Un festival que nace apoyándose en leyendas. Barts es una nueva cita estival que en su primer concierto nos habla de un pasado reinterpretable que recupera el legado de una banda histórica con la bendición, que no la presencia, de su factótum, Robert Fripp. A la guisa de otros grandes supergrupos de la historia, desde Cream a Traveling Wilburys, unir nombres en una gran formación es un atractivo innegable. Por otro lado, las bandas tributo, un fenómeno al alza, es otro vector rentable del negocio. Beat, un grupo en el que militan dos excomponentes de King Crimson (Adrian Belew y Tony Lewin), con el añadido de dos reputadísimos instrumentistas, Steve Vai, que tocaba la guitarra con Zappa ya a los 18 años, y Danny Carey, un batería complejo de Tool, una banda de metal progresivo, se sitúan en ese terreno intermedio entre banda tributo con pedigrí y genealogía y superbanda que, visto lo visto, no parece tener problemas de celos, el veneno de toda acumulación de egos. Todo tenía que ir bien.
Un festival que nace apoyándose en leyendas. Barts es una nueva cita estival que en su primer concierto nos habla de un pasado reinterpretable que recupera el legado de una banda histórica con la bendición, que no la presencia, de su factótum, Robert Fripp. A la guisa de otros grandes supergrupos de la historia, desde Cream a Traveling Wilburys, unir nombres en una gran formación es un atractivo innegable. Por otro lado, las bandas tributo, un fenómeno al alza, es otro vector rentable del negocio. Beat, un grupo en el que militan dos excomponentes de King Crimson (Adrian Belew y Tony Lewin), con el añadido de dos reputadísimos instrumentistas, Steve Vai, que tocaba la guitarra con Zappa ya a los 18 años, y Danny Carey, un batería complejo de Tool, una banda de metal progresivo, se sitúan en ese terreno intermedio entre banda tributo con pedigrí y genealogía y superbanda que, visto lo visto, no parece tener problemas de celos, el veneno de toda acumulación de egos. Todo tenía que ir bien. Seguir leyendo EL PAÍS
