Alerta vampiro: el monstruo inmortal está por todas partes

<p>David Roas está concentrado en un nuevo género. Este profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde dirige el <a href=»http://www.lofantastico.com/» target=»_blank»>Grupo de Estudios sobre lo Fantástico</a>, ha descubierto un rastro del vampiro en la España vaciada. Sigue sus pasos a través de lo que ha empezado a llamarse «agrohorror». Habla de<i> Amancio, vampiro de pueblo</i>. «Es un tipo de pueblo que se ha convertido en vampiro y vive en su casa de mierda. <strong>Hay un impacto del vampiro en nuestra cultura. La escritura fantástica ambientada en el mundo rural español es una muestra</strong>. El autor, Alejo Ibáñez Pérez, había hecho un corto hace unos años y ahora publica la historia una editorial pequeña».</p>

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 El rastro del mito gótico vuelve a aparecer en diferentes esquinazos culturales como reflejo de lo que somos. La obsesión por el chupasangres encuentra un motivo en los problemas que nos acosan hoy: «¿Qué mejor que el vampiro para recoger nuestros miedos?»  

David Roas está concentrado en un nuevo género. Este profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde dirige el Grupo de Estudios sobre lo Fantástico, ha descubierto un rastro del vampiro en la España vaciada. Sigue sus pasos a través de lo que ha empezado a llamarse «agrohorror». Habla de Amancio, vampiro de pueblo. «Es un tipo de pueblo que se ha convertido en vampiro y vive en su casa de mierda. Hay un impacto del vampiro en nuestra cultura. La escritura fantástica ambientada en el mundo rural español es una muestra. El autor, Alejo Ibáñez Pérez, había hecho un corto hace unos años y ahora publica la historia una editorial pequeña».

Por la prensa local aparece alguna mención a esta aparición del vampiro. Fue en 2022, cuando se cumplió un siglo del estreno de Nosferatu: una sinfonía de horror, el canon establecido por Murnau, el director de cine alemán. Amancio podría ser el vampiro que marca el resurgir del mito. Bueno, los caníbales de Luca Guadagnino en Hasta los huesos podrían pasar por vampiros remasterizados.

El vampiro ha cumplido su promesa: es inmortal. Películas, series y cómics lo han traído de vuelta en 2025, justo en el 20 aniversario del lanzamiento de Crepúsculo, la saga de bestsellers que cuenta la historia de amor entre vampiros y hombres lobo muy popular en su adaptación al cine. Los pecadores, la película de Michael B. Jordan. Drácula, de Luc Besson. La serie Silencio, de Eduardo Casanova. Nosferatu (Planeta Cómic), el cómic de Diego Olmos. Moribundo (Norma), la novela gráfica con la que debuta Fran Mariscal. Y este año habrá una legión de vampiras pululando en las páginas de Altasangre (Alianza), la novela debut, «gótica, vampírica y tropical», de Claudia Amador.

El mito mantiene el vigor. «Olvídate de Crepúsculo. En el vampiro se juntan dos cosas. El deseo de inmortalidad y el lado oscuro. El vampiro que me interesa es el monstruo de la noche. Es el caos frente al orden y la luz. Lo que nos gustaría ser. Ese lado salvaje y el deseo inmortal. El fantasma tiene menos chicha. El vampiro es el monstruo de lo que no está controlado. Lo salvaje. La sangre», aventura David Roas tratando de armar una teoría sobre la atracción que genera. ¿Por qué está por todas partes otra vez el vampiro? «Por un lado da miedo, pero por otro nos revela cosas de nosotros».

En todas las adaptaciones disponibles del mito, siempre está presente el vampiro gótico. «El educado. Aunque en su representación ha habido de todo. Se han utilizado desde formas extranjeras hasta otras más populares. En el mundo asiático tienen sus vampiros particulares, por ejemplo. Pero el vampiro gótico ha dominado siempre», considera Roas.

El vampiro es, en realidad, un agregador de nuestros miedos. «Si tuviera que diseñar un Nosferatu con los códigos actuales me fijaría en el entorno», subraya Roas. «Vivimos en una situación mundial donde parece que no hay árbitro. Todos los líderes de todas las potencias parecen estar locos. Tenemos la sensación de aproximarnos a una decena de colapsos. También vivimos desesperanzados. ¿Qué mejor que utilizar al vampiro para recoger todos los miedos? En cada época se ha ido acomodando a lo que pasaba. A las preocupaciones. Cuando explico a Drácula en clase me gusta explicarlo en el sentido político. Es un monstruo que viene del mundo salvaje a invadir Londres. A partir de ahí se le han ido incorporando cuestiones. Por ejemplo, en Somos la noche, una película alemana de 2010, una de las vampiras trata de convencer a sus amigas de hacerse vampiras y los argumentos son los siguientes: comemos y no engordamos, follamos y no nos quedamos embarazadas. Había un empoderamiento femenino. Ideológicamente se va llenando de ideas diferentes. Por eso a veces según qué países y momentos simboliza cosas diferentes», añade.

