Intimidades diseccionadas compasivamente, toxicidades que empeoran y desbarrancan, exploraciones armadas en un puzle intrigante pero transparente y una voz de narradora singularísima: tiene la distancia de estilo que identificaba a esa impactante primera novela que fue Mira a esa chica, aunque aquí hay algo más, un requiebro de libertad o una forma de la expansión donde late la ironía, una leve gasa de parodia de sí misma y sus decisiones de autora, como si sintiese la tentación de comentar lo que cuenta sin asomo de los modos del XIX narrativo —impertinente, sermoneador, ejemplarizante— pero sí con ganas de comparecer para subrayar a veces el dolor del azar, a veces el capricho de la tontería, a veces la insensatez de la conducta de personajes que amasan sus pequeñas o grandes tragedias durante unos cuantos años de cruces y descruces vitales.
Intimidades diseccionadas compasivamente, toxicidades que empeoran y desbarrancan, exploraciones armadas en un puzle intrigante pero transparente y una voz de narradora singularísima: tiene la distancia de estilo que identificaba a esa impactante primera novela que fue Mira a esa chica, aunque aquí hay algo más, un requiebro de libertad o una forma de la expansión donde late la ironía, una leve gasa de parodia de sí misma y sus decisiones de autora, como si sintiese la tentación de comentar lo que cuenta sin asomo de los modos del XIX narrativo —impertinente, sermoneador, ejemplarizante— pero sí con ganas de comparecer para subrayar a veces el dolor del azar, a veces el capricho de la tontería, a veces la insensatez de la conducta de personajes que amasan sus pequeñas o grandes tragedias durante unos cuantos años de cruces y descruces vitales. Seguir leyendo
Intimidades diseccionadas compasivamente, toxicidades que empeoran y desbarrancan, exploraciones armadas en un puzle intrigante pero transparente y una voz de narradora singularísima: tiene la distancia de estilo que identificaba a esa impactante primera novela que fue Mira a esa chica, aunque aquí hay algo más, un requiebro de libertad o una forma de la expansión donde late la ironía, una leve gasa de parodia de sí misma y sus decisiones de autora, como si sintiese la tentación de comentar lo que cuenta sin asomo de los modos del XIX narrativo —impertinente, sermoneador, ejemplarizante— pero sí con ganas de comparecer para subrayar a veces el dolor del azar, a veces el capricho de la tontería, a veces la insensatez de la conducta de personajes que amasan sus pequeñas o grandes tragedias durante unos cuantos años de cruces y descruces vitales.
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