Salvador Enguix (Alzira, 61 años), periodista y delegado del periódico La Vanguardia en la Comunitat Valenciana, disecciona en Las periferias mudas, el libro que acaba de publicar (Ed. Barlin Libros), la pérdida de influencia en España de los territorios periféricos frente a un centro hegemónico, representado en la idea de Madrid, que concentra el poder político, económico, simbólico y mediático. El centralismo no solo empobrece a las periferias, también debilita al conjunto de España, escribe el periodista como idea medular del libro. “Si España quiere durar y prosperar, debe abandonar la telaraña radial y convertirse en una malla, en una España federal, plurinacional y en red, capaz de repartir poder y multiplicar centros de decisión”, defiende Enguix, que es tajante cuando afirma que sin una financiación equilibrada comunidades como la valenciana no tienen capacidad para incentivar políticas propias.
Salvador Enguix (Alzira, 61 años), periodista y delegado del periódico La Vanguardia en la Comunitat Valenciana, disecciona en Las periferias mudas, el libro que acaba de publicar (Ed. Barlin Libros), la pérdida de influencia en España de los territorios periféricos frente a un centro hegemónico, representado en la idea de Madrid, que concentra el poder político, económico, simbólico y mediático. El centralismo no solo empobrece a las periferias, también debilita al conjunto de España, escribe el periodista como idea medular del libro. “Si España quiere durar y prosperar, debe abandonar la telaraña radial y convertirse en una malla, en una España federal, plurinacional y en red, capaz de repartir poder y multiplicar centros de decisión”, defiende Enguix, que es tajante cuando afirma que sin una financiación equilibrada comunidades como la valenciana no tienen capacidad para incentivar políticas propias. Seguir leyendo
Salvador Enguix (Alzira, 61 años), periodista y delegado del periódico La Vanguardia en la Comunitat Valenciana, disecciona en Las periferias mudas, el libro que acaba de publicar (Ed. Barlin Libros), la pérdida de influencia en España de los territorios periféricos frente a un centro hegemónico, representado en la idea de Madrid, que concentra el poder político, económico, simbólico y mediático. El centralismo no solo empobrece a las periferias, también debilita al conjunto de España, escribe el periodista como idea medular del libro. “Si España quiere durar y prosperar, debe abandonar la telaraña radial y convertirse en una malla, en una España federal, plurinacional y en red, capaz de repartir poder y multiplicar centros de decisión”, defiende Enguix, que es tajante cuando afirma que sin una financiación equilibrada comunidades como la valenciana no tienen capacidad para incentivar políticas propias.
Pregunta. ¿Por qué este libro ahora cuando la tendencia global es a la recentralización y el debate en torno al federalismo está arrinconado?
Respuesta. He observado como periodista las deficiencias de esta periferia y de otras respecto a su incapacidad para intervenir o influir en lo que son las decisiones que se adoptan a nivel estatal, y he escrito varios artículos sobre ello. El editor me planteó la posibilidad de convertirlo en un libro y como se acercaba el debate sobre la financiación autonómica pensé que era el momento para exponer cuestiones que no hablan solo de financiación sino también de cultura, de medios de comunicación, de fuga de talento, de muchas cosas. Lo único que he pretendido es darle una lectura global y una serie de advertencias; explicar que hay algunas periferias, ya sea la Comunidad Valenciana, Murcia, Extremadura, las dos Castillas o Andalucía, que, con problemáticas diferentes, tienen cada vez menos capacidad de influencia en el conjunto del Estado.
P. Cuenta en el libro que hubo un tiempo en que la política española sonaba a coro y hoy es monocorde. ¿Qué ha ocurrido?
R. La Constitución de 1978 tiene un aroma federalista pero ha habido una falta de voluntad política que se evidencia en paralelo a una recentralización de las decisiones de los partidos políticos en España. Vimos en Zaragoza el domingo pasado a Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, dar una orden [sobre el modelo de financiación autonómica propuesto por el Gobierno español] y todas las autonomías del PP dicen lo que él dijo. O el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que va colocando piezas del Gobierno en las federaciones para controlarlas, excepto en aquellas autonomías que tienen partidos propios como el País Vasco o Cataluña que sí tienen capacidad de influencia. Por otra parte, se está generando una corriente de pensamiento político en toda Europa, donde son importantes algunos partidos de derecha y de extrema derecha, que está intentando dinamitar las democracias liberales y el estado autonómico, de hecho Vox lo dice claramente. Además, se ha generado la percepción, tras la covid, la dana o los últimos incendios, de que las autonomías no son buenas para gestionar. Es un error pero se ha generado esa percepción.
P. Escribe que el “sistema Madrid” actúa como un agujero negro respecto a la periferia en lugar de repartir juego con el resto. Y propone cómo reequlibrarlo.
