De valer millones de dólares a no llegar a las cuatro cifras: la gran ruina de los NFTs

En enero de 2022, Justin Bieber se compró una imagen digital de un mono aburrido y pagó por él 1,3 millones de dólares. Era el número 3001 de la serie de NFTs Bored Ape Yacht CLUB (BAYC), que entonces estaban arrasando entre los inversores a precios tan poco módicos como ese. Al cabo de unos meses, Bieber persistió: añadió a su colección otro mono electrónico de la misma serie, esta vez el número 3850, por otros 440.000 dólares. Como se ve, los precios ya habían bajado sustancialmente. Pero la cosa no quedó ahí: al año siguiente, y tras la caída generalizada del mercado cripto, ambos activos habían perdido aproximadamente el 90% de su valor, y en el mejor de los casos valían en conjunto unos 120.000 dólares. Brad Troemel, artista y personalidad del entorno digital, publicaba hace unas semanas un post de Instagram en el que recogía este y otros casos de flagrante desastre inversor entre usuarios de las redes sociales que habían adquirido NFTs (una unidad no fungible, un ítem digital único): alguien que compró un dibujo de un animalito manga por 17.000 dólares para ver cómo ahora vale unos 10, otro que ese mismo año se hizo con un mono del estilo de los BAYC por unos 31.000 dólares, lo que entonces parecía un chollo, pero cuyo valor de mercado actual sería prácticamente nulo, y así todo. Ya hace año y medio explicábamos en estas mismas páginas cómo el mercado de los NFTs había caído en picado inmediatamente después de su momento de gloria entre 2021 y 2022. Desde entonces la situación no se ha reconducido, y la mayoría de quienes en su momento creyeron ver en el universo NFT bien un futuro posible para el arte, bien un medio fácil e inmediato para enriquecerse en su mercado, hoy lamentan aquella ofuscación temporal. Los NFTs no solo han demostrado ser un desastre artístico y estético, sino también un fantástico atajo a la bancarrota financiera.

Seguir leyendo

 En enero de 2022, Justin Bieber se compró una imagen digital de un mono aburrido y pagó por él 1,3 millones de dólares. Era el número 3001 de la serie de NFTs Bored Ape Yacht CLUB (BAYC), que entonces estaban arrasando entre los inversores a precios tan poco módicos como ese. Al cabo de unos meses, Bieber persistió: añadió a su colección otro mono electrónico de la misma serie, esta vez el número 3850, por otros 440.000 dólares. Como se ve, los precios ya habían bajado sustancialmente. Pero la cosa no quedó ahí: al año siguiente, y tras la caída generalizada del mercado cripto, ambos activos habían perdido aproximadamente el 90% de su valor, y en el mejor de los casos valían en conjunto unos 120.000 dólares. Brad Troemel, artista y personalidad del entorno digital, publicaba hace unas semanas un post de Instagram en el que recogía este y otros casos de flagrante desastre inversor entre usuarios de las redes sociales que habían adquirido NFTs (una unidad no fungible, un ítem digital único): alguien que compró un dibujo de un animalito manga por 17.000 dólares para ver cómo ahora vale unos 10, otro que ese mismo año se hizo con un mono del estilo de los BAYC por unos 31.000 dólares, lo que entonces parecía un chollo, pero cuyo valor de mercado actual sería prácticamente nulo, y así todo. Ya hace año y medio explicábamos en estas mismas páginas cómo el mercado de los NFTs había caído en picado inmediatamente después de su momento de gloria entre 2021 y 2022. Desde entonces la situación no se ha reconducido, y la mayoría de quienes en su momento creyeron ver en el universo NFT bien un futuro posible para el arte, bien un medio fácil e inmediato para enriquecerse en su mercado, hoy lamentan aquella ofuscación temporal. Los NFTs no solo han demostrado ser un desastre artístico y estético, sino también un fantástico atajo a la bancarrota financiera. Seguir leyendo  

