Eduardo Garrigues, diplomático: «Sin la ayuda de España, la independencia de Estados Unidos hubiera sido imposible»

Se ríe Eduardo Garrigues a pocos días de inaugurar las jornadas en la Casa de América sobre el legado español en Norteamérica a partir del paralelismo entre la Escuela de Salamanca y la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Dos hitos de los que se cumplen 500 y 250 años, respectivamente. «Da igual que lo tengas todo cerrado desde hace días; siempre surge algo a última hora. Ahora hay que limar aristas», se resigna, sin inmutarse un pelo, un hombre curtido en estas lides.

El diplomático, como presidente del Capítulo de Toledo, es el coordinador de unas ponencias que se desarrollarán los días 20 y 21 de enero y que tienen un objetivo claro: «Demostrar que ideas como la libertad del hombre y la de rebelión contra la tiranía no se iniciaron con la Declaración de Independencia, sino que habían nacido en la Escuela de Salamanca», explica de una cita que cuenta con la participación de Unidos por la Historia y en la que colaboran Iberdrola, Fundación Consejo España y EE UU y Casa América.

«Quizá seamos nuestro peor enemigo por no tener el debido conocimiento y orgullo de nuestra historia»

–¿Por qué en Estados Unidos nadie, o muy poca gente, agradece el papel de España en la Guerra de Independencia?

–Hay varias razones. A diferencia de Francia, que en el tratado anterior perdió todas sus posesiones en Norteamérica, España las conservaba. No se podían meter con la misma alegría en otra guerra. La ayuda de España fue tan secreta que ni los beneficiados se enteraban. El Gobierno de Carlos III contribuyó con financiación, con ayuda militar y luego ya declarando la guerra a Inglaterra. Es indiscutible que, sin la ayuda de España, la independencia hubiera sido imposible, pero también es muy importante señalar que esa influencia databa de muchos años antes.

–¿Qué le deben a España los Estados Unidos de hoy?

–El motivo de las conferencias es demostrar que la ayuda política y militar ocurrió en un periodo relativamente corto, entre la Declaración de Independencia, en julio de 1776, y la Paz de París de 1783. Pero el legado de España es mucho más profundo. Desde el punto de vista doctrinal es indiscutible que los líderes de la rebelión habían bebido de las aguas de las antiguas doctrinas que se habían creado en Salamanca y que se fueron filtrando entre los políticos e intelectuales anglosajones; pero yo lo que quiero es exponer que no solo ese legado es muy anterior y se remonta a la Escuela de Salamanca, sino que posteriormente se crea una corriente de hispanismo que sigue haciendo relevante lo que España había dado a Estados Unidos y que se empieza con Thomas Jefferson.

–¿Cómo implanta la Escuela de Salamanca esas ideas para que perduren durante siglos?

–Al contrario de otros poderes coloniales, que nunca se habían planteado los derechos que podían tener los habitantes de los territorios invadidos, con España surge el tema de los justos títulos. Todos estos valores son los que se han intentado obnubilar con la Leyenda Negra; y es que es en España donde nace el tema de los justos títulos. El emperador Carlos V va a preguntarse si realmente existía el derecho a invadir a esta gente. Y es en Salamanca donde se van a tratar lo que se llaman los títulos de conquista y de posesión, un antecedente importantísimo que terminará figurando en todos los grandes movimientos libertarios.

–Quizá tengamos algún líder político que necesite repasarse a día de hoy estos valores. ¿Qué tendría que aprender Donald Trump de estas jornadas?

–A respetar el derecho de gentes. Debería leer lo que se escribió en la Escuela de Salamanca porque es el respeto al derecho internacional. El derecho de gentes no le permitiría invadir otro Estado.

–Es diplomático, ¿cómo ve este mundo tan tensionado, entre otros, por Estados Unidos?

