La reciente carta abierta en defensa de la participación de Israel en el Festival de Eurovisión que secundaba que la música es un «lenguaje universal» y un «espacio de unidad» que debe estar por encima de la política, firmada por más de un millar de personalidades internacionales de la industria cultural, entre ellas la actriz Helen Mirren y el músico Gene Simmons; ha tenido una inmediata respuesta de otros tantos artistas, músicos y personalidades de la cultura que se han unido para promover un boicot al concurso musical más importante del Viejo Continente hasta que la expulsión de Israel se haga efectiva. Una acción que también respalda el presidente de RTVE, José Pablo López, quien a través de sus redes sociales se ha vuelto a pronunciar indicando que seguir adelante con el festival como si nada pasara es una forma de «maquillar» o ignorar las acusaciones de genocidio.
«La cultura no es un cosmético para blanquear la barbarie», ha escrito en su perfil de X sobre el genocidio en Gaza y la participación de Israel en Eurovisión 2026, acusando a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) de seguir «escondiendo la cabeza bajo el ala para no perder el negocio» y preferir ignorar la situación política y las protestas sociales al priorizar la continuidad del evento. «Desde RTVE lo decimos claro: no hay música que pueda tapar este horror ni negocio que lo justifique. Se acabó el teatro», ha añadido tajante, desmarcándose así de la organización central para denunciar lo que considera una falta de ética, exigiendo que la cultura sea coherente con la realidad del mundo.
Esta ratificación del máximo mandatario del ente público español camina de la mano de la plataforma ‘No music for genocide’ (No hay música para el genocidio), una iniciativa que ya aglutina a más de un millar de profesionales del arte. En su manifiesto, los firmantes denuncian la «hipocresía» de la UER al mantener un doble rasero frente a los conflictos bélicos. En ese sentido, recuerdan que, mientras Rusia permanece vetada desde 2022 para no «desprestigiar la competición» tras la invasión de Ucrania, la organización permite que Israel participe por tercer año consecutivo tras el estallido del conflicto en Gaza. «Nos negamos a callar. Nos negamos a ser cómplices», reza el documento, que señala directamente el uso del festival para «normalizar» la ocupación militar y el bloqueo palestino.
El boicot no solo cuenta con el respaldo de figuras internacionales de la talla de Brian Eno, Massive Attack, Sigur Rós o Macklemore, sino que ha calado profundamente en el corazón de la propia familia eurovisiva. Entre los firmantes destacan ganadores del certamen como Emmelie de Forest o Charlie McGettigan, además de voces españolas como la de Blanca Paloma. Todos ellos aplauden la que denominan «retirada basada en principios» de las cadenas públicas que, como la española, han decidido dejar sus micrófonos apagados en Viena.
La carta abierta lanza además una pregunta ética: ¿Cómo puede un artista participar con la conciencia tranquila mientras se destruye la infraestructura cultural de Gaza? Para este nutrido grupo de intelectuales, el silencio pasivo ha dejado de ser una opción. Al igual que ocurriera con la oposición artística al apartheid en Sudáfrica, el sector cultural busca ahora que su ausencia en Eurovisión 2026 sea el mensaje más potente, transformando el histórico escenario del concurso en un símbolo de resistencia frente a lo que consideran una «banda sonora» para la violencia genocida.
Con España, Irlanda, Países Bajos y Eslovenia fuera del certamen como protesta ante la presencia de Israel y con el presidente de una de las televisiones más importantes del «Big Five» usando términos como «blanquear la barbarie», el festival de Viena 2026 que se celebrará del 12 al 16 de mayo se presenta como un evento fracturado donde el silencio de la organización es interpretado por muchos como una toma de posición política.
Carta abierta completa
Este mayo, se espera que millones de personas sintonicen el 70.º Festival de Eurovisión. Por tercer año consecutivo, verán a Israel celebrado en el escenario a pesar del genocidio que sigue cometiendo en Gaza, mientras que Rusia permanece vetada por su invasión ilegal de Ucrania. Como músicos y trabajadores culturales, muchos de nosotros residentes en la Unión Europea de Radiodifusión (UER), rechazamos que Eurovisión se utilice para encubrir y normalizar el genocidio, el bloqueo y la brutal ocupación militar israelí contra los palestinos.
