Lo que está perpetrando Marruecos con España se denomina guerra híbrida. Lo que secularmente se hacía a bombazos, ahora se ejecuta de manera sibilina y a machamartillo. Metafóricamente hay que concluir que de las certeras patadas en la entrepierna, con resultado de KO, hemos pasado a la sucesión de incómodos puntapiés en la espinilla que degeneran en victoria a los puntos. Lo hace Putin, lo implementa Xi Jinping y les imita la asesina, machista y homófoba teocracia iraní. El Reino Alauita, que al contrario que la España del golfo de Sánchez sí dispone de un plan, lleva años inyectando marroquíes en Ceuta en un proyecto de ingeniería social que está transformando lenta pero inmisericordemente la demografía local. No sólo eso: Mohamed VI cuela inmigrantes subsaharianos como churros para reventar los servicios sociales, para generar inseguridad ciudadana, en resumidas cuentas, para hacerla invivible para los ceutíes. Algo parecido a lo que llevó a cabo a tiros ETA desde 1959 hasta 2011: hastiar y meter el miedo en el cuerpo a la ciudadanía que no comulga con ruedas de molino para que acabe poniendo pies en polvorosa. Purito Goebbels. Lo de esta semana constituye el punto de inflexión de una política que no es de aquí ni de ahora. Data del reinado de ese gran zorro que era Hasán II. El mismito que el 6 de noviembre de 1975 nos arrebató en un periquete un Sáhara Occidental que era España desde tiempos inmemoriales. Aquel jueves despachó 350.000 personas a la zona, de los cuales sólo una décima parte eran militares stricto sensu, y ocho días después ya era marroquí. Exactamente, lo que está aconteciendo de una semana a esta parte en Ceuta, y en menor medida en Melilla, y muy parecido a lo que ocurrió en 2021 en venganza por atender médicamente en Zaragoza al líder del Frente Polisario, Brahim Gali. La ocupación definitiva ya no tiene vuelta de hoja. Tal vez haya un periodo intermedio en el que ambas plazas sean una suerte de Hong Kong pero, antes o después, por las buenas o por las malas, serán propiedad del enemigo del sur. Alá quiera que me equivoque. Máxime cuando al mando de nuestro Gobierno figura un agente doble llamado Pedro Sánchez, que dice trabajar para España pero en realidad está al servicio del Rey de Marruecos. La cobardía de Juan Carlos I nos privó de esa inmensa lengua a orillas del Atlántico que es el Sáhara Occidental en 1975 y la vileza inconmensurable del marido de la biprocesada está desempeñando el mismo papel. Conviene no olvidar que los implacables, modernos y eficaces servicios secretos alauitas tienen pillado a nuestro primer ministro: le hackearon el móvil. Un móvil en el que, como se imaginarán, no había nada bueno. Más paralelismos: Estados Unidos inclinó la balanza a favor de Marruecos en 1975 para impedir que el Sáhara cayera en manos de la sovietizada Argelia y ahora actúa de igual manera por la sencilla razón de que la nación árabe es amiga y la España de Sánchez enemiga visceral de Donald Trump. Para muestra, un botón: nuestro secular antagonista cuenta con lo mejor de lo mejor del armamento estadounidense. Desde F-16 hasta helicópteros Apache, pasando por drones Predator y misiles de última generación. Pronto tendrán los mejores cazabombarderos del planeta: esos F-35 que a España ya le gustaría poseer aunque sólo fuera para los días de fiesta. Es lo que pasa cuando te chuleas del gran emperador mundial: que, en caso de duda, opta por sus aliados. De Primero de Realpolitik. Del Desastre de 1898 al de 2026. De Sagasta a Sánchez.
Nuestro secular antagonista cuenta con lo mejor de lo mejor del armamento estadounidense
Lo que está perpetrando Marruecos con España se denomina guerra híbrida. Lo que secularmente se hacía a bombazos, ahora se ejecuta de manera sibilina y a machamartillo. Metafóricamente hay que concluir que de las certeras patadas en la entrepierna, con resultado de KO, hemos pasado a la sucesión de incómodos puntapiés en la espinilla que degeneran en victoria a los puntos. Lo hace Putin, lo implementa Xi Jinping y les imita la asesina, machista y homófoba teocracia iraní. El Reino Alauita, que al contrario que la España del golfo de Sánchez sí dispone de un plan, lleva años inyectando marroquíes en Ceuta en un proyecto de ingeniería social que está transformando lenta pero inmisericordemente la demografía local. No sólo eso: Mohamed VI cuela inmigrantes subsaharianos como churros para reventar los servicios sociales, para generar inseguridad ciudadana, en resumidas cuentas, para hacerla invivible para los ceutíes. Algo parecido a lo que llevó a cabo a tiros ETA desde 1959 hasta 2011: hastiar y meter el miedo en el cuerpo a la ciudadanía que no comulga con ruedas de molino para que acabe poniendo pies en polvorosa. Purito Goebbels. Lo de esta semana constituye el punto de inflexión de una política que no es de aquí ni de ahora. Data del reinado de ese gran zorro que era Hasán II. El mismito que el 6 de noviembre de 1975 nos arrebató en un periquete un Sáhara Occidental que era España desde tiempos inmemoriales. Aquel jueves despachó 350.000 personas a la zona, de los cuales sólo una décima parte eran militares stricto sensu, y ocho días después ya era marroquí. Exactamente, lo que está aconteciendo de una semana a esta parte en Ceuta, y en menor medida en Melilla, y muy parecido a lo que ocurrió en 2021 en venganza por atender médicamente en Zaragoza al líder del Frente Polisario, Brahim Gali. La ocupación definitiva ya no tiene vuelta de hoja. Tal vez haya un periodo intermedio en el que ambas plazas sean una suerte de Hong Kong pero, antes o después, por las buenas o por las malas, serán propiedad del enemigo del sur. Alá quiera que me equivoque. Máxime cuando al mando de nuestro Gobierno figura un agente doble llamado Pedro Sánchez, que dice trabajar para España pero en realidad está al servicio del Rey de Marruecos. La cobardía de Juan Carlos I nos privó de esa inmensa lengua a orillas del Atlántico que es el Sáhara Occidental en 1975 y la vileza inconmensurable del marido de la biprocesada está desempeñando el mismo papel. Conviene no olvidar que los implacables, modernos y eficaces servicios secretos alauitas tienen pillado a nuestro primer ministro: le hackearon el móvil. Un móvil en el que, como se imaginarán, no había nada bueno. Más paralelismos: Estados Unidos inclinó la balanza a favor de Marruecos en 1975 para impedir que el Sáhara cayera en manos de la sovietizada Argelia y ahora actúa de igual manera por la sencilla razón de que la nación árabe es amiga y la España de Sánchez enemiga visceral de Donald Trump. Para muestra, un botón: nuestro secular antagonista cuenta con lo mejor de lo mejor del armamento estadounidense. Desde F-16 hasta helicópteros Apache, pasando por drones Predator y misiles de última generación. Pronto tendrán los mejores cazabombarderos del planeta: esos F-35 que a España ya le gustaría poseer aunque sólo fuera para los días de fiesta. Es lo que pasa cuando te chuleas del gran emperador mundial: que, en caso de duda, opta por sus aliados. De Primero de Realpolitik. Del Desastre de 1898 al de 2026. De Sagasta a Sánchez.
Opinión en La Razón
