Los memes se han convertido en el lenguaje más nítido y directo de la cultura digital: fragmentos condensados de realidad que sintetizan la complejidad del presente y circulan a la misma velocidad de una sociedad rendida a la hiperestimulación. Desde el Dancing Baby de los años noventa hasta las plantillas infinitas de X (antiguo Twitter), Instagram o TikTok, los memes han evolucionado de simples bromas efímeras a auténticos sistemas de descodificación del mundo, cápsulas semióticas que permiten procesar lo político, lo social y lo íntimo con ironía, humor y una suerte de lucidez colectiva.
Las bromas que nacen y mueren en internet se han convertido en píldoras que explican desde lo más banal hasta lo más profundo
Los memes se han convertido en el lenguaje más nítido y directo de la cultura digital: fragmentos condensados de realidad que sintetizan la complejidad del presente y circulan a la misma velocidad de una sociedad rendida a la hiperestimulación. Desde el Dancing Baby de los años noventa hasta las plantillas infinitas de X (antiguo Twitter), Instagram o TikTok, los memes han evolucionado de simples bromas efímeras a auténticos sistemas de descodificación del mundo, cápsulas semióticas que permiten procesar lo político, lo social y lo íntimo con ironía, humor y una suerte de lucidez colectiva.
EL PAÍS
