El Conde de Torrefiel: «Que el espectador no ame lo que hacemos, que lo reflexione»

William Shakespeare nació y murió el mismo día, el 23 de abril, aunque con 52 años de diferencia, un acto casi poético que muchas creencias religiosas asocian al cierre de un ciclo. Se dice que en vida, además de escribir la obra de teatro más representada del mundo, también llegó a inventar más de 1.700 palabras y expresiones que siguen teniendo su espacio en el diccionario. Es por eso que de su legado se recuerda especialmente la palabra como un instrumento capaz de invocar la imaginación mientras la escena permanece desnuda. Una herramienta que hoy sigue empleando en sus propuestas El Conde de Torrefiel. «Nosotros hacemos lo mismo: crear gestos, coreografías y personajes a partir de un lienzo en blanco», recoge de forma atropellada Pablo Gisbert (Valencia, 1982), uno de los fundadores de la conocida compañía teatral.

 La compañía de teatro reflexiona sobre el poder de la comunicación en la sociedad contemporánea en su nueva obra, ‘Lexikon. Siete cuentos para el futuro’  

William Shakespeare nació y murió el mismo día, el 23 de abril, aunque con 52 años de diferencia, un acto casi poético que muchas creencias religiosas asocian al cierre de un ciclo. Se dice que en vida, además de escribir la obra de teatro más representada del mundo, también llegó a inventar más de 1.700 palabras y expresiones que siguen teniendo su espacio en el diccionario. Es por eso que de su legado se recuerda especialmente la palabra como un instrumento capaz de invocar la imaginación mientras la escena permanece desnuda. Una herramienta que hoy sigue empleando en sus propuestas El Conde de Torrefiel. «Nosotros hacemos lo mismo: crear gestos, coreografías y personajes a partir de un lienzo en blanco», recoge de forma atropellada Pablo Gisbert (Valencia, 1982), uno de los fundadores de la conocida compañía teatral.

El dramaturgo prepara ahora junto a su compañera Tanya Beyeler (Suiza, 1980) una nueva representación escénica que tiene como núcleo esa palabra a la que aluden. La obra ha sido bautizada como Lexikon. Siete cuentos para el futuro, una compilación de relatos independientes que ponen en jaque el eterno conflicto de la existencia: ¿Qué es lo que nos define como humanos? El Conde de Torrefiel, en línea con su filosofía escénica, no resuelve la cuestión planteada, aunque sí la maneja a su antojo en esta representación de dos horas estrenada el pasado 24 de abril en el Teatro María Guerrero. «Para nosotros es importante que el espectador no ame lo que hacemos desde un punto de vista emocional, sino que lo reflexione», auspician.

Los directores y creadores del texto describen esta nueva obra como una pieza de piezas que toma cierta inspiración de Samuel Beckett. Y es que el dramaturgo y novelista inglés trasladaba a la escena esa idea que ahora rescatan Gisbert y Beyeler de teatralizar el vacío del lenguaje. Y es que el dramaturgo y novelista inglés trasladaba a la escena esa idea que ahora rescatan Gisbert y Beyeler de teatralizar el vacío del lenguaje. «Todas esas personas que hablan porque no pueden dejar de hablar en un mundo donde a lo lejos ha habido una guerra, un incendio o una peste», señala el valenciano. La compañía, por su parte, emplea en Lexikon un acercamiento a la dramaturgia de hace 500 años. «Vamos a llevar a la RAE al María Guerrero, y vamos a crear un accidente, vamos a hacer todo con las palabras como se hacía antes. En ningún momento queremos separarnos de la tradición», aseguran.

Los actores, por su parte, se convierten en los narradores de la historia que se proyecta en el escenario. Cada uno representa su propio monólogo durante los cinco primeros actos, mientras que en los dos últimos pasa a un primer plano la escenografía y la palabra. «Los demás performers estamos a disposición de esa escena. Somos cuerpos coreografiados a favor de la construcción visual, de la narración», sentencian. Y siguen: «Hablo de performer con intención, porque es la presencia en presente, es dar a tu propio cuerpo ese valor representativo de una maquinaria mucho más amplia». Los protagonistas, Carmen Collado, Amalia Fernández, Ion Iraizoz y Mauro Molina, se convierten en la base de la obra. «Nunca le pedimos a los actores ser algo que no son. De hecho, la selección está basada en cómo son físicamente, qué son, qué pueden afrontar, y se construye la escena para ellos».

«Ahora la ficción se ha desbordado y el teatro debe ser la casa de la realidad»

Gisbert, además, incide en la paradoja de Lexikon, que literalmente significa «conjunto de palabras», aunque para ellos el texto siempre es lo que se construye al final. «Los definitivos los entregamos hace dos semanas», bromean. La compañía teatral, que estará representando la obra hasta el próximo 24 de mayo en el teatro madrileño, apuesta por la plasticidad del texto. Es lo que ellos mismos llaman «textocracia», al tiempo que aseguran que no están sometidos para nada a ella. «El texto no tiene un valor absoluto, sino que se puede ir modificando, abortando y reescribiendo», explican. Y añade: «El espectador está siempre en nuestra forma de trabajar, es nuestro interlocutor».

La compañía aplica en su Lexikon lo que ellos conocen como «teatro cuántico», un concepto propio que explica este arte como el exponente de una realidad múltiple. El término también motiva la multidireccionalidad de los sentidos que el espectador recibe. «El teatro es el hecho más antiguo, pero ahora es el más moderno porque dentro cabe todo. Siempre ha sido la casa de la ficción, igual que el Parlamento ha sido la casa del poder y la Iglesia ha sido la casa de Dios, pero ahora la ficción se ha desbordado y el teatro debe ser la casa de la realidad«.

En lugar de diálogos clásicos, aparecen textos proyectados o narrados que describen pensamientos, conceptos o historias que pueden entrar en directa contraposición con lo que está aconteciendo en escena. «Es un dispositivo que acompaña a la coreografía y que hemos utilizado mucho porque de esa manera es el espectador el que lee con su propio ojo», deja claro Beyeler. La palabra se articula en la pieza como un binomio inseparable: Poder y peligro. Bálsamo y veneno. El Conde de Torrefiel lo explica mejor: «La palabra es un contrato, es una hipoteca, una firma que cuando aparece todo se cierra». Y así es, porque con esta reflexión dan por finalizada la sinopsis de una de sus obras más abstractas hasta la fecha, una que desnuda los elementos escénicos para mostrar sin restricciones el poder absoluto del lenguaje como arco principal.

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