El váter de la duquesa de Alba

Esta semana una revista que muestra casas de esas que no se pagan con una hipoteca a 30 años ha publicado una imagen también impagable: un váter de porcelana blanca con la tapa forrada con una especie de tapete de raso con volantes. Sobre toda la loza del inodoro, en color rosa, se despliegan los mismos motivos que en el papel de la pared, una especie de toile de Jouy, el estampado favorito de los nobles franceses, que normalmente representa instantes bucólicos de la vida campesina. En este caso, el elemento central es una rosa con nombre propio, la Ronsard, bautizada así en homenaje a un poeta de esos aduladores, tan amigos del dinero como de los versos, que solía amenizar las veladas lúdicas de la gente bien. Cuando uno está en lo más alto de la cúspide social puede cultivar jardines y en ellos flores con características únicas a las que se les puede dar apellido. Explica la usuaria del excusado, la futura duquesa de Alba, que este es para ella “un pequeño refugio neorrococó donde comienza y termina el día, lejos del ritmo frenético que marca su agenda”. Los bienpensantes imaginarán que su jornada empieza y acaba ahí porque suele ser este el mismo espacio donde está el lavabo y el espejo en el que una dama comme il faut se maquilla para ofrecer al mundo su mejor rostro en las horas de frenesí. De hecho, también forma parte del reportaje un tocador sobre el que reposa un frasco del perfume que es la causa última por la que ha dejado que invadan su intimidad de semejante manera: su linaje ahora produce alta perfumería y necesita publicitarla. Marcel Duchamp revolucionó el arte en el siglo XX al desafiar la noción tradicional de belleza al convertir un urinario en una fuente. Quizá sea esta intención iconoclasta la que persigue la familia más noble de España al mostrar su trono al público. O tal vez un adulador les asesoró. Qué poético es ver a los que están en la cúspide social y viven en casas de ensueño meterse en jardines.

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 Esta semana una revista que muestra casas de esas que no se pagan con una hipoteca a 30 años ha publicado una imagen también impagable: un váter de porcelana blanca con la tapa forrada con una especie de tapete de raso con volantes. Sobre toda la loza del inodoro, en color rosa, se despliegan los mismos motivos que en el papel de la pared, una especie de toile de Jouy, el estampado favorito de los nobles franceses, que normalmente representa instantes bucólicos de la vida campesina. En este caso, el elemento central es una rosa con nombre propio, la Ronsard, bautizada así en homenaje a un poeta de esos aduladores, tan amigos del dinero como de los versos, que solía amenizar las veladas lúdicas de la gente bien. Cuando uno está en lo más alto de la cúspide social puede cultivar jardines y en ellos flores con características únicas a las que se les puede dar apellido. Explica la usuaria del excusado, la futura duquesa de Alba, que este es para ella “un pequeño refugio neorrococó donde comienza y termina el día, lejos del ritmo frenético que marca su agenda”. Los bienpensantes imaginarán que su jornada empieza y acaba ahí porque suele ser este el mismo espacio donde está el lavabo y el espejo en el que una dama comme il faut se maquilla para ofrecer al mundo su mejor rostro en las horas de frenesí. De hecho, también forma parte del reportaje un tocador sobre el que reposa un frasco del perfume que es la causa última por la que ha dejado que invadan su intimidad de semejante manera: su linaje ahora produce alta perfumería y necesita publicitarla. Marcel Duchamp revolucionó el arte en el siglo XX al desafiar la noción tradicional de belleza al convertir un urinario en una fuente. Quizá sea esta intención iconoclasta la que persigue la familia más noble de España al mostrar su trono al público. O tal vez un adulador les asesoró. Qué poético es ver a los que están en la cúspide social y viven en casas de ensueño meterse en jardines. Seguir leyendo  

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Marcel Duchamp revolucionó la historia del arte del siglo XX con un urinario. ¿Qué consigue la futura duquesa de Alba mostrando su ‘toilet’?

‘Fuente’ de Marcel Duchamp (1917) es una de las obras más representativas del arte moderno. El artista francés la firmó con el seudónimo de R. Mutt.Tate © Herederos Marcel Duchamp/ París y DACS, Londres 2007
Raquel Peláez

Esta semana una revista que muestra casas de esas que no se pagan con una hipoteca a 30 años ha publicado una imagen también impagable: un váter de porcelana blanca con la tapa forrada con una especie de tapete de raso con volantes. Sobre toda la loza del inodoro, en color rosa, se despliegan los mismos motivos que en el papel de la pared, una especie de toile de Jouy, el estampado favorito de los nobles franceses, que normalmente representa instantes bucólicos de la vida campesina. En este caso, el elemento central es una rosa con nombre propio, la Ronsard, bautizada así en homenaje a un poeta de esos aduladores, tan amigos del dinero como de los versos, que solía amenizar las veladas lúdicas de la gente bien. Cuando uno está en lo más alto de la cúspide social puede cultivar jardines y en ellos flores con características únicas a las que se les puede dar apellido. Explica la usuaria del excusado, la futura duquesa de Alba, que este es para ella “un pequeño refugio neorrococó donde comienza y termina el día, lejos del ritmo frenético que marca su agenda”. Los bienpensantes imaginarán que su jornada empieza y acaba ahí porque suele ser este el mismo espacio donde está el lavabo y el espejo en el que una dama comme il faut se maquilla para ofrecer al mundo su mejor rostro en las horas de frenesí. De hecho, también forma parte del reportaje un tocador sobre el que reposa un frasco del perfume que es la causa última por la que ha dejado que invadan su intimidad de semejante manera: su linaje ahora produce alta perfumería y necesita publicitarla. Marcel Duchamp revolucionó el arte en el siglo XX al desafiar la noción tradicional de belleza al convertir un urinario en una fuente. Quizá sea esta intención iconoclasta la que persigue la familia más noble de España al mostrar su trono al público. O tal vez un adulador les asesoró. Qué poético es ver a los que están en la cúspide social y viven en casas de ensueño meterse en jardines.

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