De clásico del anime a desastre en imagen real: ‘Death Note’ cumple 20 años

Este sábado se cumplen 20 años del estreno televisivo de ‘Death Note’, uno de los animes más reconocibles de los años 2000 y una de esas series que consiguieron saltar rápidamente del público especializado al fenómeno internacional.

La adaptación de Madhouse comenzó a emitirse en Japón el 3 de octubre de 2006 y terminó en junio de 2007 después de 37 episodios. Para entonces, el manga original de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata ya acumulaba más de 25 millones de ejemplares en circulación.

La premisa ayudaba. Light Yagami, un estudiante brillante y convencido de estar por encima de casi todo el mundo que le rodea, encuentra un cuaderno perteneciente a un shinigami llamado Ryuk. Basta escribir en él el nombre de una persona conociendo su rostro para provocar su muerte.

Light decide utilizarlo para eliminar criminales y construir un mundo en el que él determine quién merece seguir vivo. Las muertes llaman pronto la atención de la policía y, sobre todo, de L, un detective cuya verdadera identidad permanece oculta.

A partir de ahí, ‘Death Note’ deja rápidamente de ser una simple historia sobre un cuaderno sobrenatural y se convierte en un duelo entre dos personajes que intentan descubrir y anticipar cada movimiento del otro. Light necesita conocer el nombre de L para matarlo; L necesita demostrar que Light es el asesino conocido como Kira.

Buena parte del éxito de la serie estuvo precisamente ahí. Frente a otros grandes animes de la época basados en combates y largas aventuras, ‘Death Note’ podía pasar capítulos enteros alrededor de conversaciones, sospechas y estrategias. Su gran enfrentamiento no era físico, sino intelectual.

También había una idea bastante fácil de trasladar a cualquier cultura: qué sucede cuando alguien recibe un poder prácticamente ilimitado y decide utilizarlo en nombre de la justicia.

Light comienza justificando sus asesinatos como una forma de limpiar el mundo de criminales, pero la serie va mostrando cómo esa misión termina mezclándose con su ego, su necesidad de controlar a quienes le rodean y su convencimiento de que nadie tiene derecho a juzgarlo a él.

La serie dirigida por Tetsurō Araki, que años después se pondría también al frente de ‘Ataque a los titanes’, convirtió además en iconos a personajes como L, Misa Amane y el propio Ryuk. El cuaderno negro, las manzanas del shinigami o la particular forma de sentarse de L terminaron formando parte de la cultura popular asociada al anime.

Y después estaba internet.

‘Death Note’ apareció justo en un momento en el que el consumo internacional de anime comenzaba a desligarse de las cadenas de televisión. Una nueva generación encontraba capítulos, escenas y mangas directamente en la red, lo que permitió que títulos japoneses pudieran convertirse en fenómenos internacionales prácticamente al mismo tiempo que se emitían.

Dos décadas después, la serie sigue disponible en España. Sus 37 episodios pueden verse actualmente en Netflix y Crunchyroll, además del canal de Crunchyroll disponible a través de Amazon.

El problema llegó cuando Hollywood quiso adaptarla

Que ‘Death Note’ terminase llegando a la imagen real era prácticamente inevitable.

Japón ya lo había hecho en 2006 con una película dirigida por Shusuke Kaneko y protagonizada por Tatsuya Fujiwara como Light. Aquella versión y su continuación mantuvieron buena parte de los elementos originales y terminaron generando su propia saga cinematográfica. La primera puede verse actualmente en España en Prime Video.

Pero la adaptación que terminó haciéndose famosa fuera de Japón por motivos muy diferentes fue la de Netflix en 2017.

Adam Wingard dirigió una versión estadounidense protagonizada por Nat Wolff, LaKeith Stanfield y Margaret Qualley, con Willem Dafoe como la voz de Ryuk. La acción se trasladó a Seattle y Light Yagami pasó a convertirse en Light Turner.

Cambiar el escenario no tenía por qué ser necesariamente el problema. El verdadero inconveniente fue que también cambiaron buena parte de los personajes y de aquello que había convertido la historia original en un fenómeno.

El Light de Netflix era bastante menos calculador que el original. L se alejaba igualmente de su versión del manga y Mia, el equivalente de Misa, adquiría una personalidad y un papel completamente diferentes.

Sobre todo, una historia que había utilizado 37 episodios para desarrollar el enfrentamiento entre Light y L quedó comprimida en una película de 101 minutos.

El resultado se acercaba más al terror adolescente y al ‘thriller’ violento que al juego psicológico que había definido el anime.

La recepción fue contundente. La película mantiene actualmente un 36% de críticas positivas en Rotten Tomatoes y un 23% entre el público, unas cifras muy alejadas de la consideración que mantiene la obra original.

Ni siquiera Willem Dafoe como Ryuk, probablemente el elemento de la adaptación que recibió menos críticas, pudo evitar que la película quedase convertida en uno de los ejemplos más recordados de los problemas de Hollywood a la hora de adaptar anime.

Netflix, por su parte, no la ha escondido. La película sigue formando parte actualmente de su catálogo en España.

La comparación resulta especialmente sencilla veinte años después. Por un lado están 37 episodios que siguen funcionando como puerta de entrada al anime para nuevos espectadores. Por otro, una película que intentó condensarlos, occidentalizarlos y convertirlos en otra cosa en menos de dos horas.

‘Death Note’ sobrevivió sin demasiados problemas.

La adaptación de Netflix, bastante menos.

