Los sueños de Napoleón quedaron enterrados en Waterloo. El duque de Wellington acabó allí con el ejército imperial del «pequeño Cabo» y dejó una frase para la historia: «Aparte de una batalla perdida, no hay nada más deprimente que una batalla ganada». Aquella sangría empapó la tierra con sangre de entre 47.000 y 55.000 hombres, de los cuales más de treinta mil murieron allí mismo. Sin embargo, cuando los arqueólogos realizaron catas se encontraron con una realidad imprevista: no había tantos restos. ¿Qué había sucedido? A lo largo de 1815, los vecinos y distintos comerciantes se dedicaron a saquear las fosas, desenterrar los cuerpos y extraer sus huesos para comerciar con ellos o usarlos en diferentes procesos industriales. Estas personas eran las únicas que, junto con los ladrones que robaban las pertenencias personales de los caídos, se acercaban a los campos de batalla, siempre envueltos en el recuerdo infausto de los muertos y los heridos. Pero esa realidad ha quedado atrás y hoy Waterloo, como sucede con otros lugares vinculados a grandes batallas, está musealizado y cuenta con rutas diseñadas por historiadores para visitar el lugar y comprender lo que ocurrió. Esto ha propiciado que, con los años, el turismo vinculado a los sucesos bélicos haya aumentado de manera exponencial y que muchos de estos emplazamientos se hayan convertido en un reclamo, tanto para los aficionados a la historia como para quienes sienten pasión por la historia –militar o no– o para quienes han visto una película y, empujados por ella, deciden acercarse al lugar donde ocurrieron los hechos narrados.
Las agencias de turismo han apreciado un aumento de más del 20 por ciento en lo que llevamos de año respecto al anterior en los viajes a la ciudad polaca de Cracovia. Un incremento motivado por el conjunto artístico de la urbe, pero también por la posibilidad de visitar el campo de concentración de Auschwitz, que ha incrementado sus reservas un 13,8 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2025. «Es uno de los lugares de la memoria más negra de la humanidad y creo que es un buen dato que crezca el número de visitantes que cada año acuden a verlo. Así la gente puede concienciarse y comprobar de primera mano qué supuso Auschwitz y qué representó para los hombres. Estar allí es una experiencia sobrecogedora y ayuda a entender qué fue la Segunda Guerra Mundial y evitar que horrores similares se repitan», comenta Alberto Pérez, editor de Desperta Ferro.
Las reservas para visitar Normandía o Auschwitz se han incrementado por encima del 13%
El sello acaba de lanzar una colección de guías para visitar los principales escenarios relacionados con la historia militar, una iniciativa editorial que responde a la creciente demanda por conocer mejor estos lugares. Prueba de ello es la creación de rutas para recorrer las trincheras de la Guerra Civil española que existen en Madrid —y también en otros lugares de España—, el museo y el parque arqueológico vinculados a la colina de Kalkriese, donde tuvo lugar la batalla del bosque de Teutoburgo, en la que Roma perdió las águilas de algunas de sus mejores legiones; los frentes relacionados con la Primera Guerra Mundial o las playas de Normandía. En esta zona se han triplicado las reservas, no solo por la curiosidad que despierta visitar el escenario de la batalla que marcó el comienzo de la liberación de Francia, sino también por el atractivo de lugares como el Mont Saint-Michel –cuya abadía es el monumento más reservado de toda Francia–, Caen, por su Mémorial, o Bayeux, por su célebre tapiz. Sin embargo, la actividad más demandada es un tour privado en moto con sidecar para recorrer los principales escenarios donde se produjo el Desembarco de Normandía.