Nos solidarizamos con los llamamientos palestinos a las emisoras públicas, artistas, organizadores de eventos, equipos técnicos y aficionados para que boicoteen Eurovisión hasta que la UER vete a la emisora israelí cómplice KAN. Aplaudimos la retirada, basada en principios, de las emisoras españolas, irlandesas, islandesas, eslovenas y neerlandesas, y de los numerosos finalistas de las selecciones nacionales que se han comprometido a no participar en Eurovisión. Al igual que los artistas se opusieron a la opresión en Sudáfrica, nos mantenemos unidos ahora.
El presidente del Israel del apartheid, Isaac Herzog —mencionado en la denuncia de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia por incitación al genocidio— ha desempeñado un papel fundamental en la presión ejercida sobre las cadenas de televisión para que no prohíban la participación de Israel en el concurso, el evento musical en directo más visto del mundo.
Las hipócritas respuestas de la UER a los crímenes de Rusia e Israel han disipado cualquier ilusión sobre la supuesta «neutralidad» de Eurovisión. En 2022, la UER declaró que la presencia de Rusia «desprestigiaría la competición». Sin embargo, más de 30 meses de genocidio en Gaza —junto con la limpieza étnica y el robo de tierras en la asediada Cisjordania— no se consideran suficientes para aplicar la misma política a Israel. ¿Cómo puede un artista o un aficionado a Eurovisión participar con la conciencia tranquila en la próxima edición del concurso en Austria, en medio de los planes estadounidenses e israelíes para establecer campos de concentración con vigilancia extrema en la «Nueva Gaza»? Hay momentos en que el silencio pasivo no es una opción.
Nos negamos a guardar silencio cuando la violencia genocida de Israel pone banda sonora y silencia las vidas palestinas. Cuando los niños en las cárceles israelíes sufren palizas por tararear una melodía. Cuando de casi todos los escenarios, estudios, librerías y universidades de Gaza solo quedan montones de escombros, bajo los cuales los cuerpos masacrados aún esperan ser recuperados y recibir un entierro digno.
Como artistas, reconocemos nuestra capacidad de acción colectiva y el poder de la resistencia. Nos negamos a callar. Nos negamos a ser cómplices. Hacemos un llamado a otros en nuestra industria para que se unan a nosotros. Y nos solidarizamos con todos los esfuerzos basados en principios para acabar con la complicidad en todas las industrias.
No hay lugar para el genocidio. #BoicotEurovisión.
José Pablo López se ha alineado con la plataforma ‘No music for genocide’ para denunciar que la música no puede utilizarse para «blanquear» la situación en Gaza
La reciente carta abierta en defensa de la participación de Israel en el Festival de Eurovisión que secundaba que la música es un «lenguaje universal» y un «espacio de unidad» que debe estar por encima de la política, firmada por más de un millar de personalidades internacionales de la industria cultural, entre ellas la actriz Helen Mirren y el músico Gene Simmons; ha tenido una inmediata respuesta de otros tantos artistas, músicos y personalidades de la cultura que se han unido para promover un boicot al concurso musical más importante del Viejo Continente hasta que la expulsión de Israel se haga efectiva. Una acción que también respalda el presidente de RTVE, José Pablo López, quien a través de sus redes sociales se ha vuelto a pronunciar indicando que seguir adelante con el festival como si nada pasara es una forma de «maquillar» o ignorar las acusaciones de genocidio.
«La cultura no es un cosmético para blanquear la barbarie», ha escrito en su perfil de X sobre el genocidio en Gaza y la participación de Israel en Eurovisión 2026, acusando a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) de seguir «escondiendo la cabeza bajo el ala para no perder el negocio» y preferir ignorar la situación política y las protestas sociales al priorizar la continuidad del evento. «Desde RTVE lo decimos claro: no hay música que pueda tapar este horror ni negocio que lo justifique. Se acabó el teatro», ha añadido tajante, desmarcándose así de la organización central para denunciar lo que considera una falta de ética, exigiendo que la cultura sea coherente con la realidad del mundo.
Esta ratificación del máximo mandatario del ente público español camina de la mano de la plataforma ‘No music for genocide’ (No hay música para el genocidio), una iniciativa que ya aglutina a más de un millar de profesionales del arte. En su manifiesto, los firmantes denuncian la «hipocresía» de la UER al mantener un doble rasero frente a los conflictos bélicos. En ese sentido, recuerdan que, mientras Rusia permanece vetada desde 2022 para no «desprestigiar la competición» tras la invasión de Ucrania, la organización permite que Israel participe por tercer año consecutivo tras el estallido del conflicto en Gaza. «Nos negamos a callar. Nos negamos a ser cómplices», reza el documento, que señala directamente el uso del festival para «normalizar» la ocupación militar y el bloqueo palestino.
