Protegida por las imponentes Dolomitas de los Alpes italianos, la localidad de Moena custodia una leyenda transmitida oralmente de generación en generación sobre un soldado turco que consiguió huir del segundo asedio de Viena en 1683, inicio del declive del Imperio Otomano en Europa, y encontrar refugio en la pequeña urbe del norte de Italia, donde logró tender puentes entre dos culturas enfrentadas y dejar un legado digno de ser trasladado a la pequeña pantalla.
Inspirada en la novela homónima de Orhan Yeniaras, que recrea esta sangrienta historia real, todavía viva en una celebración popular italiana que cumple más de 300 años, Movistar Plus+ estrena hoy los seis episodios de ‘El Turco’.
¿Su mayor atractivo? Can Yaman. La elección del actor de Suadiye (Estambul), para encarnar al protagonista, no podía haber sido más acertada por su vínculo con el ‘Bel paese’. El intérprete se dio a conocer al público del país transalpino con las producciones turcas ‘Dolunay: luna llena’ y ‘Erkenci Kus: pájaro soñador’, para después obtener sus primeros papeles en italiano de la mano de la telenovela ‘Che dio ci aiuti’ y la serie ‘Viola come il mare’, lo que le convierte en un fidedigno representante de ambas naciones.
Con una larga melena despeinada, el rostro cubierto de barro y ataviado con una rúbea dolama, prenda de los jenízaros similar a una túnica; Yaman transmite la pasión y la sed de venganza de Balaban Aga. El soldado turco busca arreglar cuentas tras ser traicionado por quien él considera su hermano, Marco (Will Kemp), y su llegada a Moena no está supeditada al destino: el pueblo está a punto de ser sometido por su nuevo señor, el mismísimo Marco.
A medida que se recupera, tras ser alcanzado por una flecha en su primer enfrentamiento contra el temido Skelettwolf, Balaban se convierte en protector de sus gentes. Es así que con la ayuda de un pequeño grupo de fieles amigos jenízaros, liderará la resistencia para enfrentarse a su peor enemigo y salvar a los que más ama.
El comienzo del primer episodio aúna una trepidante presentación del relato y de sus personajes, con los que el protagonista, al que apodan El Turco, tendrá que lidiar o establecer un vínculo emocional. Uluç Bayraktar, director de la ficción, no se anda con rodeos e imprime ese ritmo con justas dosis de acción en las escenas de lucha y momentos de quietud, reflejados en la cámara lenta del protagonista cabalgando a lomos de su caballo en la penumbra de la noche, así como en los primeros planos con grandes silencios, donde las miradas transmiten más que las palabras.
Unos recursos estilísticos que cobran mayor importancia en la elección de los colores de las vestimentas. Los antagonistas lucen trajes negros, que se oponen a las telas coloridas y puras de los considerados héroes de la narración.
La velocidad también se denota en la química entre el protagonista y Gloria (Greta Ferro), joven del peculiar pueblo italiano y considerada por sus habitantes una bruja. La mujer, una chica adelantada a su época con un carácter tenaz, es una pieza fundamental al ser quien cura al soldado bárbaro después de que este haya logrado escapar de su condena a muerte, aunque su pensamiento inicial sea el de que nunca hay que fiarse de los turcos. En su primer cara a cara, con Yaman maniatado, en una imagen que evoca a Jesucristo en la cruz, saltan chispas.
Además del amor, la serie aborda temas como el dominio despótico de la máxima autoridad o la búsqueda de libertad de los que se encuentran bajo su yugo, que poco a poco comienzan a abrir los ojos con una reflexión que retrata al poder establecido: «Querían a sus hijos para su ejército, se los entregamos… A nuestras hijas para calentar sus camas… Solo se nos protegía de ellos mismos».
Con un presupuesto de 28 millones de dólares, la producción turca ha sido rodada en Hungría y no escatima en sangre, pero se toma algunas licencias poéticas que desdibujan al personaje real, al otorgarle cualidades excesivas como el hecho de poder liberarse de las ataduras sin ayuda, en una toma que sucede fuera de cámara.
Pese a ello, ‘El Turco’ acerca un momento histórico del siglo XVII con la reconstrucción de la derrota de los jenízaros en la capital austríaca en un relato que, junto a la convincente actuación de Can Yaman, respira acción y búsqueda de identidad.