 Con solo 37 episodios, ‘Death Note’ marcó a toda una generación y construyó un fenómeno que Hollywood trató de condensar en una película de 101 minutos  

Este sábado se cumplen 20 años del estreno televisivo de ‘Death Note’, uno de los animes más reconocibles de los años 2000 y una de esas series que consiguieron saltar rápidamente del público especializado al fenómeno internacional.

La adaptación de Madhouse comenzó a emitirse en Japón el 3 de octubre de 2006 y terminó en junio de 2007 después de 37 episodios. Para entonces, el manga original de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata ya acumulaba más de 25 millones de ejemplares en circulación.

La premisa ayudaba. Light Yagami, un estudiante brillante y convencido de estar por encima de casi todo el mundo que le rodea, encuentra un cuaderno perteneciente a un shinigami llamado Ryuk. Basta escribir en él el nombre de una persona conociendo su rostro para provocar su muerte.

Light decide utilizarlo para eliminar criminales y construir un mundo en el que él determine quién merece seguir vivo. Las muertes llaman pronto la atención de la policía y, sobre todo, de L, un detective cuya verdadera identidad permanece oculta.

A partir de ahí, ‘Death Note’ deja rápidamente de ser una simple historia sobre un cuaderno sobrenatural y se convierte en un duelo entre dos personajes que intentan descubrir y anticipar cada movimiento del otro. Light necesita conocer el nombre de L para matarlo; L necesita demostrar que Light es el asesino conocido como Kira.

Buena parte del éxito de la serie estuvo precisamente ahí. Frente a otros grandes animes de la época basados en combates y largas aventuras, ‘Death Note’ podía pasar capítulos enteros alrededor de conversaciones, sospechas y estrategias. Su gran enfrentamiento no era físico, sino intelectual.

También había una idea bastante fácil de trasladar a cualquier cultura: qué sucede cuando alguien recibe un poder prácticamente ilimitado y decide utilizarlo en nombre de la justicia.

Light comienza justificando sus asesinatos como una forma de limpiar el mundo de criminales, pero la serie va mostrando cómo esa misión termina mezclándose con su ego, su necesidad de controlar a quienes le rodean y su convencimiento de que nadie tiene derecho a juzgarlo a él.

La serie dirigida por Tetsurō Araki, que años después se pondría también al frente de ‘Ataque a los titanes’, convirtió además en iconos a personajes como L, Misa Amane y el propio Ryuk. El cuaderno negro, las manzanas del shinigami o la particular forma de sentarse de L terminaron formando parte de la cultura popular asociada al anime.

Y después estaba internet.

‘Death Note’ apareció justo en un momento en el que el consumo internacional de anime comenzaba a desligarse de las cadenas de televisión. Una nueva generación encontraba capítulos, escenas y mangas directamente en la red, lo que permitió que títulos japoneses pudieran convertirse en fenómenos internacionales prácticamente al mismo tiempo que se emitían.

Dos décadas después, la serie sigue disponible en España. Sus 37 episodios pueden verse actualmente en Netflix y Crunchyroll, además del canal de Crunchyroll disponible a través de Amazon.

El problema llegó cuando Hollywood quiso adaptarla

Que ‘Death Note’ terminase llegando a la imagen real era prácticamente inevitable.

Japón ya lo había hecho en 2006 con una película dirigida por Shusuke Kaneko y protagonizada por Tatsuya Fujiwara como Light. Aquella versión y su continuación mantuvieron buena parte de los elementos originales y terminaron generando su propia saga cinematográfica. La primera puede verse actualmente en España en Prime Video.

Pero la adaptación que terminó haciéndose famosa fuera de Japón por motivos muy diferentes fue la de Netflix en 2017.

Adam Wingard dirigió una versión estadounidense protagonizada por Nat Wolff, LaKeith Stanfield y Margaret Qualley, con Willem Dafoe como la voz de Ryuk. La acción se trasladó a Seattle y Light Yagami pasó a convertirse en Light Turner.

Cambiar el escenario no tenía por qué ser necesariamente el problema. El verdadero inconveniente fue que también cambiaron buena parte de los personajes y de aquello que había convertido la historia original en un fenómeno.

El Light de Netflix era bastante menos calculador que el original. L se alejaba igualmente de su versión del manga y Mia, el equivalente de Misa, adquiría una personalidad y un papel completamente diferentes.

Sobre todo, una historia que había utilizado 37 episodios para desarrollar el enfrentamiento entre Light y L quedó comprimida en una película de 101 minutos.

El resultado se acercaba más al terror adolescente y al ‘thriller’ violento que al juego psicológico que había definido el anime.

La recepción fue contundente. La película mantiene actualmente un 36% de críticas positivas en Rotten Tomatoes y un 23% entre el público, unas cifras muy alejadas de la consideración que mantiene la obra original.

Ni siquiera Willem Dafoe como Ryuk, probablemente el elemento de la adaptación que recibió menos críticas, pudo evitar que la película quedase convertida en uno de los ejemplos más recordados de los problemas de Hollywood a la hora de adaptar anime.

Netflix, por su parte, no la ha escondido. La película sigue formando parte actualmente de su catálogo en España.

La comparación resulta especialmente sencilla veinte años después. Por un lado están 37 episodios que siguen funcionando como puerta de entrada al anime para nuevos espectadores. Por otro, una película que intentó condensarlos, occidentalizarlos y convertirlos en otra cosa en menos de dos horas.

‘Death Note’ sobrevivió sin demasiados problemas.

La adaptación de Netflix, bastante menos.

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