La canción corría suave, de fondo, músicas que uno oye y casi nunca escucha, pero de pronto una línea me atacó de nuevo: “… es mejor tener el pelo libre / que la libertad con fijador”, decía aquella Marcha de la bronca compuesta en Buenos Aires, 1968, por dos muchachos que se hacían llamar Pedro y Pablo.
La canción corría suave, de fondo, músicas que uno oye y casi nunca escucha, pero de pronto una línea me atacó de nuevo: “… es mejor tener el pelo libre / que la libertad con fijador”, decía aquella Marcha de la bronca compuesta en Buenos Aires, 1968, por dos muchachos que se hacían llamar Pedro y Pablo. Seguir leyendo EL PAÍS
