, que se convierte en el personaje más valioso de toda la función por su carisma.
La dirección mantiene un ritmo rápido y un estilo visual muy marcado, lleno de humor negro y críticas a la hipocresía de los ricos, encantados de ganar dinero con el crimen siempre que no se ensucie su reputación. Las nuevas caras, como Giancarlo Esposito o Hugh Bonneville en el papel de un lord corrupto chantajeado con un cuadro de Botticelli, aportan un nivel actoral excelente. Esta fuerza compensa los momentos en que el guion da demasiadas vueltas con subtramas de relleno sobre cárteles peruanos y huelgas de trabajadores que alargan la historia sin necesidad.
Aunque a veces la serie abusa de clichés y giros predecibles que restan frescura al humor original, la calidad técnica es impecable. El montaje es ágil y destaca una gran emboscada llena de tensión en el penúltimo capítulo. Es una propuesta muy adictiva que demuestra que cuando hay millones de por medio, un lord y un gánster se parecen demasiado. El ambiente de las mansiones inglesas contrasta de forma genial con las reuniones en los barrios bajos, creando situaciones absurdas que funcionan muy bien en la pantalla sin necesidad de caer en la exigencia dramática. El espectador se encuentra ante un viaje criminal muy bien diseñado desde el punto de vista estético, donde los detalles de los trajes, los coches y la música construyen una atmósfera agradable y fácil de seguir para cualquier tipo de público. La relación profesional entre los dos protagonistas se mantiene firme y no cae en el romance típico de estas producciones, algo que la historia agradece bastante porque permite que los diálogos sobre dinero, traición y expansión comercial mantengan toda la fuerza necesaria en cada reunión de negocios. Al final, lo que presenciamos es una partida de ajedrez muy entretenida donde las lealtades cambian de bando rápidamente según los beneficios económicos que haya sobre la mesa de negociación. La factura técnica de cada uno de los ocho episodios demuestra que la producción cuenta con un presupuesto muy alto, cuidando la fotografía en los lagos italianos y en los campos ingleses por igual. Esta segunda temporada funciona como una transición perfecta hacia la tercera entrega que ya está asegurada en el calendario de la plataforma. La propuesta no busca cambiar la historia del cine ni ganar los premios más prestigiosos del sector audiovisual, sino ofrecer un entretenimiento directo, divertido y con la dosis justa de suspense para pasar un buen rato frente al televisor durante el fin de semana. Los diálogos son muy rápidos y directos, huyendo de largos discursos o explicaciones que rompan la agilidad.
La confirmación anticipada de una tercera entrega de la serie ha venido acompañada de una intensa agitación mediática en el Reino Unido. La filtración sobre la incorporación de Meghan Markle al reparto para reactivar su faceta interpretativa desató un rechazo visceral en los tabloides ingleses, obligando a la plataforma a replegar velas ante la amenaza de un boicot popular. El plan inicial contemplaba oficializar el fichaje de la duquesa de Sussex en la alfombra roja de Londres junto a los protagonistas Theo James y Kaya Scodelario. Sin embargo, la hostilidad social ha congelado el movimiento, devolviendo el proyecto al terreno de la especulación
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