En enero de 2022, Justin Bieber se compró una imagen digital de un mono aburrido y pagó por él 1,3 millones de dólares. Era el número 3001 de la serie de NFTs Bored Ape Yacht CLUB (BAYC), que entonces estaban arrasando entre los inversores a precios tan poco módicos como ese. Al cabo de unos meses, Bieber persistió: añadió a su colección otro mono electrónico de la misma serie, esta vez el número 3850, por otros 440.000 dólares. Como se ve, los precios ya habían bajado sustancialmente. Pero la cosa no quedó ahí: al año siguiente, y tras la caída generalizada del mercado cripto, ambos activos habían perdido aproximadamente el 90% de su valor, y en el mejor de los casos valían en conjunto unos 120.000 dólares. Brad Troemel, artista y personalidad del entorno digital, publicaba hace unas semanas un post de Instagram en el que recogía este y otros casos de flagrante desastre inversor entre usuarios de las redes sociales que habían adquirido NFTs (una unidad no fungible, un ítem digital único): alguien que compró un dibujo de un animalito manga por 17.000 dólares para ver cómo ahora vale unos 10, otro que ese mismo año se hizo con un mono del estilo de los BAYC por unos 31.000 dólares, lo que entonces parecía un chollo, pero cuyo valor de mercado actual sería prácticamente nulo, y así todo. Ya hace año y medio explicábamos en estas mismas páginas cómo el mercado de los NFTs había caído en picado inmediatamente después de su momento de gloria entre 2021 y 2022. Desde entonces la situación no se ha reconducido, y la mayoría de quienes en su momento creyeron ver en el universo NFT bien un futuro posible para el arte, bien un medio fácil e inmediato para enriquecerse en su mercado, hoy lamentan aquella ofuscación temporal. Los NFTs no solo han demostrado ser un desastre artístico y estético, sino también un fantástico atajo a la bancarrota financiera.

Tras los encierros estrictos derivados de la pandemia de la covid-19, que había aumentado la implantación de las transacciones digitales en los distintos órdenes de la vida, el comercio de NFTs, percibidos además como activos novedosos y con futuro, vivió un rápido incremento, también en el mercado del arte. Aunque desde 2017 ya se habían empezado a comercializar este tipo de, digamos, obras artísticas (Curio Cards fue, ese año, la primera colección de NFTs en la blockchain Ethereum), 2021 y principios de 2022 compondrían el periodo en el que el mercado alcanzó su mejor momento, con casos como la venta del vídeo Everydays: the First 5000 Days, del artista digital Mike Winklemann, Beeple, por 69,35 millones de dólares en marzo de 2021, y después HUMAN ONE del mismo autor (28,9 millones), Right-Click and Save As Guy, de XCOPY (más de 7 millones), o la que está registrada como la obra de arte NFT vendida por un precio más elevado, una imagen digital de dos esferas fusionándose que remite a un signo de infinito llamada The Merge, del artista Pak: se vendió por un precio total de 91,8 millones de dólares a repartir entre un conjunto de 29.000 coleccionistas en diciembre de 2021.

Es importante apuntar que el perfil de estos compradores no se corresponde con el del coleccionista de arte, sino que está más cerca de los criptoinversores y los especuladores financieros, pese a la coartada artística de los activos. Sería difícil estimar el valor actual de estas obras en su día absurdamente caras, ya que permanecen como casos únicos, y en el panorama actual habría que determinar si alguien querría adquirirlas por algún precio, o si a sus propietarios actuales les parecería bien deshacerse de ellas por lo que el mercado les daría a cambio. Si cualquier cosa vale ni más ni menos que lo que alguien esté dispuesto a pagar por ella, variable que en el arte resulta especialmente difícil de predecir (de ahí el interés de las subastas y el nerviosismo que suelen generar entre los aficionados y los directamente involucrados), esto aún se acentúa más en el caso de los NFTs.

El último informe sobre el mercado del arte publicado por el gigante internacional de las ferias Art Basel, The Art Basel and UBS Global Art Market Report 2025, dedicaba todo un apartado a los NFT, a cargo de Gauthier Zuppinger, CEO y fundador de NFT18.com, plataforma surgida como apoyo a los inversores en este ámbito. Esto indica Zuppinger en su informe: “A medida que las ventas de NFT vinculados al arte se disparaban en 2021, la atención se centró en gran medida en su valor financiero y en el retorno de la inversión, mientras que los retos tecnológicos que planteaba este nuevo medio se cuestionaban con mucha menor frecuencia: se trataba, sobre todo, de subirse al tren a tiempo. Pero en 2025, cuando el valor agregado de las ventas se ha estabilizado en un nivel considerablemente más bajo, empiezan a surgir preguntas sobre qué ha sido de todas las promesas del movimiento del arte digital”.

