En solfa: Músicas sacras para Semana Santa

Semana Santa tiene la virtud poco frecuente de provocar reacciones opuestas con la misma intensidad. Unos sienten la llamada irresistible de la calle, el incienso, la muchedumbre apretada en una esquina esperando que doblen en la curva imposible esos pasos que pesan toneladas y que sin embargo avanzan con una gracia que no se explica del todo. Otros, y me cuento entre ellos según el día, encontramos que la mejor forma de celebrar estos días es con un buen libro, una copa de algo decente y música que esté a la altura de lo que se conmemora. Porque hay repertorio para dar y tomar, y mucho de él se escucha demasiado poco el resto del año.

Empezaré por Cristóbal de Morales, que es empezar por el principio y además por lo mejor. Existe un disco extraordinario del Gabrieli Consort bajo la dirección de Paul McCreesh que recoge su «Officium defunctorum», la «Missa pro Defunctis» y el «Requiem por Felipe II», este último muy cercano a mis estos días, por encontrarme en la villa donde falleció. Toda la belleza y potencia de Morales se concentra en estas partituras.

Bach es obligado. Entre las cantatas, la «Ich will den Kreuzstab gerne tragen» —»llevaré de buen grado la cruz»— tiene una resignación que no es tristeza sino algo más sereno y más hondo. Fischer-Dieskau y Karl Richter con la Orquesta Münchener Bach es la referencia clásica; la versión de Olaf Bär añade además la «Ich habe genug», que es una de esas piezas que conviene escuchar al menos una vez en la vida antes de morir. Y por supuesto las Pasiones: la de San Mateo con Klemperer para quien prefiera la arquitectura monumental, con Karajan para quien quiera también la belleza. Y, por supuesto las dos de Karl Richter. En 1958 era un joven con una idea clara y la energía para imponerla. En 1979 era ya un hombre que conocía cada compás como uno conoce su propio nombre, y eso se nota en los tempi, más anchos, más cargados, como quien camina sin prisa porque sabe que llegará. Hay quien ha reprochado a esta versión cierta pesantez. Yo lo llamaría gravedad. No es lo mismo. Las cuatro con solistas formidables.

Para el Stabat Mater hay una grabación que se resiste al paso del tiempo: la de Pergolesi y Scarlatti con Teresa Berganza y Mirella Freni, dirigidas por Ettore Gracis y Charles Mackerras respectivamente. Dos voces que se complementan de un modo que roza lo improbable. Si se quiere algo más reciente y de una sola pieza, el Stabat Mater de Rossini -que suele olvidarse en estas listas- tiene versiones espléndidas, entre ellas la de Giulini con la Philharmonia que merece más atención de la que recibe.

Los Requiem son capítulo aparte. Mozart y Verdi son las dos cumbres del género, aunque por razones completamente distintas. Para Mozart hay versiones para todos los temperamentos: las llamadas históricamente informadas de Gardiner o Hogwood, limpias y transparentes, o las más personales de Bernstein o Karajan, donde el director pesa tanto como el compositor. Yo me quedo con Abbado. Para Verdi, recomiendo el video de YouTube con Karajan con Price, Cossotto, Pavarotti y Ghiaurov, que es una lección de cómo cuatro voces pueden hacer que una sala entera contenga el aliento, y el de Abbado con Scotto, Horne, Pavarotti y Ghiaurov, que tiene otra tensión, más íntima y más oscura. Hay también un vídeo del mismo Abbado preparando el Lux Aeterna con distintos solistas, entre ellos una Montserrat Caballé que hubiera cumplido anteayer 93 años. No lo dejen pasar. Y no olviden el Réquiem de Dvořák, recientemente programado en Madrid, más desconocido, más sombrío, con su oscuridad eslava. La grabación con Pilar Lorengar e István Kertész es el punto de entrada ideal.

Para terminar con algo menos solemne, la Messa di Gloria de Puccini, que es Puccini incluso en misa. Antonio Pappano con la London Symphony, Roberto Alagna y Thomas Hampson: una elección que no defrauda. Y si tienen tiempo y apetito para algo más, el Tenebrae de Victoria -otro polifonista español que el mundo conoce casi mejor que nosotros- en la versión de Peter Phillips con el Tallis Scholars. Es uno de esos discos que cambian la idea que uno tiene del silencio.

 En Semana Santa hay una enorme variedad de piezas que vienen a caso: algunas obvias, otras, no tanto  Música, Cultura, Home La Razón Noticias sobre Música en La Razón

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