Años de frustración acumulada por la corrupción y la falta de oportunidades han estallado este mes en la India con manifestaciones masivas de estudiantes, que han desencadenado una violenta represión policial y han acabado forzando al primer ministro, Narendra Modi, a concesiones inimaginables hasta hace unos días. La dimisión este fin de semana del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, representa una victoria inapelable del llamado Partido Popular de las Cucarachas y del movimiento que empezó tras la filtración de exámenes para la escuela de Medicina. Hoy la protesta va más allá de las reclamaciones originales y recoge el amplio descontento ante la ausencia de perspectivas y las esperanzas incumplidas. Modi, que ha encadenado victorias electorales con su divisivo nacionalismo hindú y ha intentado redoblar la influencia global india como potencia intermedia, afronta por primera vez un desafío serio a su poder.
La revuelta estudiantil en la India muestra la fuerza del descontento con las promesas fallidas en el país más poblado y con más jóvenes del mundo
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La revuelta estudiantil en la India muestra la fuerza del descontento con las promesas fallidas en el país más poblado y con más jóvenes del mundo
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Años de frustración acumulada por la corrupción y la falta de oportunidades han estallado este mes en la India con manifestaciones masivas de estudiantes, que han desencadenado una violenta represión policial y han acabado forzando al primer ministro, Narendra Modi, a concesiones inimaginables hasta hace unos días. La dimisión este fin de semana del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, representa una victoria inapelable del llamado Partido Popular de las Cucarachas y del movimiento que empezó tras la filtración de exámenes para la escuela de Medicina. Hoy la protesta va más allá de las reclamaciones originales y recoge el amplio descontento ante la ausencia de perspectivas y las esperanzas incumplidas. Modi, que ha encadenado victorias electorales con su divisivo nacionalismo hindú y ha intentado redoblar la influencia global india como potencia intermedia, afronta por primera vez un desafío serio a su poder.
Cuando el año pasado la Generación Z salió a las calles de Nepal, Bangladés y otros países de la región, fue llamativo que nada parecido estuviese ocurriendo en la India, el país más poblado del planeta y el que más jóvenes tiene. Pese a las enormes diferencias, algunas de las quejas en los países vecinos eran comunes en la sociedad india, pero esta parecía entonces apática y resignada en comparación. Todo ha cambiado en unas pocas semanas. El detonante fue la filtración en mayo de los exámenes de acceso a los estudios de Medicina, que obligó a más de dos millones de candidatos a repetirlos e incluso provocó suicidios entre algunos afectados, según han denunciado los portavoces de las protestas. No era un asunto menor ni es una excepción en la India, donde las plazas en la Universidad o la Administración son escasas y las pruebas son a menudo arbitrarias u obligan a memorizar temarios que poco tienen que ver con el puesto o los estudios. Para muchos ciudadanos esta es la única vía para escapar al ciclo de la pobreza en un proceso que en ocasiones lleva años de preparativos, exige a las familias sacrificios a veces insostenibles y puede quedar en nada por una prueba falseada o un enchufe. A esta ola de descontento se sumó la ocurrencia del presidente del Tribunal Supremo, que unos días después del escándalo de los exámenes calificó de “cucarachas” y “parásitos” a los jóvenes sin empleo. Ante esa muestra de la arrogancia de las élites, surgió el Partido Popular de las Cucarachas, una broma gamberra al principio que se ha convertido en el mayor movimiento de este tipo en años, y que ha echado un pulso al primer ministro.
Que Modi, un dirigente embarcado en un proyecto para transformar las bases laicas de la India moderna, se haya plegado a la principal demanda de los estudiantes y haya aceptado la dimisión del ministro de Educación evidencia la fuerza de este movimiento que ha reunido distintas castas, confesiones y clases sociales. El malestar es profundo en un país donde el 65% es menor de 35 años y donde el desempleo entre los graduados menores de 25 alcanza el 40%, según un estudio reciente. Sin empleo suficiente para absorber a todos los estudiantes, se rompe la promesa fundamental de la educación como vehículo de progreso personal y social. El primer ministro y su omnipotente partido, el BJP, han fallado en esta promesa y han podido comprobar la dimensión del descontento entre los jóvenes, que son el futuro de este país continental. Aunque sea muy imperfecta, la India es todavía la mayor democracia del mundo y el éxito de las “cucarachas” justifica plenamente esta descripción.
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