R. Llamo el “sistema Madrid” a la concentración de poderes en la capital del Estado, que es muy potente y capaz de dominar el relato. Allí se concentran las empresas del Ibex, las instituciones y organismos del Estado, todo está en Madrid, y la percepción de todo eso favorece una depreciación del valor que ha habido históricamente hacia el modelo de Estado autonómico. Primero tiene que haber una financiación equilibrada en la España de las autonomías, porque si no comunidades como la valenciana no tienen capacidad de acción política, de incentivar políticas propias, y acaban como autonomías tuteladas. Los datos del PIB demuestran que, a pesar de que nuestra percepción es que somos una autonomía rica, nos separamos cada vez más de la media española y estamos a años luz de la media europea. Es grave.
Segundo, tenemos que repensar el modelo productivo en España, si lo queremos hipercentralizado o que disponga de infraestructuras en red como el corredor mediterraneo, y evitar la fuga de talento o de empresas [hacia el centro]. Y hay una tercera cuestión que es la fusión de complicidades entre las élites de la sociedad civil valenciana y las élites políticas pero eso no existe. Si al final ves que las élites políticas autonómicas lo que hacen es seguir las directrices que marcan los partidos centrales, tienes un problema. Además, falta unión entre las élites sociales (patronales, sindicatos…). Pongo de ejemplo en el libro que el único éxito que ha habido en los últimos 25 años, y que no está acabado, es el corredor mediterráneo. Y ha sido un éxito porque fue una iniciativa de la sociedad civil muy potente. Si vas a esperar a que el modelo radial político español sea el que te favorezca se va a perder mucho tiempo.
P. ¿Por qué es difícil ahora el acuerdo en torno a un nuevo modelo de financiación autonómica?
R. Porque es muy difícil sumar los intereses de tantas periferias. Antes fue posible relativamente porque el modelo de 2001 lo aprobó José María Aznar con el apoyo de Jordi Pujol [CiU] y aunque fue muy criticado, salió adelante. Y en 2009 José Luis Rodríguez Zapatero aprobó el siguiente gracias al tripartito catalán y a la abstención de las autonomías del PP. Hay una serie de autonomías a las que el actual sistema les favorece mucho y además hay estrategia partidista. Te pueden gustar o no las formas en las que el Gobierno español ha presentado su propuesta [lo pactaron en Moncloa Pedro Sánchez y el líder de ERC Oriol Junqueras] pero favorece a la Comunidad Valenciana. ¿Se puede mejorar? También, pero si no te sientas a negociar no podrás ni hacerte escuchar. Si de entrada firmas un pacto en Zaragoza con otras autonomías beneficiadas con el actual modelo y dices de partida que negociar no, pues no se entiende. ¿Cuál es la alternativa? ¿No hacer nada? Porque de momento no hemos escuchado a Feijóo ni al PP plantear ningún modelo de financiación.
P. El PP no acepta el pacto entre el Gobierno y Oriol Junqueras, de ERC, porque es “una cesión al separatismo”, dijeron.
R. ¿Hubiera sido mejor un pacto entre PP y PSOE? Sí, pero ahora parece imposible. Hay una propuesta encima de la mesa, pues que se sienten a negociar.
P. ¿Hay contrapesos en la sociedad civil valenciana para exigir a los políticos que se sienten y negocien?
R. Sí que los hay, pero tal vez no juegan el papel que tendrían que jugar. La Asociación Valenciana de Empresarios ha desempeñado un papel fantástico en potenciar el corredor mediterráneo.
P. ¿Es posible ahora un empuje igual de potente en defensa de una nueva financiación autonómica?
R. He echado en falta un posicionamiento más claro de todas las patronales respeto a la financiación autonómica. En Cataluña, las patronales están presionando mucho a ERC y a Junts en el tema de la financiación, muchísimo. La patronal valenciana se ha manifestado, le ha parecido bien la idea, pero igual hay que presionar porque nos jugamos mucho. Igual me equivoco, pero si Feijóo llega y depende de Vox para gobernar, dudo que sea capaz de sacar un modelo mejor que el que se ha presentado.
P. Al final del libro propone una serie de recetas para devolver al debate político un modelo federal para España.
R. Sería tan sencillo como desarrollar lo que la Constitución Española ya prevé: que el Senado fuera verdaderamente una cámara territorial y tuviera capacidad codecisoria sobre algunas leyes del Estado. Con eso se daría un paso enorme. También poner en marcha mecanismos regulares que en otros Estados federales existen y que se han activado aquí como la Conferencia de Presidentes, las conferencias sectoriales…, es decir, como dice Joan Romero, tenemos una España inacabada pero podemos acabarla. Aunque ahora mismo no veo voluntad política de hacerlo, ni en la izquierda ni en la derecha. El partidismo y la polarización es tan fuerte ahora mismo que estas soluciones parecen ciencia ficción. Pero si no se buscan soluciones, a la larga nos veremos forzados por las circunstancias.
EL PAÍS
