Los clubes privados, esos espacios que mezclan el “crear contactos” de siempre, con una identidad propia, —por ejemplo, centros sólo para mujeres— están en auge. Son una radiografía, de una parte, de la actual sociedad española. A la búsqueda de una “exclusividad” distinta, en la que el dinero pese menos que las habilidades profesionales, ahora intentan incluir a nómadas digitales o expatriados.
Los clubes privados, esos espacios que mezclan el “crear contactos” de siempre, con una identidad propia, —por ejemplo, centros sólo para mujeres— están en auge. Son una radiografía, de una parte, de la actual sociedad española. A la búsqueda de una “exclusividad” distinta, en la que el dinero pese menos que las habilidades profesionales, ahora intentan incluir a nómadas digitales o expatriados. Seguir leyendo EL PAÍS
