Y entonces tú decías que querías escribir en un sitio y yo te decía que yo tenía un sitio. Este sitio, mira, lo hacemos aquí. Y luego yo veía El taxista ful, la película de Jo Sol (qué buen nombre, “Jo Sol”), que habla de un hombre que toma prestados (roba) los taxis de los taxistas que no trabajan por la noche para trabajar él y sacarse un dinero para vivir. Y después aparecían Santiago López Petit y Marina Garcés y su colectivo Dinero Gratis (qué buen nombre, “Dinero Gratis”) intentando convencer a Jose, el protagonista, con filigranas teóricas, sobre lo revolucionario que es robar para trabajar: “Frente a lo absurda que es la sociedad, tú le pones un gesto absurdo”. Y Jose contestaba: “no lo entiendo”. Y justo venía Carlos (al que tú conoces porque es el que nos unió) y me decía que el jueves 12 de febrero proyectarán El taxista ful en el Cine Doré con posterior coloquio con Jo Sol. Y entonces tú eras Jose y yo tenía un taxi y te decía: “irenegarry, irenegarry, irenegarry» (tres veces para que te aparecieras como en un espejo, para que la gente se quedase con tu nombre) y tú escribías:
Sobre la colección de arte de Idealista y los gestos absurdos en las urbes absurdas
Y entonces tú decías que querías escribir en un sitio y yo te decía que yo tenía un sitio. Este sitio, mira, lo hacemos aquí. Y luego yo veía El taxista ful, la película de Jo Sol (qué buen nombre, “Jo Sol”), que habla de un hombre que toma prestados (roba) los taxis de los taxistas que no trabajan por la noche para trabajar él y sacarse un dinero para vivir. Y después aparecían Santiago López Petit y Marina Garcés y su colectivo Dinero Gratis (qué buen nombre, “Dinero Gratis”) intentando convencer a Jose, el protagonista, con filigranas teóricas, sobre lo revolucionario que es robar para trabajar: “Frente a lo absurda que es la sociedad, tú le pones un gesto absurdo”. Y Jose contestaba: “no lo entiendo”. Y justo venía Carlos (al que tú conoces porque es el que nos unió) y me decía que el jueves 12 de febrero proyectarán El taxista ful en el Cine Doré con posterior coloquio con Jo Sol. Y entonces tú eras Jose y yo tenía un taxi y te decía: “irenegarry, irenegarry, irenegarry» (tres veces para que te aparecieras como en un espejo, para que la gente se quedase con tu nombre) y tú escribías:
EL PAÍS
