Todos en sus puestos, listos para la foto de grupo. Se palpa cierta tensión, por lo trabajoso que ha sido componer el encuadre con 13 personas ante un espejo. Y, de pronto, Francesca Thyssen-Bornemisza alza los brazos en un gesto eufórico, inesperado. Hay risas y aplausos. Los fotógrafos, Ximena y Sergio, disparan.
Todos en sus puestos, listos para la foto de grupo. Se palpa cierta tensión, por lo trabajoso que ha sido componer el encuadre con 13 personas ante un espejo. Y, de pronto, Francesca Thyssen-Bornemisza alza los brazos en un gesto eufórico, inesperado. Hay risas y aplausos. Los fotógrafos, Ximena y Sergio, disparan. Seguir leyendo
Todos en sus puestos, listos para la foto de grupo. Se palpa cierta tensión, por lo trabajoso que ha sido componer el encuadre con 13 personas ante un espejo. Y, de pronto, Francesca Thyssen-Bornemisza alza los brazos en un gesto eufórico, inesperado. Hay risas y aplausos. Los fotógrafos, Ximena y Sergio, disparan.
—¡Ahora podemos darle más movimiento! —exclama Francesca.
De eso va Catapulta, la plataforma privada y filantrópica que ella fundó en 2024 con un pequeño grupo de amigos mecenas para impulsar la internacionalización del arte contemporáneo producido en España, y que ahora reúne en esta foto a algunos de los socios que la componen y de los artistas beneficiados. Dar movimiento: conseguir que artistas, comisarios, museos y coleccionistas entren en contacto; facilitar producciones y adquisiciones; abrir puertas que, de otro modo, permanecerían cerradas. Los primeros resultados ya están aquí: la Bienal de Lyon de 2024 solo incluía una artista nacida en España, mientras que en la de este año, que se inauguró el 19 de septiembre, pocos días después de esta sesión, hay nueve seleccionados.
En apenas año y medio, Catapulta ha reunido a una veintena de miembros, ha apoyado a otros tantos artistas en exposiciones y bienales fuera del país, ha creado un archivo con más de 300 creadores y ha invitado a España a una quincena de comisarios internacionales para que conozcan sus estudios. Todo esto contribuye a generar las condiciones bajo las que un talento español que ya existe pueda circular internacionalmente.
“Porque ese talento ya está ahí: nosotros solo lo hacemos visible”, subraya Mónica Carroquino, directora de Catapulta. Carroquino conoció a Francesca Thyssen hace unos años, cuando trabajaba como subdirectora de La Casa Encendida (Madrid), otra institución privada dedicada al arte contemporáneo. Francesca había abierto su fundación TBA21 en Viena en 2002 y, dos décadas después, trasladó su sede a Madrid. En Viena fue una de las fundadoras de Phileas, organización filantrópica para internacionalizar el arte contemporáneo austriaco, y pensaba hacer algo similar en España. “Francesca me propuso formar parte del proyecto, y dije que sí porque me parecía que hacía mucha falta”, explica Carroquino. “Desde el principio me encontré con mucha energía e ilusión, y así fuimos incorporando a otra serie de personas que querían apoyar el arte contemporáneo español. Hoy son 21 miembros, y seguimos creciendo”.

Entre los primeros, el coleccionista Juan Várez, quien profesionalmente estuvo al frente de la casa de subastas Christie’s en España. “Francesca habló del proyecto muy al principio, y de inmediato le dije que quería participar”, recuerda. “Porque responde a una necesidad que yo ya veía cuando, por mi trabajo, visitaba colecciones internacionales y rara vez veía en ellas algún artista español. Cuando esos coleccionistas me preguntaban sobre nombres españoles, yo les contestaba con una pregunta: ¿a cuáles conoces tú? Clarísimamente, el desconocimiento era enorme”.