«Visitar un campo de batalla nos ayuda a comprender los acontecimientos que allí se desarrollaron, sobre todo si está musealizado y bien conservado, como ocurre en Normandía. Esto nos permite ponernos en la piel de quienes vivieron y sufrieron allí la acción y entender mejor aquel momento. Además, nos ayuda a impregnarnos de la mística y el simbolismo que, en ocasiones, desprenden estos lugares. Eso es precisamente lo que ocurre en Normandía, que tiene una magia que la convierte en un lugar de memoria para Europa», comenta Alberto Pérez. Él mismo explica que este concepto, «lugar de memoria», fue acuñado por el historiador francés Pierre Nora. Con él se refería «a aquellos enclaves cargados de significados simbólicos, espirituales y físicos en los que una comunidad condensa su identidad». Como añade el propio Pérez, esto «puede ser un monumento o cualquier otro lugar. Normandía es precisamente un lugar de memoria que nos permite recordar la contienda iniciada en 1939, con todos sus horrores, y el mundo que surgió de ella».
Para Alberto Pérez, editor de Desperta Ferro, estos lugares nos conciencian sobre la guerra
Alberto Pérez destaca que «lo importante es visitar y conservar estos emplazamientos», a los que durante años no se les ha prestado la debida atención, aunque es consciente de las dificultades que presentan algunos casos. «En ocasiones es bastante complicado porque existe una amplia tipología de campos de batalla. El de Bailén no se puede recuperar porque ahora mismo está integrado en un polígono dentro del núcleo urbano; otros son poco evocadores, pero también los hay donde merece la pena invertir. La arqueología de los campos de batalla ha cambiado mucho y cada vez existen más trabajos de investigación a su alrededor, no solo sobre conflictos medievales, sino también sobre las guerras carlistas o la Guerra Civil. Cada vez hay un mayor interés desde el punto de vista académico».
La pregunta que queda en el aire es: ¿por qué es recomendable acudir a estos lugares? Para Alberto Pérez, «el reverso de visitar Normandía, aparte de ver las playas o los búnkeres, es que luego visitas los cementerios. Hileras de lápidas de soldados aliados y alemanes. Cuando te detienes delante de ellas y miras las fechas de nacimiento y de muerte de esos soldados entiendes el horror que supone la guerra, desaparece la falsa épica que puede haber en una película o una novela y comprendes todo el sufrimiento que entraña un conflicto. Puedes visitar el lugar donde se combatió, pero también contemplar su resultado: los cementerios».
La colección de guías de campos de batalla de Desperta Ferro respalda el creciente interés turístico por estos lugares
Los sueños de Napoleón quedaron enterrados en Waterloo. El duque de Wellington acabó allí con el ejército imperial del «pequeño Cabo» y dejó una frase para la historia: «Aparte de una batalla perdida, no hay nada más deprimente que una batalla ganada». Aquella sangría empapó la tierra con sangre de entre 47.000 y 55.000 hombres, de los cuales más de treinta mil murieron allí mismo. Sin embargo, cuando los arqueólogos realizaron catas se encontraron con una realidad imprevista: no había tantos restos. ¿Qué había sucedido? A lo largo de 1815, los vecinos y distintos comerciantes se dedicaron a saquear las fosas, desenterrar los cuerpos y extraer sus huesos para comerciar con ellos o usarlos en diferentes procesos industriales. Estas personas eran las únicas que, junto con los ladrones que robaban las pertenencias personales de los caídos, se acercaban a los campos de batalla, siempre envueltos en el recuerdo infausto de los muertos y los heridos. Pero esa realidad ha quedado atrás y hoy Waterloo, como sucede con otros lugares vinculados a grandes batallas, está musealizado y cuenta con rutas diseñadas por historiadores para visitar el lugar y comprender lo que ocurrió. Esto ha propiciado que, con los años, el turismo vinculado a los sucesos bélicos haya aumentado de manera exponencial y que muchos de estos emplazamientos se hayan convertido en un reclamo, tanto para los aficionados a la historia como para quienes sienten pasión por la historia –militar o no– o para quienes han visto una película y, empujados por ella, deciden acercarse al lugar donde ocurrieron los hechos narrados.
