El sol aún alumbraba las graderías del Estadio Nacional de Santiago cuando la música imponente de Carmina Burana invadió al principal coliseo deportivo de la capital chilena y sedujo a las 35.000 personas que llegaron para escuchar la obra de Carl Orff. Se trató de un concierto crepuscular, completamente gratuito, con un público que resistió el calor de una tarde de verano y que fue protagonizado por la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile y el Coro Sinfónico Universidad de Chile: más de 150 músicos sobre el escenario dando vida a esa conocida composición.
Unas 35.000 personas resistieron el calor para escuchar la popular obra de Carl Orff. “La cultura no puede ser un privilegio. La cultura es parte de la democracia”, dijo Rosa Devés, rectora de la Universidad de Chile, que organizó el espectáculo EL PAÍS
