La Veronal baila (y reinventa) a Mercè Rododera

<p>Celebró su estrenó mundial el pasado agosto en la <strong>Biennale Danza di Venezia</strong>, dirigida en sus dos últimas ediciones por el británico Wayne McGregory, pionero en la innovación coreográfica, e inauguró la temporada, en septiembre, del <strong>Teatre Nacional de Catalunya</strong>, pues ambos emplazamientos son coproductores, hasta, al fin, aterrizar hoy en el Centro Danza Matadero. Es la tercera institución en aupar la última creación de <strong>Marcos Morau</strong> y su compañía <strong>La Veronal</strong>, recién premiado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y estelares en la actual escena internacional. Su versión dancística de <i>La mort i la primavera</i>, obra maestra, aunque inconclusa, de la escritora <strong>Mercè Rododera</strong> (1908-1083), se desplegará en la Nave 11 hasta el 25 de enero.</p>

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 La compañía de Marcos Morau presenta hoy su versión de la novela ‘La mort i la primavera’ en Centro Danza Matadero  

Celebró su estrenó mundial el pasado agosto en la Biennale Danza di Venezia, dirigida en sus dos últimas ediciones por el británico Wayne McGregory, pionero en la innovación coreográfica, e inauguró la temporada, en septiembre, del Teatre Nacional de Catalunya, pues ambos emplazamientos son coproductores, hasta, al fin, aterrizar hoy en el Centro Danza Matadero. Es la tercera institución en aupar la última creación de Marcos Morau y su compañía La Veronal, recién premiado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y estelares en la actual escena internacional. Su versión dancística de La mort i la primavera, obra maestra, aunque inconclusa, de la escritora Mercè Rododera (1908-1083), se desplegará en la Nave 11 hasta el 25 de enero.

En su parada madrileña, el espectáculo de gran formato toma tierra tras haber conquistado el Teatro Malibran de Venecia, como el colofón intensamente aplaudido de la bienal, y tras colgar el sold out en la docena de funciones de Barcelona, con semanas de antelación y con más de 10.000 entradas, lo nunca visto en la danza de la capital vecina. «Mágico», «desbordante», «abrumador», «experiencia visual», «fantástico» son algunos de los apelativos que cosechó de la crítica en ambas presentaciones.

No exentas de riesgo, pues, aunque la pieza de 75 minutos se anuncie con el título de la novela homónima de la catalana -no se publicó hasta tres años después de su muerte-, la versión de La Veronal, que Morau ha dirigido y coreografiado en colaboración con los nueve intérpretes (Maria Arnal, Lorena Nogal, Marina Rodríguez, Shay Partush, Núria Navarra, Jon López, Valentin Goniot, Ignacio Fizona Camargo y Fabio Calvisi), se plantea como un acercamiento de una imaginación estética y unalibertad radicales.

«No me interesa explicar o describir el libro», avisó Morau en la puesta de largo, y sin dicha expectativa debe acudir el público, ya que la obra va más allá del teatro de texto, un habitual imperante en los escenarios. La tan terrible y simbólica La mort i la primavera, escrita entre 1976 y 198o por la autora más significativa de la literatura catalana -el CCCB le dedica una exposición hasta el 25 de mayo-, muta aquí en un universo onírico de danza y de composición sonora y lumínica donde casi levitar. Con la música original de María Arnal, interpretada en directo con su propia voz, que retumba entre jotas, tambores, campanas, electrónica y luz estroboscópica, gracias al trabajo de Bernat Jansà y Uriel Ireland, logra recrear, pese a la falta de diálogos, el paisaje opresivo, místico y asfixiante de Rododera, que reverbera en los cuerpos.

El perturbador relato de la catalana siempre se ha interpretado como una alegoría sobre el totalitarismo y el mal de la humanidad. Protagonizada por un adolescente, este crece en un pueblo amenazado por seres indefinibles y por la llegada de la primavera, donde el suicidio ritual es una liberación y donde gesta un conflicto tras rebelarse. Pese a su fatalidad y su complejidad, fruto del exilio de la Guerra Civil que padeció la autora, la narración rebosa belleza y sedición, en su abordaje del deseo, el miedo, la identidad y la maternidad.

En esa dualidad entre la muerte y el renacer primaveral, se mueve la visión personal y contemporánea de Morau, que también lanza una lectura política de la fábula de Rododera: «Resuena en nuestro presente», reflexionó Moreau en su estreno, con el arte como «la salvación y el refugio».

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