<p>En 1972, <strong>Robert Crumb</strong> (Filadelfia, 1943), el padre del cómic de autor moderno, se convirtió en el protagonista de uno de sus propios cómics, una historieta de una página titulada <i><strong>The confessions of Robert Crumb</strong></i>. Tras ella llegaron varios centenares más donde el artista hablaba de su propia vida sin filtro alguno, de sus miedos, amores, deseos, filias y fobias. Crumb, un <strong>maestro del blanco y negro</strong> que conjuga en su obra gáfica las primeras tiras cómicas de prensa con los trabajos en tinta de Durero, ha dibujado tebeos sin descanso desde su infancia hasta 2009, cuando sorprendió a propios y extraños con la publicación de su <strong>adaptación del libro bíblico del </strong><i><strong>Génesis</strong></i>. </p>
Tras más de una década, publica un nuevo cómic, en el que cuestiona la eficacia de las vacunas, la identidad, el gobierno mundial en la sombra o los efectos de las antenas de 5G
En 1972, Robert Crumb (Filadelfia, 1943), el padre del cómic de autor moderno, se convirtió en el protagonista de uno de sus propios cómics, una historieta de una página titulada The confessions of Robert Crumb. Tras ella llegaron varios centenares más donde el artista hablaba de su propia vida sin filtro alguno, de sus miedos, amores, deseos, filias y fobias. Crumb, un maestro del blanco y negro que conjuga en su obra gáfica las primeras tiras cómicas de prensa con los trabajos en tinta de Durero, ha dibujado tebeos sin descanso desde su infancia hasta 2009, cuando sorprendió a propios y extraños con la publicación de su adaptación del libro bíblico del Génesis.
Fantagraphics Comics. 36 páginas. 5,99 $
Desde entonces, sólo había realizado algunas páginas de manera esporádica: una contribución al número de homenaje a las víctimas del atentado terrorista contra los miembros de la redacción de Charlie Hebdo en 2015 y un cómic publicado como complemento de una exposición monográfica en una galería de arte parisina, en colaboración con su hija Sophie y su esposa, fallecida en 2022, Aline Kominsky Crumb (otra leyenda de los tebeos, pionera de la autobiografía). Así que la publicación de su primer trabajo en solitario tras 16 años,Tales of paranoia, se ha convertido en todo un acontecimiento. De nuevo, como en aquel primerizo cómic de una página, Crumb vuelve a su tema favorito, su propia vida. Además, su aparición coincide con la inminente llegada a las librerías españolas de su biografía, Crumb, vida de historietista (Espop Ediciones), obra del crítico de arte Dan Nadel.
A sus 82 años, Crumb se mantiene como un antisistema que duda si es un paranoico o simplemente ‘presta atención a lo que se encuentra tras el velo’
La editorial de Seattle Fantagraphics Comics, casa habitual de Crumb y que este año celebra su quincuagésimo aniversario, ha sido la encargada de publicar una obra (en España lo hará la editorial La Cúpula el 2026) que parece venida de otro tiempo. Si durante las dos últimas décadas el cómic de autor ha encontrado acomodo en un formato más amable para las librerías, con tapa dura y superando el centenar de páginas (el que utilizó el propio Crumb para su Génesis, sin ir más lejos), Tales of paranoia es un humilde cuadernillo grapado, el mismo formato que usó Crumb para sacudir los cimientos de la tradición del cómic con su seminal Zap Comix en 1967. Y su contenido se sitúa igualmente a contracorriente, con un puñado de páginas autobiográficas rotuladas a mano de un Crumb que, a sus ochenta y dos años, se mantiene como un antisistema que duda sobre la eficacia de la vacuna contra la Covid y se pregunta, citando al Mago de Oz, si es un paranoico o simplemente «presta atención a lo que se encuentra tras el velo».
Pese a que una y otra vez incide en que «no quiere convencer a nadie» y evidencia sus dudas acerca de su propia salud mental, el artista vuelca su argumentario de manera torrencial, en un batiburrillo donde caben el apoyo a Robert F. Kennedy Jr. (el controvertido Secretario de Salud de esta segunda administración Trump), la denuncia de un Estado Profundo que controla realmente el gobierno de los EE.UU. y dudar de las buenas intenciones de un viejo amigo médico cuando le recomienda que se vacune. Acostumbrado a bregar con polémicas de todo tipo a lo largo de toda su carrera, acusado de racista y misógino, las consecuencias que le puedan acarrear posicionarse abiertamente como un conspiranoico antivacunas no le quitan el sueño a un artista que se encuentra en el último tramo de su vida. Este es otro de los temas del tebeo, donde Crumb, con humor, habla con Dios un par de veces, y le pregunta sobre qué le espera al otro lado. Tal vez esté allí su esposa, a la que dedica una emotiva y tierna (todo lo tierno que puede ser Crumb) historia con aroma a despedida. En cuanto al despliegue gráfico, sorprende el control total del trazo de un dibujante de más de ochenta años. El de Filadelfia se recrea en sus habituales tramas manuales a plumilla y demuestra una vez más por qué es uno de los grandes maestros del cómic.
Precisamente esta era una de las tareas que Dan Nadel se planteó a la hora de abordar su biografía sobre el artista. Sin la obra de Crumb, tal vez no tendríamos hoy cómics como Maus o Persépolis; en todo caso, serían obras muy diferentes. Nadel ha contado con la colaboración del propio Crumb, pero no ha recibido el más mínimo escrutinio por parte del artista a la hora de realizar su trabajo. Los elementos más controvertidos de su vida son expuestos sin ningún tipo de censura, y se explora su tortuosa relación con su madre y sus hermanos (uno de ellos, Charles, terminará suicidándose).
El escritor argumenta que la aparición y posterior desarrollo artístico de Crumb es consecuencia de la tensión de la propia historia norteamericana y cómo, tras la victoria en la II Guerra Mundial y la abundancia material, se escondían los fantasmas de la segregación, la homofobia, el machismo y la exclusión social. Ahí se encuentra el germen de la aparición de la contracultura, de los beatniks, los hippies, el cine experimental, la poesía confesional y el cómic underground, del que Crumb es su principal apóstol, aunque conociera muy pronto el éxito popular gracias a tres trabajos puntuales: la adaptación cinematográfica de las aventuras de su personaje El Gato Fritz, la portada del disco Cheap Thrills de Janis Joplin y la expansión del lema Keep on’ truckin, aparecido en una de sus páginas, por todo el territorio EE.UU. en forma de camisetas y pegatinas. Nadel firma un trabajo minucioso que certifica la auténtica dimensión de la figura de Crumb en el canon artístico occidental.
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