–He sido diplomático en tres territorios de Estados Unidos, y como avanzó el conde de Aranda, Estados Unidos era entonces un país pigmeo que en el futuro iba a amenazar a los países que le habían ayudado en su libertad. De hecho, nada más adquirir la independencia iniciaron la expansión hacia el oeste, donde todavía estaba España. Y ya en el siglo XIX pasaría hasta el Pacífico. Hoy hay un renacimiento del «destino manifiesto», que nos sorprende porque estamos en la dinámica de la paz; pero como diplomático, me parece peligrosísimo jugar con elementos que pueden subvertir el orden mundial. Y eso es lo que está haciendo el presidente Trump.

–Aprovechando que ha sacado al conde de Aranda, este afirmó que Inglaterra era «el peor enemigo de España» y Francia, «su peor amigo»…

–Obviamente Inglaterra era el rival de la época, pero es que Francia nos involucró por los pactos de familia en dos guerras que no nos interesaban. Francia actuaba de forma muy egoísta.

–¿Quién sería actualmente esos «peores» enemigos y amigos?

–Quizá nosotros mismos, que no tenemos el debido conocimiento y orgullo de nuestra historia. Y ese es un enemigo muy malo. Y peor amigo…, es difícil, pero Francia tampoco ha demostrado una gran fidelidad hacia la amistad con España en periodos recientes. Esto en activo no podría decirlo, pero como estoy jubilado… [Ríe] Por su parte, Inglaterra siempre ha tendido a exagerar sus victorias y olvidar sus derrotas. Cuando estuve allí, coincidí con el aniversario de la Armada Invencible, que para ellos es una victoria sensacional, aunque los propios historiadores ingleses dijeron que no fue tan apabullante porque intervino de manera crucial la tempestad, como ya sabíamos los españoles. Y así lo demuestran las investigaciones submarinas, donde se comprobó que ni se habían disparado los cañones.

«Es peligrosísimo jugar con elementos que pueden subvertir el orden mundial, como hace Trump»

–De la historiografía anglosajona viene una Leyenda Negra que todavía no nos hemos sacudido de encima.

–Puede que tal vez eso les convierta todavía en nuestro peor enemigo. Aunque yo prefiero llamarlo «propaganda antiespañola» o «prejuicios antiespañoles».

–¿Cree que la comisión estadounidense que se va a encargar de las actividades conmemorativas de la Declaración de Independencia tendrá en cuenta la contribución española?

–Eso mismo me pregunto yo. Porque suelen alimentarse de la historia propia, de sus propias victorias, de su propio heroísmo…

–El Gobierno de Trump, entre otras, nos ha dado una de cal y otra de arena: el pasado 12 de octubre reivindicó el Columbus Day, pero mucho antes ya había retirado el castellano de la web de la Casa Blanca.

–Lo reivindicó de aquella manera… Ese día se celebra, en parte, el entronamiento de un navegante italiano; porque los italianos son una población mucho más influyente que la española en el contexto de Estados Unidos. Hubo un momento en el que se intentaba orientar hacia el Día del Indígena, donde los norteamericanos tienen poco que celebrar en ese sentido porque los colonos anglosajones de la Costa Este lo que hicieron fue desplazar y exterminar a las tribus indígenas; pero lo que es inconcebible es que esa misma gente que se portó muy mal con el elemento nativo ahora le eche las culpas a España. El «New Yorker» dijo que defender la acción colonial de España era como defender el Holocausto. Eso es una atrocidad, pero si se publica eso en una revista tan prestigiosa es porque el editor también está un poco convencido de esas ideas absurdas. Que esa «propaganda antiespañola» haya llegado hasta nuestros días me parece un milagro.

–¿Cómo un país creado por inmigrantes se puede volver precisamente contra la inmigración?

–Mucha de la gente que llega a Estados Unidos desde países hispanoamericanos intenta borrar su legado histórico y su cultura. Lo que es una pena, más todavía cuando buena parte de la comunidad hispana ha votado a Trump por un sentimiento de seguridad. No comprenden que hay que tener una postura más abierta; especialmente en una nación que está hecho por inmigrantes. Los líderes autoritarios crean la imagen falsa de que van a traer mayor orden. En definitiva, la tiranía no es beneficiosa en ningún sentido y lo está demostrando el propio presidente de Estados Unidos, que tiene pocas ideas democráticas.

