El carro ritual de Turuñuelo destapa la vida de un griego en el Badajoz de hace 2.500 años

Los expertos son contundentes con el hallazgo: «Es único». Con estas palabras dictan sentencia sobre la importancia del (medio) carro de bronce votivo encontrado durante la octava campaña de excavaciones en el yacimiento tartésico de Casas del Turuñuelo, en Guareña (Badajoz).

Un descubrimiento que se ha centrado «en las importaciones», como destaca Esther Rodríguez, codirectora de la excavación junto a Sebastián Celestino. Trabajos en los que no hay rastro de cerámica local, pero que, sin embargo, han sacado a la luz «vestigios» que unen el Turuñuelo con el Mediterráneo; poniendo de manifiesto una «extensa y compleja red de relaciones comerciales» de los habitantes de la zona con otras civilizaciones de la costa del este.

Celestino certifica con ello esa conexión del Mediterráneo con zonas del interior peninsular, como es Badajoz, a partir de elementos que no aparecen en otros lugares costeros como Cádiz, Málaga, Alicante o Ampurias, que fue la gran colonia griega en el siglo V a.C.

Un traslado de «urgencia» ante condiciones adversas

Lo llamativo de la nueva presentación ha sido su localización: en la sede madrileña del CSIC en vez de, como es habitual, en el propio yacimiento. ¿Lo motivos? De «urgencia»: ante la falta de laboratorios de arqueología especializados en Extremadura y el riesgo de oxidación de los nuevos «tesoros» por la alta humedad, el aire y la luz, las piezas «que se oxidan rápidamente» han sido trasladadas al laboratorio del Secir, el centro de restauración de la Universidad Autónoma de Madrid, con el que colaboran los investigadores desde el inicio de las campañas.

De este modo, Rodríguez y Celestino -investigadores del Instituto de Arqueología de Mérida, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Junta de Extremadura- han datado la pieza «única» (y en un buen estado de conversación) en unos 2.500 años; además, aseguran que no han encontrado nada igual en toda la Península Ibérica, «pero sí una en Etruria [en las actuales regiones de Toscana, Lacio y Umbría]».

Pese a contar, de momento, con «solo» medio carro, los arqueólogos se muestran confiantes en que aparezca la otra mitad a lo largo de las próximas excavaciones. Y mientras tanto, Rodríguez afirma que, a falta de un análisis de los carbones vinculados a la pieza, se puede asegurar que sirvió «para quemar inciensos, especias…». Un uso que hace ver que el objeto está relacionado con el ritual final que se celebra para la clausura del edificio, que es también una de las características del yacimiento y que explica la propia estructura de la zona arqueológica, enterrada y con restos de una ceremonia de cierre de la vivienda.

Ahora, para conocer la procedencia del carro «habrá que hacer un análisis de isótopos de plomo», matiza la codirectora.

Historias de la mitología

En concreto, los restos se han localizado en la parte central del «pasillo S3» de la excavación, donde también se conservan motivos mitológicos como Atlantes, Grifos y Aquelóos (híbrido con una Gorgona) que señalar como de una «gran complejidad técnica».

Además, el sector norte de la excavación ha proporcionado dos braseros de bronce completos y un caldero. Tres piezas «excepcionales», en palabras de Rodríguez, que viajaron «en paquete» con el «luterium» de mármol documentado en 2025. «Nosotros le damos siempre muchas vueltas y siempre decimos de broma que parece que en el Turuñuelo vivió un griego o una griega, porque es muy raro ver cómo llega este pack», comenta un Celestino que advierte de que «no es un capricho que viene de Grecia», sino que es «un pedido que implica muchísimas otras cosas».

Por su parte, en el sector sur se ha recuperado un lote de marfiles de los cuales hay «más de 200 fragmentos» que se deben analizar con el equipo de restauración: piezas con representaciones florales, mitológicas, como la serpiente alada, y también animales como un chivo, leones, caballos, conejos y pájaros en lo que definen la codirectora como «una nutrida selección de representaciones y figuras humanas».