Parece que España está de moda en el mundo, si nos fijamos en el deporte, la música pop o el audiovisual. Pero, a pesar de nuestra rica tradición artística, de momento no se ha conseguido lo mismo con el arte contemporáneo. Son muy pocos los artistas que obtienen una presencia recurrente en las programaciones de bienales, grandes museos y centros de arte globales. En la Bienal de Venecia (cuya última edición finaliza en noviembre), el principal evento no comercial de arte contemporáneo en el mundo, España participa como cada año con su propio pabellón, pero esta vez el único artista español seleccionado entre los 110 de la exposición principal es el histórico Alejandro Obregón, que pasó la mayor parte de su vida en Colombia.
De nuevo, Francesca (que ha anunciado recientemente la donación o préstamo a largo plazo de 360 obras para la ampliación del museo que lleva el nombre de su familia) lo tiene claro: “Ante todo, no es una cuestión de calidad”. Recuerda que, cuando TBA21 abrió su sede en Madrid, ella misma empezó a descubrir un arte actual español que le sorprendió por su vitalidad. Y se enfrentó a casos como el de la escultora Teresa Solar, que había sido invitada a participar en la Bienal de Venecia de 2022, una oportunidad capaz de cambiar una carrera, pero tenía muy poco tiempo para conseguir la financiación necesaria para producir su obra. No había margen para acudir a las ayudas públicas, así que TBA21 sufragó el proyecto, y Solar pudo participar. Ese fue el germen de Catapulta.
La plataforma se sostiene económicamente por las aportaciones de sus miembros, con las que financia los viajes de investigación a España de comisarios internacionales, la producción de obras o el Archivo Catapulta, un gran repositorio con fichas de artistas de distintas partes de la geografía española para que comisarios y otros grandes decisores internacionales puedan consultarlas. Catherine Nichols, comisaria de la Bienal de Lyon, fue la primera invitada por Catapulta. En junio de 2025 recorrió estudios, galerías e instituciones, y se reunió con varios artistas, nueve de los cuales han terminado entrando en su selección de este año. Entre ellos están June Crespo y Karlos Gil. “Durante décadas hemos estado quejándonos de las dificultades para la internacionalización del arte español”, afirma Gil. “Instituciones como Acción Cultural Española han hecho un trabajo espectacular durante los últimos años, pero Catapulta es el complemento definitivo para poner a la escena artística española donde se merece”.

En efecto, hay varias instituciones públicas que dedican esfuerzos y fondos a estas tareas: AECID, el Instituto Cervantes, la Dirección General del Español en el Mundo (dependientes del Ministerio de Exteriores), el Ministerio de Cultura y sus organismos públicos adscritos, el gabinete de la Presidencia del Gobierno (departamento de Asuntos Culturales), el ICEX (Ministerio de Economía, Comercio y Empresa) o Acción Cultural Española (AC/E, dependiente del Ministerio de Hacienda). El PICE (Programa para la Internacionalización de la Cultura Española) es la línea estratégica de AC/E diseñada para apoyar la presencia del sector creativo español en el exterior. Y este año se ha presentado el Plan Nacional de Acción Cultural en el Exterior (PNACE) 2026-2028, el marco de colaboración entre instituciones públicas para coordinar la proyección internacional de la cultura española.
Mónica Carroquino apunta que Catapulta ya está colaborando con varios de esos organismos: “Complementamos el trabajo que ellos ya realizan aportando una mayor agilidad, porque un sistema basado en ayudas públicas requiere mucha burocracia y plazos muy largos. Con AC/E, por ejemplo, hemos colaborado en la mayoría de las bienales internacionales. Se trata de sumar fuerzas y de llegar más lejos juntos”. En esto coincide José Andrés Torres Mora, presidente de AC/E, que incide en la importancia de la labor conjunta en unas declaraciones enviadas por correo electrónico: “No hay oposición entre ambas vertientes, la pública y la privada. Ambas son necesarias. Lo importante es que esa presencia exterior no sea episódica: debe crear conocimiento, relaciones y oportunidades duraderas para nuestros artistas y para la cultura española”.