«De la Escuela de Salamanca hoy conservamos los derechos individuales, el respeto al ser humano de cualquier condición, la posibilidad de rebelarse contra la tiranía…»

–Saber venderse puede que no sea una de las cualidades históricas de los españoles, ¿no?

–Nos vendemos muy mal. Por lo primero que habría que empezar es por enseñar la historia de forma objetiva. Afortunadamente hay una serie de autores, como Elvira Roca Barea, o documentales, como los de José Luis López-Linares, que demuestran todo ese lado positivo de la cultura española. Yo he estado destinado en África y no he encontrado catedrales, ni hospitales, ni universidades en ningún sitio en el que hubieran estado ingleses y franceses. Cosa que si se ve en América. No es verdad que fuéramos ni fanáticos ni crueles.

–Ni tampoco es la estancia de España en América una historia de codicia por el oro, ¿no?

–Para nada. La ciudad de México era mucho más rica y estaba mejor dotada que Madrid. Carlos III se escandalizó cuando llegó aquí de Nápoles: no se creía que esto fuera la capital de un gran imperio.

–Antes citaba a Thomas Jefferson como el inicio de ese hispanismo: ¿en qué punto se encuentra hoy? ¿Está en crisis?

–No quiero criticar a mi país, del que estoy muy orgulloso, pero hay una tendencia pesimista. Para comenzar, deberíamos saber todas las cosas positivas que se hicieron y después lo que se hizo mal, que también hay tiempo para ello. Por eso es importante el resurgir de la Escuela de Salamanca cuando Carlos V se planteó si había derecho a conquistar otra tierra.

–¿Qué nos queda de la Escuela de Salamanca?

–Los derechos individuales, el respeto al ser humano de cualquier condición, la posibilidad de rebelarse contra la tiranía… Eso es el sentimiento democrático.

 Lidera las jornadas de la Casa de América sobre el legado español en Norteamérica en el año que se cumplen 250 años de la independencia de las Trece Colonias y 500 de la Escuela de Salamanca  

Se ríe Eduardo Garrigues a pocos días de inaugurar las jornadas en la Casa de América sobre el legado español en Norteamérica a partir del paralelismo entre la Escuela de Salamanca y la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Dos hitos de los que se cumplen 500 y 250 años, respectivamente. «Da igual que lo tengas todo cerrado desde hace días; siempre surge algo a última hora. Ahora hay que limar aristas», se resigna, sin inmutarse un pelo, un hombre curtido en estas lides.

El diplomático, como presidente del Capítulo de Toledo, es el coordinador de unas ponencias que se desarrollarán los días 20 y 21 de enero y que tienen un objetivo claro: «Demostrar que ideas como la libertad del hombre y la de rebelión contra la tiranía no se iniciaron con la Declaración de Independencia, sino que habían nacido en la Escuela de Salamanca», explica de una cita que cuenta con la participación de Unidos por la Historia y en la que colaboran Iberdrola, Fundación Consejo España y EE UU y Casa América.

«Quizá seamos nuestro peor enemigo por no tener el debido conocimiento y orgullo de nuestra historia»

–¿Por qué en Estados Unidos nadie, o muy poca gente, agradece el papel de España en la Guerra de Independencia?

–Hay varias razones. A diferencia de Francia, que en el tratado anterior perdió todas sus posesiones en Norteamérica, España las conservaba. No se podían meter con la misma alegría en otra guerra. La ayuda de España fue tan secreta que ni los beneficiados se enteraban. El Gobierno de Carlos III contribuyó con financiación, con ayuda militar y luego ya declarando la guerra a Inglaterra. Es indiscutible que, sin la ayuda de España, la independencia hubiera sido imposible, pero también es muy importante señalar que esa influencia databa de muchos años antes.

–¿Qué le deben a España los Estados Unidos de hoy?