 El yacimiento extremeño cierra su octava campaña con un hallazgo «único» en toda la península que aporta nuevos datos de la conexión de esta tierra con el Mediterráneo  

Los expertos son contundentes con el hallazgo: «Es único». Con estas palabras dictan sentencia sobre la importancia del (medio) carro de bronce votivo encontrado durante la octava campaña de excavaciones en el yacimiento tartésico de Casas del Turuñuelo, en Guareña (Badajoz).

Un descubrimiento que se ha centrado «en las importaciones», como destaca Esther Rodríguez, codirectora de la excavación junto a Sebastián Celestino. Trabajos en los que no hay rastro de cerámica local, pero que, sin embargo, han sacado a la luz «vestigios» que unen el Turuñuelo con el Mediterráneo; poniendo de manifiesto una «extensa y compleja red de relaciones comerciales» de los habitantes de la zona con otras civilizaciones de la costa del este.

Celestino certifica con ello esa conexión del Mediterráneo con zonas del interior peninsular, como es Badajoz, a partir de elementos que no aparecen en otros lugares costeros como Cádiz, Málaga, Alicante o Ampurias, que fue la gran colonia griega en el siglo V a.C.

Un traslado de «urgencia» ante condiciones adversas

Lo llamativo de la nueva presentación ha sido su localización: en la sede madrileña del CSIC en vez de, como es habitual, en el propio yacimiento. ¿Lo motivos? De «urgencia»: ante la falta de laboratorios de arqueología especializados en Extremadura y el riesgo de oxidación de los nuevos «tesoros» por la alta humedad, el aire y la luz, las piezas «que se oxidan rápidamente» han sido trasladadas al laboratorio del Secir, el centro de restauración de la Universidad Autónoma de Madrid, con el que colaboran los investigadores desde el inicio de las campañas.

De este modo, Rodríguez y Celestino -investigadores del Instituto de Arqueología de Mérida, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Junta de Extremadura- han datado la pieza «única» (y en un buen estado de conversación) en unos 2.500 años; además, aseguran que no han encontrado nada igual en toda la Península Ibérica, «pero sí una en Etruria [en las actuales regiones de Toscana, Lacio y Umbría]».

Pese a contar, de momento, con «solo» medio carro, los arqueólogos se muestran confiantes en que aparezca la otra mitad a lo largo de las próximas excavaciones. Y mientras tanto, Rodríguez afirma que, a falta de un análisis de los carbones vinculados a la pieza, se puede asegurar que sirvió «para quemar inciensos, especias…». Un uso que hace ver que el objeto está relacionado con el ritual final que se celebra para la clausura del edificio, que es también una de las características del yacimiento y que explica la propia estructura de la zona arqueológica, enterrada y con restos de una ceremonia de cierre de la vivienda.

Historias de la mitología

En concreto, los restos se han localizado en la parte central del «pasillo S3» de la excavación, donde también se conservan motivos mitológicos como Atlantes, Grifos y Aquelóos (híbrido con una Gorgona) que señalar como de una «gran complejidad técnica».

Ahora, para conocer la procedencia del carro «habrá que hacer un análisis de isótopos de plomo», matiza la codirectora.

Además, el sector norte de la excavación ha proporcionado dos braseros de bronce completos y un caldero. Tres piezas «excepcionales», en palabras de Rodríguez, que viajaron «en paquete» con el «luterium» de mármol documentado en 2025. «Nosotros le damos siempre muchas vueltas y siempre decimos de broma que parece que en el Turuñuelo vivió un griego o una griega, porque es muy raro ver cómo llega este pack», comenta un Celestino que advierte de que «no es un capricho que viene de Grecia», sino que es «un pedido que implica muchísimas otras cosas».

Por su parte, en el sector sur se ha recuperado un lote de marfiles de los cuales hay «más de 200 fragmentos» que se deben analizar con el equipo de restauración: piezas con representaciones florales, mitológicas, como la serpiente alada, y también animales como un chivo, leones, caballos, conejos y pájaros en lo que definen la codirectora como «una nutrida selección de representaciones y figuras humanas».

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