Movistar Plus+ estrena ‘El Turco’, primera serie turca grabada en inglés que ha sido vendida en más de 30 países
Protegida por las imponentes Dolomitas de los Alpes italianos, la localidad de Moena custodia una leyenda transmitida oralmente de generación en generación sobre un soldado turco que consiguió huir del segundo asedio de Viena en 1683, inicio del declive del Imperio Otomano en Europa, y encontrar refugio en la pequeña urbe del norte de Italia, donde logró tender puentes entre dos culturas enfrentadas y dejar un legado digno de ser trasladado a la pequeña pantalla.
Inspirada en la novela homónima de Orhan Yeniaras, que recrea esta sangrienta historia real, todavía viva en una celebración popular italiana que cumple más de 300 años, Movistar Plus+ estrena hoy los seis episodios de ‘El Turco’.
¿Su mayor atractivo? Can Yaman. La elección del actor de Suadiye (Estambul), para encarnar al protagonista, no podía haber sido más acertada por su vínculo con el ‘Bel paese’. El intérprete se dio a conocer al público del país transalpino con las producciones turcas ‘Dolunay: luna llena’ y ‘Erkenci Kus: pájaro soñador’, para después obtener sus primeros papeles en italiano de la mano de la telenovela ‘Che dio ci aiuti’ y la serie ‘Viola come il mare’, lo que le convierte en un fidedigno representante de ambas naciones.
Con una larga melena despeinada, el rostro cubierto de barro y ataviado con una rúbea dolama, prenda de los jenízaros similar a una túnica; Yaman transmite la pasión y la sed de venganza de Balaban Aga. El soldado turco busca arreglar cuentas tras ser traicionado por quien él considera su hermano, Marco (Will Kemp), y su llegada a Moena no está supeditada al destino: el pueblo está a punto de ser sometido por su nuevo señor, el mismísimo Marco.
A medida que se recupera, tras ser alcanzado por una flecha en su primer enfrentamiento contra el temido Skelettwolf, Balaban se convierte en protector de sus gentes. Es así que con la ayuda de un pequeño grupo de fieles amigos jenízaros, liderará la resistencia para enfrentarse a su peor enemigo y salvar a los que más ama.
El comienzo del primer episodio aúna una trepidante presentación del relato y de sus personajes, con los que el protagonista, al que apodan El Turco, tendrá que lidiar o establecer un vínculo emocional. Uluç Bayraktar, director de la ficción, no se anda con rodeos e imprime ese ritmo con justas dosis de acción en las escenas de lucha y momentos de quietud, reflejados en la cámara lenta del protagonista cabalgando a lomos de su caballo en la penumbra de la noche, así como en los primeros planos con grandes silencios, donde las miradas transmiten más que las palabras.
Unos recursos estilísticos que cobran mayor importancia en la elección de los colores de las vestimentas. Los antagonistas lucen trajes negros, que se oponen a las telas coloridas y puras de los considerados héroes de la narración.
La velocidad también se denota en la química entre el protagonista y Gloria (Greta Ferro), joven del peculiar pueblo italiano y considerada por sus habitantes una bruja. La mujer, una chica adelantada a su época con un carácter tenaz, es una pieza fundamental al ser quien cura al soldado bárbaro después de que este haya logrado escapar de su condena a muerte, aunque su pensamiento inicial sea el de que nunca hay que fiarse de los turcos. En su primer cara a cara, con Yaman maniatado, en una imagen que evoca a Jesucristo en la cruz, saltan chispas.
Además del amor, la serie aborda temas como el dominio despótico de la máxima autoridad o la búsqueda de libertad de los que se encuentran bajo su yugo, que poco a poco comienzan a abrir los ojos con una reflexión que retrata al poder establecido: «Querían a sus hijos para su ejército, se los entregamos… A nuestras hijas para calentar sus camas… Solo se nos protegía de ellos mismos».
Con un presupuesto de 28 millones de dólares, la producción turca ha sido rodada en Hungría y no escatima en sangre, pero se toma algunas licencias poéticas que desdibujan al personaje real, al otorgarle cualidades excesivas como el hecho de poder liberarse de las ataduras sin ayuda, en una toma que sucede fuera de cámara.
Pese a ello, ‘El Turco’ acerca un momento histórico del siglo XVII con la reconstrucción de la derrota de los jenízaros en la capital austríaca en un relato que, junto a la convincente actuación de Can Yaman, respira acción y búsqueda de identidad.
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