Daniel Avery (Bournemouth, 39 años) insiste en que Tremor, su quinto álbum, es un disco sobre la libertad: “Esa es la palabra que lo define todo”. Aunque lo diga en Madrid, donde ha venido para pinchar, no se refiere al concepto ayusista de la libertad, sino al sonido. “La distorsión tiene vida propia. Cambia, se mueve. Es un ruido humano”, dice. El músico, productor y dj es un obseso de las texturas que pueden formar determinadas notas y habla del sonido como si fuera una materia, algo que se puede moldear, comprimir o dejar respirar.
Daniel Avery (Bournemouth, 39 años) insiste en que Tremor, su quinto álbum, es un disco sobre la libertad: “Esa es la palabra que lo define todo”. Aunque lo diga en Madrid, donde ha venido para pinchar, no se refiere al concepto ayusista de la libertad, sino al sonido. “La distorsión tiene vida propia. Cambia, se mueve. Es un ruido humano”, dice. El músico, productor y dj es un obseso de las texturas que pueden formar determinadas notas y habla del sonido como si fuera una materia, algo que se puede moldear, comprimir o dejar respirar. Seguir leyendo EL PAÍS