El boicot no solo cuenta con el respaldo de figuras internacionales de la talla de Brian Eno, Massive Attack, Sigur Rós o Macklemore, sino que ha calado profundamente en el corazón de la propia familia eurovisiva. Entre los firmantes destacan ganadores del certamen como Emmelie de Forest o Charlie McGettigan, además de voces españolas como la de Blanca Paloma. Todos ellos aplauden la que denominan «retirada basada en principios» de las cadenas públicas que, como la española, han decidido dejar sus micrófonos apagados en Viena.
La carta abierta lanza además una pregunta ética: ¿Cómo puede un artista participar con la conciencia tranquila mientras se destruye la infraestructura cultural de Gaza? Para este nutrido grupo de intelectuales, el silencio pasivo ha dejado de ser una opción. Al igual que ocurriera con la oposición artística al apartheid en Sudáfrica, el sector cultural busca ahora que su ausencia en Eurovisión 2026 sea el mensaje más potente, transformando el histórico escenario del concurso en un símbolo de resistencia frente a lo que consideran una «banda sonora» para la violencia genocida.
Con España, Irlanda, Países Bajos y Eslovenia fuera del certamen como protesta ante la presencia de Israel y con el presidente de una de las televisiones más importantes del «Big Five» usando términos como «blanquear la barbarie», el festival de Viena 2026 que se celebrará del 12 al 16 de mayo se presenta como un evento fracturado donde el silencio de la organización es interpretado por muchos como una toma de posición política.
Este mayo, se espera que millones de personas sintonicen el 70.º Festival de Eurovisión. Por tercer año consecutivo, verán a Israel celebrado en el escenario a pesar del genocidio que sigue cometiendo en Gaza, mientras que Rusia permanece vetada por su invasión ilegal de Ucrania. Como músicos y trabajadores culturales, muchos de nosotros residentes en la Unión Europea de Radiodifusión (UER), rechazamos que Eurovisión se utilice para encubrir y normalizar el genocidio, el bloqueo y la brutal ocupación militar israelí contra los palestinos.
Nos solidarizamos con los llamamientos palestinos a las emisoras públicas, artistas, organizadores de eventos, equipos técnicos y aficionados para que boicoteen Eurovisión hasta que la UER vete a la emisora israelí cómplice KAN. Aplaudimos la retirada, basada en principios, de las emisoras españolas, irlandesas, islandesas, eslovenas y neerlandesas, y de los numerosos finalistas de las selecciones nacionales que se han comprometido a no participar en Eurovisión. Al igual que los artistas se opusieron a la opresión en Sudáfrica, nos mantenemos unidos ahora.
El presidente del Israel del apartheid, Isaac Herzog —mencionado en la denuncia de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia por incitación al genocidio— ha desempeñado un papel fundamental en la presión ejercida sobre las cadenas de televisión para que no prohíban la participación de Israel en el concurso, el evento musical en directo más visto del mundo.
Las hipócritas respuestas de la UER a los crímenes de Rusia e Israel han disipado cualquier ilusión sobre la supuesta «neutralidad» de Eurovisión. En 2022, la UER declaró que la presencia de Rusia «desprestigiaría la competición». Sin embargo, más de 30 meses de genocidio en Gaza —junto con la limpieza étnica y el robo de tierras en la asediada Cisjordania— no se consideran suficientes para aplicar la misma política a Israel. ¿Cómo puede un artista o un aficionado a Eurovisión participar con la conciencia tranquila en la próxima edición del concurso en Austria, en medio de los planes estadounidenses e israelíes para establecer campos de concentración con vigilancia extrema en la «Nueva Gaza»? Hay momentos en que el silencio pasivo no es una opción.
Nos negamos a guardar silencio cuando la violencia genocida de Israel pone banda sonora y silencia las vidas palestinas. Cuando los niños en las cárceles israelíes sufren palizas por tararear una melodía. Cuando de casi todos los escenarios, estudios, librerías y universidades de Gaza solo quedan montones de escombros, bajo los cuales los cuerpos masacrados aún esperan ser recuperados y recibir un entierro digno.
Como artistas, reconocemos nuestra capacidad de acción colectiva y el poder de la resistencia. Nos negamos a callar. Nos negamos a ser cómplices. Hacemos un llamado a otros en nuestra industria para que se unan a nosotros. Y nos solidarizamos con todos los esfuerzos basados en principios para acabar con la complicidad en todas las industrias.
No hay lugar para el genocidio. #BoicotEurovisión.
Series