–El motivo de las conferencias es demostrar que la ayuda política y militar ocurrió en un periodo relativamente corto, entre la Declaración de Independencia, en julio de 1776, y la Paz de París de 1783. Pero el legado de España es mucho más profundo. Desde el punto de vista doctrinal es indiscutible que los líderes de la rebelión habían bebido de las aguas de las antiguas doctrinas que se habían creado en Salamanca y que se fueron filtrando entre los políticos e intelectuales anglosajones; pero yo lo que quiero es exponer que no solo ese legado es muy anterior y se remonta a la Escuela de Salamanca, sino que posteriormente se crea una corriente de hispanismo que sigue haciendo relevante lo que España había dado a Estados Unidos y que se empieza con Thomas Jefferson.

Entrevista con el diplomático y novelista Eduardo Garrigues © Alberto R. Roldán / Diario La Razón.

–¿Cómo implanta la Escuela de Salamanca esas ideas para que perduren durante siglos?

–Al contrario de otros poderes coloniales, que nunca se habían planteado los derechos que podían tener los habitantes de los territorios invadidos, con España surge el tema de los justos títulos. Todos estos valores son los que se han intentado obnubilar con la Leyenda Negra; y es que es en España donde nace el tema de los justos títulos. El emperador Carlos V va a preguntarse si realmente existía el derecho a invadir a esta gente. Y es en Salamanca donde se van a tratar lo que se llaman los títulos de conquista y de posesión, un antecedente importantísimo que terminará figurando en todos los grandes movimientos libertarios.

–Quizá tengamos algún líder político que necesite repasarse a día de hoy estos valores. ¿Qué tendría que aprender Donald Trump de estas jornadas?

–A respetar el derecho de gentes. Debería leer lo que se escribió en la Escuela de Salamanca porque es el respeto al derecho internacional. El derecho de gentes no le permitiría invadir otro Estado.

–Es diplomático, ¿cómo ve este mundo tan tensionado, entre otros, por Estados Unidos?

–He sido diplomático en tres territorios de Estados Unidos, y como avanzó el conde de Aranda, Estados Unidos era entonces un país pigmeo que en el futuro iba a amenazar a los países que le habían ayudado en su libertad. De hecho, nada más adquirir la independencia iniciaron la expansión hacia el oeste, donde todavía estaba España. Y ya en el siglo XIX pasaría hasta el Pacífico. Hoy hay un renacimiento del «destino manifiesto», que nos sorprende porque estamos en la dinámica de la paz; pero como diplomático, me parece peligrosísimo jugar con elementos que pueden subvertir el orden mundial. Y eso es lo que está haciendo el presidente Trump.

«Por España y por el Rey, Gálvez en América», donde se muestra a Bernardo de Gálvez en la Batalla de Pensacola

–Aprovechando que ha sacado al conde de Aranda, este afirmó que Inglaterra era «el peor enemigo de España» y Francia, «su peor amigo»…

–Obviamente Inglaterra era el rival de la época, pero es que Francia nos involucró por los pactos de familia en dos guerras que no nos interesaban. Francia actuaba de forma muy egoísta.

–¿Quién sería actualmente esos «peores» enemigos y amigos?

–Quizá nosotros mismos, que no tenemos el debido conocimiento y orgullo de nuestra historia. Y ese es un enemigo muy malo. Y peor amigo…, es difícil, pero Francia tampoco ha demostrado una gran fidelidad hacia la amistad con España en periodos recientes. Esto en activo no podría decirlo, pero como estoy jubilado… [Ríe] Por su parte, Inglaterra siempre ha tendido a exagerar sus victorias y olvidar sus derrotas. Cuando estuve allí, coincidí con el aniversario de la Armada Invencible, que para ellos es una victoria sensacional, aunque los propios historiadores ingleses dijeron que no fue tan apabullante porque intervino de manera crucial la tempestad, como ya sabíamos los españoles. Y así lo demuestran las investigaciones submarinas, donde se comprobó que ni se habían disparado los cañones.

«Es peligrosísimo jugar con elementos que pueden subvertir el orden mundial, como hace Trump»

–De la historiografía anglosajona viene una Leyenda Negra que todavía no nos hemos sacudido de encima.

