La élite del crimen televisivo británico toma Palma de Mallorca como base de operaciones

Cuando uno camina por los patios empedrados de la fortaleza de Pollença, no espera encontrarse con la mirada gélida de Helen Mirren o el gesto tenso de Pierce Brosnan. Y sin embargo, la ficción criminal británica ha elegido este rincón mallorquín como nuevo terreno de conflicto. En “MobLand”, la serie de Paramount+ que en España puede verse a través de SkyShowtime, se cruzan los mundos de la vieja aristocracia del crimen y la escenografía mediterránea más monumental.

Mallorca, que lleva años consolidando su lugar en el radar de las grandes productoras internacionales, no es solo un decorado hermoso. Es, cada vez más, un territorio con identidad propia en el universo de las series. Y lo es por su luz, por su silencio controlado, y porque cada ángulo parece concebido para una secuencia que valga la pena. En este caso, la historia se adentra en las tensiones entre dos clanes mafiosos londinenses que se disputan el control mientras sus líderes —encarnados por Brosnan y Mirren— se enfrentan dentro y fuera del círculo familiar.

La serie, creada por Ronan Bennett y dirigida por Guy Ritchie, llega con la promesa de una narrativa concisa y una atmósfera opresiva. En esta segunda temporada, el enclave mallorquín sustituye a las húmedas callejuelas de Londres sin perder un ápice de tensión. La elección no es fortuita: la fortaleza de Pollença ya fue protagonista silenciosa en producciones como “El infiltrado”, y su geografía acorazada se adapta con precisión al tono del thriller.

 

Más allá del argumento, lo que llama la atención es la química entre Brosnan y Mirren. El primero se despoja del brillo Bond y se zambulle en un personaje de aristas morales y pasado turbio. Ella, en cambio, ofrece una de sus interpretaciones más frías y calculadoras, como matriarca sin escrúpulos que mantiene la maquinaria del crimen con una mirada. El personaje de Tom Hardy —el ejecutor leal que camina sobre un alambre ético— completa el triángulo narrativo.

La elección de Mallorca como plató para la segunda temporada de esta serie tiene también un impacto medible. El rodaje moviliza a decenas de profesionales locales, da oxígeno a empresas del sector servicios y sitúa a la isla como referente competitivo en un mercado de ficción global cada vez más exigente. Ya no se trata solo de ofrecer paisajes, sino de garantizar profesionalidad y fiabilidad en cada fase de la producción.

Paramount+ ha entendido algo que otras plataformas aún tantean: las historias criminales necesitan escenarios con alma. Y en esta ocasión, esa alma la pone una isla acostumbrada a guardar secretos. Como los que se mueven entre los muros de “MobLand”.

 Un enclave histórico del Mediterráneo acoge una producción de alto calibre que reúne a algunas de las figuras más sólidas del cine británico y americano  

Cuando uno camina por los patios empedrados de la fortaleza de Pollença, no espera encontrarse con la mirada gélida de Helen Mirren o el gesto tenso de Pierce Brosnan. Y sin embargo, la ficción criminal británica ha elegido este rincón mallorquín como nuevo terreno de conflicto. En “MobLand”, la serie de Paramount+ que en España puede verse a través de SkyShowtime, se cruzan los mundos de la vieja aristocracia del crimen y la escenografía mediterránea más monumental.

Mallorca, que lleva años consolidando su lugar en el radar de las grandes productoras internacionales, no es solo un decorado hermoso. Es, cada vez más, un territorio con identidad propia en el universo de las series. Y lo es por su luz, por su silencio controlado, y porque cada ángulo parece concebido para una secuencia que valga la pena. En este caso, la historia se adentra en las tensiones entre dos clanes mafiosos londinenses que se disputan el control mientras sus líderes —encarnados por Brosnan y Mirren— se enfrentan dentro y fuera del círculo familiar.

La serie, creada por Ronan Bennett y dirigida por Guy Ritchie, llega con la promesa de una narrativa concisa y una atmósfera opresiva. En esta segunda temporada, el enclave mallorquín sustituye a las húmedas callejuelas de Londres sin perder un ápice de tensión. La elección no es fortuita: la fortaleza de Pollença ya fue protagonista silenciosa en producciones como “El infiltrado”, y su geografía acorazada se adapta con precisión al tono del thriller.

Más allá del argumento, lo que llama la atención es la química entre Brosnan y Mirren. El primero se despoja del brillo Bond y se zambulle en un personaje de aristas morales y pasado turbio. Ella, en cambio, ofrece una de sus interpretaciones más frías y calculadoras, como matriarca sin escrúpulos que mantiene la maquinaria del crimen con una mirada. El personaje de Tom Hardy —el ejecutor leal que camina sobre un alambre ético— completa el triángulo narrativo.

La elección de Mallorca como plató para la segunda temporada de esta serie tiene también un impacto medible. El rodaje moviliza a decenas de profesionales locales, da oxígeno a empresas del sector servicios y sitúa a la isla como referente competitivo en un mercado de ficción global cada vez más exigente. Ya no se trata solo de ofrecer paisajes, sino de garantizar profesionalidad y fiabilidad en cada fase de la producción.

Paramount+ ha entendido algo que otras plataformas aún tantean: las historias criminales necesitan escenarios con alma. Y en esta ocasión, esa alma la pone una isla acostumbrada a guardar secretos. Como los que se mueven entre los muros de “MobLand”.

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