«En ‘Somos la noche’,
una vampira convence a sus amigas para que se conviertan diciendo: ‘Follamos y no nos quedamos embarazadas’»

La tesis doctoral La evolución de la figura del vampiro en la literatura inglesa y estadounidense como símbolo social y económico de la identidad masculina occidental contemporánea recoge la paradoja de hacer del vampiro un espejo de los asuntos del día a día. «La sociedad occidental actual, como forma comúnmente aceptada de cultura moderna y productiva, ha llegado a representar a los vampiros con mayor fuerza en la literatura y la industria audiovisual. En los últimos años, ha surgido una nueva generación de vampiros que invaden la mente del público. Esta tesis se desarrolló bajo la premisa de entender al vampiro como la encarnación de la masculinidad capitalista del hombre blanco occidental. Los estudios marxistas han comprendido desde hace tiempo al vampiro como la fuerza opresora del capital en el contexto de la lucha de clases sociales», escribe su autor, Kristian Pérez Zurutuza, desaparecido misteriosamente.

Los vampiros queer enfermos de sida propuestos por Eduardo Casanova no son tan originales. «Es una forma más de representarlo», advierte el nada sorprendido Antonio Ballesteros, doctor en Filología Inglesa en la Universidad Complutense y autor, entre otros estudios, de Vampire Chronicle: Historia natural del vampiro en la literatura anglosajona. Dirigió el trabajo de Pérez Zurutuza, de quien dice no saber nada hace ya tiempo. «Silencio, la serie de Casanova, no destruye el mito. En la historia hay vampiros con familias inclusivas o estirpes vinculadas. Hay mucha literatura queer de vampiros. El monstruo, desde El vampiro, de John William Polidori, publicado en 1819, siempre ha proyectado una sexualidad ambigua».

La evolución del vampiro a través de la cultura popular ha dado lugar a una simplificación. Sus aristas se han planchado. Ha perdido, con el paso del tiempo, la capacidad de provocar miedo. «Se ha hecho otra cosa muy distinta a lo que es el vampiro terrorífico. Compara, por ejemplo, el Nosferatu de 1922 con el Nosferatu de 2024. La última gran recreación del vampiro como personaje terrorífico, un vampiro europeo que invade los Estados Unidos, es de Stephen King. Para mí hay un punto de inflexión en este sentido con el Drácula de Coppola. Es un vampiro amoroso o digno de ser amado. Se produce un desencantamiento».

¿Qué dice de nosotros la renovación constante del mito del vampiro? «Nuestra sociedad asimila al vampiro. El vampiro tiene una capacidad proteíca y cambiante. Va a ser así siempre. Acorde a la época». Pero el gran público, hasta esta reivindicación del monstruo que no reflejan los espejos, tuvo en el zombie a su criatura favorita. Una legión de infectados corría por cualquier plataforma audivisual, acumulando minutos y ascendencia popular. Hasta en algunos pueblos llegó a celebrarse una noche de los muertos vivientes donde la población se repartía entre los dos bandos. «El vampiro, y todos los monstruos de nuestra época, fueron sustituidos por el zombie, que no tiene capacidad de pensar. Dice mucho de nuestra sociedad. Se trata de una sociedad alienada hasta cierto punto. Que no tiene muy claras sus referencias. Los grandes monstruos fueron sustituidos por un monstruo que no tien capacidad de pensar».

Aunque el vampiro siempre gana. «De todos los monstruos clásicos es el más plástico. Creo que su origen está en Cristo, con las características dadas la vuelta. Si el Espíritu Santo está representado por la paloma, el vampiro viene representado por el murciélago. Es otro resucitado. Y está la sangre, que Cristo derramó por nosotros. Conforme la sociedad se ha despegado de la cultura judeocristiana, el vampiro se ha independizado. Antes tenía un trasfondo más religioso», comenta el escritor David Remartínez, autor de Una historia pop de los vampiros (Arpa).

En Solo los amantes sobreviven, escrita y dirigida por Jim Jarmusch en 2013, ve la auténtica dimensión del vampiro. «Propone una liberación sexual constante. Hasta entonces el vampiro cargaba con la maldición de no poder follar. Era lujurioso, pero no podía follar. Es una de las películas que marcan lo que ha cambiado el vampiro. Crepúsculo es odiado por todo el mundo. Aparte de que es un peliculón, en la cinta de Jarmusch está todo. La mujer vampira y el hombre vampiro contemporáneo. El placer de la sangre como verdadero placer. Y con una vida eterna».

La dualidad del mito permite que siempre esté a punto de volver a aparecerse. Puede que el secreto de su vitalidad esté en la tensión basada en la convivencia del clásico y la adaptación posmoderna. La publicación de los cómics Moribundo y Nosferatu es una muestra. «Me parece muy interesante la figura del vampiro emocional», cuenta Fran Mariscal, autor de Moribundo. «Desarrollé la historia después de sufrir una experiencia desagradable. Pasé por una depresión. Es una manera de hablar de salud mental y lo que nos quita energía a nuestro alrededor». Diego Olmos, autor de Nosferatu, pone a andar al monstruo de Murnau. «Vi la versión de Herzog con seis años. Me paralizó. El cómic es un homenaje, una carta de amor, a aquel niño aterrorizado», dice.

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