–Puede que tal vez eso les convierta todavía en nuestro peor enemigo. Aunque yo prefiero llamarlo «propaganda antiespañola» o «prejuicios antiespañoles».

–¿Cree que la comisión estadounidense que se va a encargar de las actividades conmemorativas de la Declaración de Independencia tendrá en cuenta la contribución española?

–Eso mismo me pregunto yo. Porque suelen alimentarse de la historia propia, de sus propias victorias, de su propio heroísmo…

–El Gobierno de Trump, entre otras, nos ha dado una de cal y otra de arena: el pasado 12 de octubre reivindicó el Columbus Day, pero mucho antes ya había retirado el castellano de la web de la Casa Blanca.

–Lo reivindicó de aquella manera… Ese día se celebra, en parte, el entronamiento de un navegante italiano; porque los italianos son una población mucho más influyente que la española en el contexto de Estados Unidos. Hubo un momento en el que se intentaba orientar hacia el Día del Indígena, donde los norteamericanos tienen poco que celebrar en ese sentido porque los colonos anglosajones de la Costa Este lo que hicieron fue desplazar y exterminar a las tribus indígenas; pero lo que es inconcebible es que esa misma gente que se portó muy mal con el elemento nativo ahora le eche las culpas a España. El «New Yorker» dijo que defender la acción colonial de España era como defender el Holocausto. Eso es una atrocidad, pero si se publica eso en una revista tan prestigiosa es porque el editor también está un poco convencido de esas ideas absurdas. Que esa «propaganda antiespañola» haya llegado hasta nuestros días me parece un milagro.

–¿Cómo un país creado por inmigrantes se puede volver precisamente contra la inmigración?

–Mucha de la gente que llega a Estados Unidos desde países hispanoamericanos intenta borrar su legado histórico y su cultura. Lo que es una pena, más todavía cuando buena parte de la comunidad hispana ha votado a Trump por un sentimiento de seguridad. No comprenden que hay que tener una postura más abierta; especialmente en una nación que está hecho por inmigrantes. Los líderes autoritarios crean la imagen falsa de que van a traer mayor orden. En definitiva, la tiranía no es beneficiosa en ningún sentido y lo está demostrando el propio presidente de Estados Unidos, que tiene pocas ideas democráticas.

«De la Escuela de Salamanca hoy conservamos los derechos individuales, el respeto al ser humano de cualquier condición, la posibilidad de rebelarse contra la tiranía…»

–Saber venderse puede que no sea una de las cualidades históricas de los españoles, ¿no?

–Nos vendemos muy mal. Por lo primero que habría que empezar es por enseñar la historia de forma objetiva. Afortunadamente hay una serie de autores, como Elvira Roca Barea, o documentales, como los de José Luis López-Linares, que demuestran todo ese lado positivo de la cultura española. Yo he estado destinado en África y no he encontrado catedrales, ni hospitales, ni universidades en ningún sitio en el que hubieran estado ingleses y franceses. Cosa que si se ve en América. No es verdad que fuéramos ni fanáticos ni crueles.

–Ni tampoco es la estancia de España en América una historia de codicia por el oro, ¿no?

–Para nada. La ciudad de México era mucho más rica y estaba mejor dotada que Madrid. Carlos III se escandalizó cuando llegó aquí de Nápoles: no se creía que esto fuera la capital de un gran imperio.

–Antes citaba a Thomas Jefferson como el inicio de ese hispanismo: ¿en qué punto se encuentra hoy? ¿Está en crisis?

–No quiero criticar a mi país, del que estoy muy orgulloso, pero hay una tendencia pesimista. Para comenzar, deberíamos saber todas las cosas positivas que se hicieron y después lo que se hizo mal, que también hay tiempo para ello. Por eso es importante el resurgir de la Escuela de Salamanca cuando Carlos V se planteó si había derecho a conquistar otra tierra.

–¿Qué nos queda de la Escuela de Salamanca?

–Los derechos individuales, el respeto al ser humano de cualquier condición, la posibilidad de rebelarse contra la tiranía… Eso es el sentimiento democrático.

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