La nueva obra de Alda Lozano: «Es una historia de terror, de fantasmas reales. La prostitución la consume cualquier hombre de a pie»

<p>La planta baja del Teatro María Guerrero alberga uno de los secretos mejor guardados del Centro Dramático Nacional. A primera vista parece una sala pequeña, gris, con un escenario no demasiado espacioso y muy poco aforo que cubrir. Aun con ello, la Sala de la Princesa tiene poco que envidiarle a su hermana mayor, la que está en la planta superior, pues en ella se llevará a cabo la obra <i>Utopía en llamas</i>. Al abrirse las puertas de entrada, <strong>los focos de luz y el atrezo envuelven directamente al espectador</strong>, mientras el equipo trabaja sin parar para pulir los detalles que todavía faltan por cuadrar antes del estreno, que será esta tarde. «A mí me gusta mucho más esta sala porque es más íntima y recogida», comenta alguien en medio del vaivén de los preparativos.</p>

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 El proyecto Utopía en llamas, escrito y protagonizado por Alda Lozano, reflexiona sobre la prostitución y la trata mientras desenmascara a sus verdaderos responsables  

La planta baja del Teatro María Guerrero alberga uno de los secretos mejor guardados del Centro Dramático Nacional. A primera vista parece una sala pequeña, gris, con un escenario no demasiado espacioso y muy poco aforo que cubrir. Aun con ello, la Sala de la Princesa tiene poco que envidiarle a su hermana mayor, la que está en la planta superior, pues en ella se llevará a cabo la obra Utopía en llamas. Al abrirse las puertas de entrada, los focos de luz y el atrezo envuelven directamente al espectador, mientras el equipo trabaja sin parar para pulir los detalles que todavía faltan por cuadrar antes del estreno, que será esta tarde. «A mí me gusta mucho más esta sala porque es más íntima y recogida», comenta alguien en medio del vaivén de los preparativos.

Alda Lozano, autora y actriz principal de Utopía en llamas sale entonces del escenario, como atravesando la cuarta pared. Está sonriente, -casi nerviosa- con ganas de dar voz a la que es hoy una realidad latente para muchas mujeres y niñas. Viste de morado, también como un homenaje a las que ya no están: ella pone voz a las víctimas de prostitución y tráfico de mujeres. Y su elección de vestimenta no es lo único que sobresale, también lo hacen los asientos del público, todos de diferentes formas, tamaños y colores, que impulsan la idea de que cualquier persona puede ser culpable de la situación, de forma consciente o inconsciente. «Cada uno es una silla distinta», revela la dramaturga.

El proyecto, dirigido por Concha Delgado y Sandra Ferrús, nace como una lucha contra la normalización del sexo de pago. «Es una obra que tiene de fondo una historia de terror, una historia de fantasmas reales. La protagonizan dos mujeres de origen nigeriano víctimas de trata, pero lo que realmente intenta retratar es a los responsables de uno de los delitos más graves contra la vida humana». La obra sitúa a Lozano a la cabeza, interpretando los papeles femeninos, junto a un equipo de actores masculinos que simbolizan -de nuevo- la idea de que cualquiera puede ser cómplice. «Realmente, el putero puede ser tu padre, tu hermano, tu novio, tu colega, el conductor del bus, el taxista, el profesor, el médico de familia… Y eso es lo que resulta espeluznante», enumera, como si leyera su propio guion. Es a partir de esta evocación que Lozano hace un llamamiento a la conciencia y la responsabilidad social frente a lo que ya constituye un problema en España.

Utopía en llamas toma su nombre de un club de prostitución donde la única salida es el fuego: «Dejar el crimen en las cenizas». Para la autora, el texto está estructurado a partir de un cómputo de escenas que muestran el lado oculto detrás del servicio. «Es un collage de situaciones en las que el espectador simpatiza y empatiza con el putero como ocurre en la calle, como ocurre en tu casa, como ocurre en tu círculo social. Al mismo tiempo, tiene que ser testigo de ver la cara B de esa moneda», señala.

Los datos muestran que España ostenta el primer puesto en demanda de prostitución en Europa y el tercero en el mundo. Lozano confirma, además, que más del 80% de las mujeres y niñas que participan en este servicio son víctimas de tráfico. Dos dudosas medallas que la artista lleva tiempo analizando para consolidar el texto de Utopía en llamas: «Tenía algunas pautas como que sí había turismo sexual aquí, pero no me imaginaba hasta qué punto. Lo que sí sé con certeza es que el país es protagonista en estas fechorías», sentencia. La propia autora reconoce haber estado desinformada e, incluso, haber normalizado esta realidad cuando se trataba de un ser querido. Para ella, todo desemboca en la idea de que la pobreza es la que nos aleja de la empatía. «Pongamos que una mujer española, ni siquiera menor, es víctima de una violación, entonces hay consenso social de que esto no se puede hacer», comienza. Y añade: «En cambio, si esa víctima viene de otro país, parece que, como es extranjera y como sus condiciones económicas le han podido llevar a tener que tomar esa decisión, ya es apta para ser violada».

Utopía en llamas plantea una pregunta: ¿Quiénes son los culpables de que esta práctica esté regularizada? Lozano responde inmediatamente, sin dudar ni un segundo: «Todos. Desde los que han consumido y, por lo tanto, son cómplices y responsables, los que no quieren ver o normalizan estas prácticas, hasta los que tenemos gente alrededor que queremos y conocen el servicio, y por una cuestión de desigualdad económica y racismo llegamos a ver a las víctimas como si fueran de segunda». A través de la obra, la actriz principal y autora del texto desvela la identidad de estos culpables, la de todos aquellos hombres que pagan por sexo. Y no solo eso, sino que también baja del plano abstracto a las mujeres que día tras día viven esta realidad. El proyecto se articula como una búsqueda de la justicia moral y pone el foco en una realidad tabú en el imaginario colectivo de la sociedad. «La prostitución la consume el policía, la consume el político y la consume cualquier hombre de a pie. Nadie quiere sacar a la luz este delito». Lozano reivindica el estigma que se sitúa sobre las mujeres, mientras el hombre, a menudo, permanece impune. Utopía en llamas se nutre de esta reflexión para centrarse en desenmascarar a los posibles responsables.

Al final del día, cuando el telón se baje y el teatro cierre sus puertas al público; cuando los artistas aún estén recogiendo sus pertenencias, solo quedará la idea de que la prostitución y la trata están estrechamente ligadas, y los culpables de ello ya se encuentran entre nosotros. Cuando los focos se apaguen, el día del estreno, la única moraleja que seguirá resonando es que debemos dejar de normalizar que hay personas que no tienen los mismos derechos que el resto por cuestiones tan fortuitas como su lugar de nacimiento o su color de piel.

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