Vistas sin contexto y sin conocer su autoría, las 26 acuarelas inéditas de Marià Fortuny, descubiertas hace unos meses en una casa particular de Madrid, pueden parecer un trabajo de arte abstracto, con un intenso juego de colores que se mezclan y sobreponen creando unas atmosferas “ricas, vivas y esplenderosas”, en palabras del experto en Fortuny, Francesc Quílez. Son esbozos que forman parte de un álbum, incompleto, que la galería Delamano Old Masters encontró por pura casualidad en el domicilio de un coleccionista fallecido de Madrid. La familia le consultó el valor de una obra antigua y, casualmente, le mostraron este álbum al que no habían dado importancia. El dueño de la galería, José de la Mano, cuenta que son unos relevantes bocetos que “cambian la imagen de Marià Fortuny”.
La galería Delamano Old Masters encontró un álbum con 26 dibujos en una casa particular de Madrid
Vistas sin contexto y sin conocer su autoría, las 26 acuarelas inéditas de Marià Fortuny, descubiertas hace unos meses en una casa particular de Madrid, pueden parecer un trabajo de arte abstracto, con un intenso juego de colores que se mezclan y sobreponen creando unas atmosferas “ricas, vivas y esplenderosas”, en palabras del experto en Fortuny, Francesc Quílez. Son esbozos que forman parte de un álbum, incompleto, que la galería Delamano Old Masters encontró por pura casualidad en el domicilio de un coleccionista fallecido de Madrid. La familia le consultó el valor de una obra antigua y, casualmente, le mostraron este álbum al que no habían dado importancia. El dueño de la galería, José de la Mano, cuenta que son unos relevantes bocetos que “cambian la imagen de Marià Fortuny”.
La autoría de dichas acuarelas, que podrán verse en la galería Lab Art de Barcelona del 11 al 16 de mayo todas juntas por primera vez, están confirmadas por el sello impreso de la testamentaría Fortuny. Además, las ha estudiado Quílez, quien fue en 2024 comisario del Año Fortuny. Son bocetos que “incluso prefiguran el impresionismo”, que por el año de su muerte, 1874, ni siquiera pudo conocer, argumenta este experto, que califica a Fortuny como “el mejor pintor español del siglo XIX”, considerando a Goya (1746-1828) un artista del XVIII.

Calcula que estas acuarelas las pintó entre 1870 y 1874, en su etapa granadina o italiana. “Es un descubrimiento muy importante por las características singulares y únicas, que prefiguran su modernidad”, apunta Quílez, añadiendo que otras obras ya presagiaban ese lado más experimental, muy moderno para la época. “Las acuarelas más especiales son las de naturaleza creativa, obras de imaginación y fantasía que nos acercan a un Fortuny desconocido, que rompió estereotipos”, agrega reforzando esta idea.
La obra de Fortuny es vastísima, pudiendo llegar a entre 3.000 y 4.000 producciones, asegura Quílez, que es una cantidad sorprendente teniendo en cuenta que solo vivió 36 años. Responde a “su don por la pintura y un comienzo precoz, a los 14 o 15 años”, calcula. De todas ellas, el MNAC atesora 2.000 y en el Museo de Reus se coleccionan unas 300. Pero hay muchas más que dan muestra de sus “dos almas”, según Quílez. Una más comercial, de pintura destinada al mercado europeo y americano; y otra más experimental y espontánea, donde cultiva sus propios intereses. Los bocetos hallados forman parte de este lado más libre, que seguramente reforzó cuando vivió en Granada, en la periferia del sistema cultural.
Desde la galería Delamano Old Masters, representante de la propiedad para su venta, José de la Mano, que es historiador del arte, también da vigor a este lado menos canónico de Fortuny, que no se ciñó solo al arte clásico que le rodeó. El artista se casó con Cecilia de Madrazo, convirtiéndose en yerno de Federico de Madrazo, artista y director del Museo del Prado durante unos años, quien le introdujo en la élite del arte, donde las figuras clave del barroco eran Velázquez, Ribera y Goya. La Vicaría, La batalla de Tetúan, El coleccionista de estampas, Paisaje de Granada, Carmen Bastián son solo algunas de sus obras que se conservan en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC).
“Parece arte abstracto, pero está probando composiciones”, comenta José de la Mano, que apunta que en una de las acuarelas se intuye la influencia del orientalismo, incluso por una perspectiva que recuerda a una casa flotante, añade Quílez; mientras que en otra se ve que prepara una escena de toros, sobre todo por la presencia de matadores que parece que entren a la plaza; y en otra pueden observarse estudios sobre azulejos, que bien podrían ser de su etapa en Granada, donde estuvo dos años que le transformaron radicalmente.
Estos dibujos sacan a la palestra un Marià Fortuny innovador que, más allá de su éxito académico, se adelantó a la modernidad y buscó una expresión artística libre y personal. Quílez, viendo estas acuarelas, de una interacción fascinante ente la luz y el color, considera que “prefiguran a Sorolla o a Rusiñol”, más tardanos, y hasta a Pollock, artista de la primera mitad del siglo XX, por su ejercicio de “pura abstracción”.

En la feria TEFAF Maastricht 2026 de este invierno se mostraron cinco láminas, pero en Barcelona podrá verse durante una semana el álbum entero, hallado casi al azar. Acostumbrado a buscar en los lugares más insólitos obra artística, sobre todo pintura española antigua, su especialidad, José de la Mano cuenta que acudió a un domicilio particular de Madrid donde le solicitaron opinión sobre una pintura del siglo XVIII de un coleccionista recién fallecido. Pero esa obra resultó menos interesante que el álbum de acuarelas de Marià Fortuny que descubrió, al que los herederos no habían considerado relevantes porque no estaban ni enmarcados.
EL PAÍS