También explica Zuppinger que, superados sus picos de 2021, el mercado global de los NFT ha atravesado un continuo declive hasta que, a finales de 2024, se recuperó parcialmente para regresar más o menos hasta los niveles de volumen observados antes del inicio del alza, allá por 2020 (aquellos enormes picos siguientes nunca se han igualado). Este modesto rebote no fue casual, ya que coincidió con los resultados de las últimas elecciones presidenciales de los Estados Unidos, ganadas por Donald Trump, el actual presidente, acérrimo defensor del mercado de los criptoactivos. Según apunta el analista, “un CryptoPunk [otra serie de imágenes digitales, inspirada en la estética cyberpunk y desarrollada por el estudio norteamericano Larva Labs] seguía vendiéndose por unos 120.000 dólares a finales de 2024”. Sin embargo, procede apuntar que el Crypto Punk más caro, el número 5822, se vendió en febrero de 2022 por unos muy superiores 23,7 millones.

También es representativo que un NFT del primer tuit del fundador de Twitter, Jack Dorsey, alcanzara los 2,9 millones de dólares al venderse en marzo de 2021, pero su posterior intento de reventa supuso una caída en picado. Cuando su comprador, el criptoempresario malayo de origen iraní Sina Estavi, volvió a sacarlo al mercado en abril de 2022, obtuvo como puja más alta la cifra de 280 dólares. Según un informe de la plataforma de análisis y seguimiento de datos DappRadar, que se centra en el ecosistema de la Web 3.0, donde opera como uno de los “audímetros” del mundo cripto, entre el momento álgido de 2021 y principios de 2025 las ventas perdieron un 93% de su valor, desde los 2.900 millones de dólares anuales que acumulaba en su mejor momento. En 2024 la cifra sería de 197 millones, y habría pasado a los 23,8 millones en el primer trimestre de 2025. Mientras, según el mismo informe, los precios medios de las transacciones de NFTs pasaron de 2.044 dólares en 2021 a unos 400 dólares en 2023, que es más o menos el importe al que habrían vuelto en 2025 tras la ligera alza del año anterior.

Según explica el diario británico The Independent, a finales del 2025 la oferta más alta para adquirir uno de los Bored Apes que compró Justin Bieber sería hoy de unos 2.800 dólares. Y aún habría que considerar que no se trata de uno de los peores casos, ya que según algunos estudios es probable que el 95% de los NFTs artísticos no tenga en la actualidad ningún valor.

Muy oportunamente, algunos de los más beneficiados por la burbuja de los NFTs se las han arreglado para mantenerse en el lado luminoso de la vida después de la gran debacle. Es el caso del artista Beeple, que en la última edición de Art Basel Miami Beach, celebrada el pasado diciembre, consiguió que su último trabajo fuera no solo el más reproducido en medios y redes sociales, sino también una de las operaciones económicas más ventajosas de la feria. La pieza se llamaba Regular Animals, se encontraba en una nueva sección de arte digital de la feria, Zero 10, y consistía en una instalación de robots caninos con cabezas que reproducían los rasgos de artistas adorados por el mercado como Pablo Picasso o Andy Warhol, y de magnates también enriquecidos con el universo tecnológico como Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg o el propio Beeple. Al desplazarse por una especie de parque acotado, los robots tomaban fotos de su entorno y expulsaban certificados de autenticidad a modo de defecaciones. Un código QR impreso en esos certificados permitía a los compradores adquirir los NFTs asociados a esas imágenes. Pero, además, los robots se habían producido por duplicado –era, pues, una serie de dos, más una prueba de artista- y cada una de esas copias tenía un precio de 100.000 dólares. Todos ellos –excepto el de Bezos, que no estaba a la venta- se vendieron antes de que la feria abriera al público, durante la primera jornada para visitantes VIP.

 EL PAÍS 

Noticias Similares