Si esto fuera la Bolsa, abriría las secciones de economía. El sector de la música en directo vive tiempos históricos. Después de las tragedias y angustias que padecieron los promotores durante la pandemia en 2020, la industria va como un cohete. Según la Asociación de Promotores Musicales (APM), la facturación por conciertos de música en España cerró en 2025 el cuarto ejercicio consecutivo de récord tras crecer un 11 por ciento y facturar 807 millones de euros. Y todo en vísperas de un año, el presente, que a buen seguro destrozará el registro actual, con giras masivas como las de Bad Bunny, Rosalía y Shakira, entre muchas otras, que pasan por nuestro país.
El ascenso del público se nota en la calle y especialmente en las redes. Elijan cualquiera de las explicaciones para entender por qué: los conciertos se han convertido en el lugar del que presumir y sufrir si no se asiste. El FOMO (“fear of missing out”), es decir, el miedo a quedarse fuera, impulsa la venta de entradas tanto como el fenómeno fan de toda la vida. La adquisición de entradas se ha convertido en un bien de lujo y una señal de estatus social, una suerte de capital cultural o de prestigio al que todo el mundo quiere acceder. La pandemia instaló en el subconsciente colectivo el valor de las experiencias físicas. Cada vez se hace más y mejor música, o, al menos, más diversa. Los gustos del público son amplios. Los artistas veteranos siguen ahí mientras se han seguido incorporando a lo largo de las décadas una larguísima lista de nuevos creadores. Al aumento de la facturación, añádanle otro, según Pascual Egea, presidente de la APM: “Está cambiando la tendencia. Hya un gran aumento de los conciertos de estadio, de los de ‘’hard ticket’’, esos que se compran para ver el concierto de un solo artista y un espectáculo, algo que ya sucedía en países de nuestro entorno y que está llegando a España”, avanzó. ¿Está el público dando la espalda a los festivales? “Bueno, su caída se explica también por el trato que reciben los asistentes, o porque no quieren ver un show reducido de una hora. Es una tendencia general”, explicó este portavoz.
El ascenso de la facturación también tiene una explicación: la subida del ticket medio. “El crecimiento tiene algo de ambas cosas: de la mayor venta de entradas y de la subida de precios. Pero no es un capricho: los gastos han subido muchísimo desde la pandemia y ahora, con la guerra, otra vez. Los de logística, los de personal, materiales… de todo. Eso siempre repercute”, dijo Egea. “En algún momento se han criticado los gastos de las entradas VIP, pero eso es otra cosa: ahí entra un servicio”. Se repite el patrón de 2024 y Madrid y Cataluña concentraron más de la mitad de la recaudación del país, más de 237 millones en el caso de la primera, cerca de los 137 en el caso de la segunda. Les sigue Andalucía, con 108 millones tras descender ligeramente por una caída en venta de entradas en Sevilla.
Joaquín Sabina fue el artista de mayor éxito en España con su gira de despedida de los escenarios al reunir a más de 380.000 espectadores en 41 conciertos. Le pisó los talones Manuel Carrasco (367.000 y 31 conciertos), a mucha distancia de Antonio Orozco (170.300 en 32 conciertos) y de Aitana, aunque esta reunió a 153.200 espectadores en solo 3 conciertos de estadio. Entre los artistas foráneos, Ed Sheeran aglutinó a más espectadores que nadie (unos 137.000 en solo dos conciertos), por delante de Imagine Dragons (más de 112.000 en 2 conciertos) y AC/DC (103.000 en 2 conciertos también). Sorprende ver en esa lista a Chayanne, cuarto tras reunir a cerca de 100.000 espectadores en 9 conciertos.
La industria registra récord de facturación por cuarto año consecutivo, crece un 11 por ciento y factura 807 millones de euros Música, Cultura, Home La Razón Noticias sobre Música en La Razón