Las agencias de turismo han apreciado un aumento de más del 20 por ciento en lo que llevamos de año respecto al anterior en los viajes a la ciudad polaca de Cracovia. Un incremento motivado por el conjunto artístico de la urbe, pero también por la posibilidad de visitar el campo de concentración de Auschwitz, que ha incrementado sus reservas un 13,8 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2025. «Es uno de los lugares de la memoria más negra de la humanidad y creo que es un buen dato que crezca el número de visitantes que cada año acuden a verlo. Así la gente puede concienciarse y comprobar de primera mano qué supuso Auschwitz y qué representó para los hombres. Estar allí es una experiencia sobrecogedora y ayuda a entender qué fue la Segunda Guerra Mundial y evitar que horrores similares se repitan», comenta Alberto Pérez, editor de Desperta Ferro.
Las reservas para visitar Normandía o Auschwitz se han incrementado por encima del 13%
El sello acaba de lanzar una colección de guías para visitar los principales escenarios relacionados con la historia militar, una iniciativa editorial que responde a la creciente demanda por conocer mejor estos lugares. Prueba de ello es la creación de rutas para recorrer las trincheras de la Guerra Civil española que existen en Madrid —y también en otros lugares de España—, el museo y el parque arqueológico vinculados a la colina de Kalkriese, donde tuvo lugar la batalla del bosque de Teutoburgo, en la que Roma perdió las águilas de algunas de sus mejores legiones; los frentes relacionados con la Primera Guerra Mundial o las playas de Normandía. En esta zona se han triplicado las reservas, no solo por la curiosidad que despierta visitar el escenario de la batalla que marcó el comienzo de la liberación de Francia, sino también por el atractivo de lugares como el Mont Saint-Michel –cuya abadía es el monumento más reservado de toda Francia–, Caen, por su Mémorial, o Bayeux, por su célebre tapiz. Sin embargo, la actividad más demandada es un tour privado en moto con sidecar para recorrer los principales escenarios donde se produjo el Desembarco de Normandía.
«Visitar un campo de batalla nos ayuda a comprender los acontecimientos que allí se desarrollaron, sobre todo si está musealizado y bien conservado, como ocurre en Normandía. Esto nos permite ponernos en la piel de quienes vivieron y sufrieron allí la acción y entender mejor aquel momento. Además, nos ayuda a impregnarnos de la mística y el simbolismo que, en ocasiones, desprenden estos lugares. Eso es precisamente lo que ocurre en Normandía, que tiene una magia que la convierte en un lugar de memoria para Europa», comenta Alberto Pérez. Él mismo explica que este concepto, «lugar de memoria», fue acuñado por el historiador francés Pierre Nora. Con él se refería «a aquellos enclaves cargados de significados simbólicos, espirituales y físicos en los que una comunidad condensa su identidad». Como añade el propio Pérez, esto «puede ser un monumento o cualquier otro lugar. Normandía es precisamente un lugar de memoria que nos permite recordar la contienda iniciada en 1939, con todos sus horrores, y el mundo que surgió de ella».
Alberto Pérez destaca que «lo importante es visitar y conservar estos emplazamientos», a los que durante años no se les ha prestado la debida atención, aunque es consciente de las dificultades que presentan algunos casos. «En ocasiones es bastante complicado porque existe una amplia tipología de campos de batalla. El de Bailén no se puede recuperar porque ahora mismo está integrado en un polígono dentro del núcleo urbano; otros son poco evocadores, pero también los hay donde merece la pena invertir. La arqueología de los campos de batalla ha cambiado mucho y cada vez existen más trabajos de investigación a su alrededor, no solo sobre conflictos medievales, sino también sobre las guerras carlistas o la Guerra Civil. Cada vez hay un mayor interés desde el punto de vista académico».
La pregunta que queda en el aire es: ¿por qué es recomendable acudir a estos lugares? Para Alberto Pérez, «el reverso de visitar Normandía, aparte de ver las playas o los búnkeres, es que luego visitas los cementerios. Hileras de lápidas de soldados aliados y alemanes. Cuando te detienes delante de ellas y miras las fechas de nacimiento y de muerte de esos soldados entiendes el horror que supone la guerra, desaparece la falsa épica que puede haber en una película o una novela y comprendes todo el sufrimiento que entraña un conflicto. Puedes visitar el lugar donde se combatió, pero también contemplar su resultado: los cementerios».
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