La estabilidad es un elemento fundamental en un proyecto de estas características. Otro de los mecenas, el donostiarra Gabriel Calparsoro, considera “muy ilusionante” lo que ha sucedido ahora con Lyon, pero incide en que el proyecto debe ser sostenible a largo plazo: “Me gustaría ver a los creadores españoles cada vez más integrados en el ecosistema internacional. Los filántropos deberíamos ser más numerosos, pero también se necesita más compromiso público para levantar el ecosistema del arte contemporáneo en España. Y quisiera insistir en la necesidad de un IVA reducido para la adquisición de obras de arte”. Al contrario que países como Francia, Italia, Portugal o Alemania, España grava las compraventas artísticas con una tasa no reducida de IVA, mientras que otras actividades culturales como conciertos, teatro o cine sí se benefician de reducciones. Para Eulogio Sánchez, también mecenas, hay otra tarea pendiente, que consiste en dar más difusión entre la sociedad española al arte de sus creadores actuales: “No se puede dar a conocer el arte contemporáneo español fuera si no se conoce y se aprecia en profundidad dentro”.

Además, al contrario que en otros países de Europa donde el coleccionismo cuenta con más arraigo, en España se percibe como una actividad reservada exclusivamente a millonarios. Pero la artista Hodei Herreros cree que, poco a poco, esto empieza a cambiar: “Cada vez surgen más pequeños coleccionistas de clase media que se animan a apoyar el arte contemporáneo, lo que empieza a romper esa vieja idea, y eso se nota en cómo las galerías cada vez están fichando a más artistas jóvenes”. Catapulta también busca atraer el apoyo de este segmento, como explica Carroquino: “Tenemos un tipo de membresía para jóvenes menores de 35 años, y acabamos de lanzar una modalidad de supporter, con una cuota mucho más baja, para que personas que quieran apoyar el proyecto puedan hacerlo sin formar parte del programa completo”.
En los últimos tiempos, el papel del coleccionismo ha cambiado de forma radical. Antes se entendía como un ejercicio casi compulsivo de acumulación de obras a modo de trofeos, a veces acompañado de un apoyo económico más o menos estable a los artistas. Pero ahora el mecenazgo adopta formas más complejas y concienciadas. Esther Merinero, la artista en cuyo estudio del barrio madrileño de Usera tiene lugar la sesión de fotos, lo resume del siguiente modo: “Se trata de revertir la idea de que coleccionar consiste simplemente en adquirir una obra, para entenderlo también como una forma de apoyar una trayectoria. En eso, tanto el coleccionista privado como el público tendrían que arriesgar un poco más”. En la misma línea se expresa el escultor Christian Lagata: “Se echa en falta que el coleccionismo privado vaya un poco más allá de la compra de una obra para implicarse en el desarrollo de los artistas: apoyar una exposición, una residencia o una publicación”.
Después de Lyon, Catapulta seguirá recogiendo frutos en las próximas grandes bienales: en la de Toronto, Regina de Miguel está invitada con una pieza audiovisual de nueva producción; la Bienal Contour (Bélgica) tiene a June Crespo en su programa; desde enero, Agnes Essonti Luque formará parte de la de Sharjah, lo que corta una racha de 12 años sin representación española; Tania Safura Adam estará en la de Dakar; y acaba de saberse que Mateo Maté presentará una gran instalación pictórica en la de Berlín. También hay conversaciones avanzadas para incluir nombres españoles en la de Sao Paulo. Mientras, se ultiman los detalles para el premio de adquisición del próximo ARCO. “Estamos, creo, en el mismísimo comienzo de algo, y eso me resulta enormemente esperanzador”, concluye Francesca Thyssen-Bornemisza.

El próximo reto es la Bienal de Venecia de 2028, cuyo equipo curatorial aún no se ha anunciado. “Pese a las polémicas, Venecia sigue siendo el gran encuentro del arte contemporáneo internacional, y buscamos conseguir mayor presencia en su exposición principal”, anuncia Carroquino. Y concluye: “Queremos ser un facilitador para mostrar al mundo la calidad de nuestras y nuestros artistas. Y tenemos toda la energía puesta en ello”.
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