Sanangó está “tan perdido en las montañas que podría ser el único pueblo en el mundo”. Lo rodea una naturaleza “escuálida y muda” y su centro estuvo alguna vez en La Golondrina, un local que no era más que “madera vieja, olor a orines, tierra mezclada con cemento”. Una taberna en la que bebían el aguardiente de Jeremías los “borrachos con manos grises, con almas ateridas por una aflicción incurable, los campesinos hijos de campesinos y de indios ya borrachos, de buscadores de oro enloquecidos por la montaña”. Dos de esos bebedores fueron Heraquio y Lautaro Cruz, hijo de “Lautara, la cruel” y conocido como “Patas de Mirlo”. Después de quemar La Golondrina azuzados por Nardarán, “un tipo irascible, colérico, pacífico sólo con sus animales”, Heraquio y Lautaro vagaron por las montañas buscando a Jeremías para que les revelase dónde guardaba su “aguardiente encantado”.
Sanangó está “tan perdido en las montañas que podría ser el único pueblo en el mundo”. Lo rodea una naturaleza “escuálida y muda” y su centro estuvo alguna vez en La Golondrina, un local que no era más que “madera vieja, olor a orines, tierra mezclada con cemento”. Una taberna en la que bebían el aguardiente de Jeremías los “borrachos con manos grises, con almas ateridas por una aflicción incurable, los campesinos hijos de campesinos y de indios ya borrachos, de buscadores de oro enloquecidos por la montaña”. Dos de esos bebedores fueron Heraquio y Lautaro Cruz, hijo de “Lautara, la cruel” y conocido como “Patas de Mirlo”. Después de quemar La Golondrina azuzados por Nardarán, “un tipo irascible, colérico, pacífico sólo con sus animales”, Heraquio y Lautaro vagaron por las montañas buscando a Jeremías para que les revelase dónde guardaba su “aguardiente encantado”. Seguir leyendo
Sanangó está “tan perdido en las montañas que podría ser el único pueblo en el mundo”. Lo rodea una naturaleza “escuálida y muda” y su centro estuvo alguna vez en La Golondrina, un local que no era más que “madera vieja, olor a orines, tierra mezclada con cemento”. Una taberna en la que bebían el aguardiente de Jeremías los “borrachos con manos grises, con almas ateridas por una aflicción incurable, los campesinos hijos de campesinos y de indios ya borrachos, de buscadores de oro enloquecidos por la montaña”. Dos de esos bebedores fueron Heraquio y Lautaro Cruz, hijo de “Lautara, la cruel” y conocido como “Patas de Mirlo”. Después de quemar La Golondrina azuzados por Nardarán, “un tipo irascible, colérico, pacífico sólo con sus animales”, Heraquio y Lautaro vagaron por las montañas buscando a Jeremías para que les revelase dónde guardaba su “aguardiente encantado”.
EL PAÍS
