Escribir mal a propósito

Una amiga doctoranda me explicó una vez que para sobrellevar a su director de tesis, un tipo colérico que amenazaba con bloquear su trabajo durante años si no obedecía sus órdenes erráticas, incluyó a propósito en su texto un error descomunal. A ver si así se entretiene corrigiendo solo eso y me deja en paz con el resto, pensó mientras le dejaba el señuelo. Entender que la perfección es una cosa sospechosísima le valió un cum laude. Me he acordado de ella porque los estudiantes están empezando a usar “humanizadores” en sus trabajos, es decir, programas que incluyen imperfecciones a propósito para evitar ser acusados de usar inteligencia artificial. Los programas antiplagio son habituales en EE UU, pero fallan mucho, así que alumnos inocentes han acabado utilizando herramientas de IA para evitar ser acusados de usar la IA, explica la cadena NBC. El problema afecta más a quienes mejor escriben o tienen un estilo de razonamiento paso a paso que coincide con el de las máquinas. Algunos autores profesionales, dice The Wall Street Journal, también están modificando su estilo a propósito para sonar más humanos ante sus lectores: introducen expresiones coloquiales, añaden pequeñas erratas, eliminan guiones largos, introducen dudas o un exceso de signos de exclamación.

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 La revista ‘Granta’ ha publicado un relato premiado aparentemente escrito con inteligencia artificial  

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La revista ‘Granta’ ha publicado un relato premiado aparentemente escrito con inteligencia artificial

Dos personas fotografiaban en la edición de la feria Arco de 2024 dos obras creadas con ayuda de inteligencia artificial. CHEMA MOYA (EFE)
Delia Rodríguez

Una amiga doctoranda me explicó una vez que para sobrellevar a su director de tesis, un tipo colérico que amenazaba con bloquear su trabajo durante años si no obedecía sus órdenes erráticas, incluyó a propósito en su texto un error descomunal. A ver si así se entretiene corrigiendo solo eso y me deja en paz con el resto, pensó mientras le dejaba el señuelo. Entender que la perfección es una cosa sospechosísima le valió un cum laude. Me he acordado de ella porque los estudiantes están empezando a usar “humanizadores” en sus trabajos, es decir, programas que incluyen imperfecciones a propósito para evitar ser acusados de usar inteligencia artificial. Los programas antiplagio son habituales en EE UU, pero fallan mucho, así que alumnos inocentes han acabado utilizando herramientas de IA para evitar ser acusados de usar la IA, explica la cadena NBC. El problema afecta más a quienes mejor escriben o tienen un estilo de razonamiento paso a paso que coincide con el de las máquinas. Algunos autores profesionales, dice The Wall Street Journal, también están modificando su estilo a propósito para sonar más humanos ante sus lectores: introducen expresiones coloquiales, añaden pequeñas erratas, eliminan guiones largos, introducen dudas o un exceso de signos de exclamación.

Bien dirigidas, las IA son capaces de escribir de forma más hábil que la mayoría de las personas. Este martes el mundo cultural quedó en shock tras descubrir que Granta, quizás la publicación literaria más prestigiosa, había publicado un texto de Jamir Nazir, The Serpent in the Grove, finalista del premio de relato corto de la Commonwealth, que mostraba indicios claros de haber sido creado con IA. Pasó inadvertido para el jurado y para la revista, pero no en las redes. La organización ha anunciado que revisará sus procesos. Es el mismo shock que ya sufrió el mundo del arte cuando, en 2023, el artista Boris Eldagsen confesó que había ganado uno de los premios que convoca Sony cada año con un dramático retrato creado íntegramente con IA. Poco después, el fotógrafo Miles Astray engañó a otro premio que galardonaba imágenes artificiales con una foto completamente real de un flamenco de la isla de Aruba. Quedó claro que los jurados de la industria eran incapaces de distinguir las creaciones sintéticas.

¿Cómo es posible que lo artificial engañe tanto a los grandes expertos como a los profesores que se enfrentan a ella cada día? Uno de los problemas es que, por lo general, las élites culturales no usan la inteligencia artificial, y por lo tanto no saben detectarla. Un estudio de 2025 daba una pista: los humanos que manejaban ChatGPT eran mejores identificándolo que la mayoría de programas anti-plagio, y solo se equivocaban en una de cada 300 ocasiones. Más allá de los señuelos evidentes (“no es solo x, es y”, el abuso de guiones largos, el encadenamiento de tres ejemplos, los párrafos cortos), quienes conocen bien estos chats desarrollan un instinto sobre su cadencia, voz y modo de argumentar. Quienes no comprenden la IA tienden a confiar en ayudas externas que tampoco entienden y que pueden causar problemas mayores de los que buscan evitar. Se está creando una brecha enorme entre quienes son capaces de reconocer el uso de la IA —aunque sea como forma de defender su propio trabajo— y quienes no lo son; entre quienes han entendido que es tan buena que hay que “humanizarla” para bajarle el nivel y quienes aún se consuelan pensando que jamás llegará a alcanzarles.

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