En una época de inestabilidad, el Acuerdo UE-Mercosur fortalece a Europa

Más de un cuarto de siglo después del comienzo de las negociaciones, la Unión Europea y Mercosur han logrado algo histórico: un acuerdo de asociación que acerca nuestras dos regiones y beneficia a casi 700 millones de ciudadanos. Creará una de las mayores zonas comerciales del mundo, que abarcará 31 países y representará casi una quinta parte del PIB mundial. Reforzará los vínculos entre regiones afines en un momento en que la apertura de los mercados está amenazada. En un año dominado por el aumento de los aranceles y las restricciones comerciales, es un acontecimiento realmente importante; no solo para nuestros continentes, sino para la economía mundial.

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 No es un simple pacto comercial, sino una declaración de intenciones por parte de dos regiones afines  

Más de un cuarto de siglo después del comienzo de las negociaciones, la Unión Europea y Mercosur han logrado algo histórico: un acuerdo de asociación que acerca nuestras dos regiones y beneficia a casi 700 millones de ciudadanos. Creará una de las mayores zonas comerciales del mundo, que abarcará 31 países y representará casi una quinta parte del PIB mundial. Reforzará los vínculos entre regiones afines en un momento en que la apertura de los mercados está amenazada. En un año dominado por el aumento de los aranceles y las restricciones comerciales, es un acontecimiento realmente importante; no solo para nuestros continentes, sino para la economía mundial.

En los próximos días, el Parlamento Europeo iniciará su debate sobre el fondo del acuerdo, haciendo uso de su responsabilidad democrática respecto a la aprobación final. Se trata de un acuerdo que merece un amplio apoyo, ya que aportará beneficios tangibles en todos los Estados miembros de la UE. Confío en que se alcance un compromiso constructivo con los diputados al Parlamento Europeo, que garantice que los europeos se beneficien plenamente de las oportunidades que ofrece.

El Acuerdo eliminará miles de millones de euros en concepto de aranceles, abrirá los mercados de contratación pública y ofrecerá a las empresas la previsibilidad que necesitan para planificar, expandirse e invertir. Las 60.000 empresas europeas que ya exportan a Mercosur se beneficiarán inmediatamente, y les supondrá un ahorro estimado de 4.000 millones de euros al año en derechos de exportación. Otras muchas empresas más, especialmente las pequeñas y medianas empresas, obtendrán un acceso más fácil a un mercado en rápido crecimiento, lo que propiciará nuevas inversiones, impulsará el crecimiento y contribuirá a un empleo de alta calidad en toda Europa.

El acuerdo fomentará el crecimiento económico en nuestros dos continentes. Lo sabemos porque es un modelo que hemos visto funcionar antes. Hace ocho años entró en vigor el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Canadá. Desde entonces, el comercio bilateral ha crecido más de un 70%, lo que ha supuesto la creación de puestos de trabajo de calidad y ha reforzado las cadenas de suministro europeas de materias primas fundamentales. Se espera que el acuerdo UE-Mercosur aporte beneficios similares y que las exportaciones de la UE aumenten hasta los 50.000 millones de euros. No son cifras abstractas; son futuras historias de éxito para empresas y comunidades de toda Europa.

Hay algo que es fundamental, y es que nuestras respectivas economías son complementarias. Europa necesita un acceso seguro a las materias primas que sustentan nuestras transiciones ecológica y digital (litio, mineral de hierro, níquel, etc.). América Latina alberga algunas de las mayores reservas del planeta. A su vez, los países del Mercosur necesitan un acceso estable a la inversión, la tecnología y unos mercados diversificados. Eso es exactamente lo que aporta Europa.

En otras palabras, no hay duda de que ambas partes salen ganando. América Latina asciende en la cadena de valor y pasa de la extracción a la transformación y el refinado, con lo que se consiguen mejores puestos de trabajo e industrias más resilientes. De cara a Europa, supone nuevas oportunidades para nuestras empresas y una mayor seguridad del suministro de materiales que son fundamentales para las tecnologías del futuro.

Es un acuerdo que no solo beneficia a la industria, sino también a los agricultores europeos. Se espera que las exportaciones de productos agrícolas de la UE aumenten casi un 50%. Los países del Mercosur reconocerán, por su parte, más de 350 indicaciones geográficas europeas. Productos como el queso Comté, el Prosciutto di Parma, el aceite de Baena, el vino Ribera del Duero o el cava gozarán ahora de una sólida protección jurídica en América Latina. El acuerdo brindará nuevas e importantes oportunidades para las exportaciones de alimentos y bebidas de la Unión Europea, al tiempo que garantiza que los alimentos importados en la UE cumplan nuestras estrictas normas en materia de salud y seguridad. Y para nuestros sectores agroalimentarios, cuya importancia es crítica, hemos establecido sólidas salvaguardias mediante mecanismos que limitan las importaciones procedentes de Mercosur en caso necesario. Este acuerdo muestra que la apertura y la protección del comercio no son incompatibles, sino que ambas cuestiones se han integrado en el diseño del acuerdo. Así pues, todos los sectores de la economía de la UE, incluidos nuestros agricultores, pueden respaldarlo con toda confianza.

La importancia de este pacto va mucho más allá de la economía. Se trata de una señal estratégica en un momento en el que se consolidan los bloques geopolíticos y aumenta la fragmentación. La UE y Mercosur optan por la cooperación frente a la competencia y por la asociación frente a la polarización. El acuerdo pone de relieve que, en todo el mundo, las economías en rápido crecimiento desean mantener relaciones comerciales y de inversión sólidas con Europa, porque seguimos siendo un socio estable y fiable.

En un mundo que lidia con la incertidumbre económica y la fragmentación geopolítica, la Unión Europea y Mercosur generan algo distinto: vínculos de confianza que se nutren de la estabilidad y la previsibilidad, con un amplio mercado integrado y basado en el Estado de derecho. Esto nos proporciona una plataforma común para trabajar juntos ante los principales retos mundiales de nuestra era, desde la lucha contra el cambio climático y la deforestación hasta el refuerzo y la reforma de las instituciones internacionales.

Este acuerdo es más que un pacto comercial. Se trata de una declaración de intenciones por parte de dos regiones afines, decididas a modelar una economía mundial más abierta, predecible y cooperativa. Desde que se iniciaron las negociaciones en el año 2000, generaciones de líderes se han afanado en este proyecto. Concluirlo ahora, en un período de conflicto, fragmentación y creciente proteccionismo, envía un mensaje claro al mundo: el comercio mundial aún puede basarse en la confianza y los intereses compartidos, y puede aportar beneficios reales a nuestros ciudadanos y economías.

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