Sergio M. Soriano: «Visitar un campo de batalla es darte cuenta de lo que puede suceder si la historia se repite»

Lleva veranos enteros dedicados a enseñarlo que sucedió el Día-D en esas mismas playas, pero eso no le ha inmunizado contra las emociones y asegura: «Es complicado describir lo que sientes con palabras. Es un lugar icónico. Las emociones aquí son sobrecogedoras. Sobre todo, al imaginarte lo que pasó. Cuando te encuentras aquí, vuelves 80 años hacia atrás». Ahora la experiencia que ha recibido de su estancia sobre el terreno y sus conocimientos los ha volcado en «Normandía 1944. Guía del campo de batalla» (Desperta Ferro). «Estas páginas están adaptadas a los lectores, no a mis gustos personales, para, si vienen no dejen de ver nada ni se pierdan ningún lugar importante».

¿Qué se aprende al visitar un campo de batalla?

El cementerio americano es el punto más visitado. Recibe entre uno y dos millones de turistas al año. Es un golpe de realidad reparar que aquí hay enterrados chicos de 18, 20 o 25 años. Rodos los monumentos están dedicados, no al soldado, sino a la juventud, que es lo que cuesta la victoria. La victoria se logra a base de la muerte de lo más preciado que tiene una sociedad, que es una juventud. Eso lo ves aquí

Me habla de conciencia.

De concienciación. Efectivamente es una manera de ver que la guerra tiene un coste y que no es un filme o una serie. Venir aquí, a un campo de batalla, supone darte cuenta de las huellas que dejó. Lo notas. Pero también de lo que podría suponer si se repite.

Es un lugar simbólico no solo para Francia, sino para todos los europeos.

Normandía se puede ver también como un punto de concienciación de todos los bandos. Hay que tenerlo en cuenta. Aquí tienen su espacio los americanos, los canadienses, los británicos, los franceses, más los muertos de la población civil que vivía alrededor, que sufrieron las consecuencias y los alemanes. En cada evento que se celebra se busca esa reconciliación. Existe la consciencia de que aquí la gente fue enviada a luchar en unas circunstancias muy precisas. Los soldados tuvieron que defender a su país, como ocurrió con los alemanes, de una manera independiente a si te gustaba la política o no de tu país.

¿Qué es lo que más le emociona a los turistas que vienen?

Lo que más emociona es el cementerio de los americanos. Sobre todo a los estadounidenses que tienen familiares que han muerto aquí. Sienten un orgullo inmenso por el sacrificio que su país pagó por lograr la victoria. Eso lo fomenta su patriotismo. Pero en igual medida ocurre con los británicos, los canadienses y los otros… Los españoles sienten una enorme empatía hacia esos soldados y se sobrecogen en estos lugares, cuando ven los carros de combate, un búnker, pero es en el cementerio cuando piensan lo que tuvo que ser estar ahí.

¿Y los alemanes?

Vienen bastantes. Aquí murieron 70.000 alemanes, que no es poco. Pero siempre vienen con un afán de reconciliación, de respeto, de intentar comprender su historia, lo que pasó y poder verlo de cerca. Tienen un enorme respeto hacia los otros bandos.

¿Y la playa de Omaha?

La playa de Omaha impresiona. Contemplas las posiciones de tiro que tenían los alemanes, que, desde ahí causaron 4.400 bajas a los americanos, y enseguida te das cuenta de que los norteamericanos que desembarcaban no tenían la más mínima posibilidad. Pero luego conviene también ir a las ciudades, como Caen, y darte cuenta por ti mismo la destrucción que sufrieron. La mayoría de estas ciudades que quedaron en la línea de batalla padecieron mucho. Y todavía resulta impresionante darte cuenta.

 Es el único guía español que hay en Normandía y ahora publica un libro para conocer mejor el lugar  

Lleva veranos enteros dedicados a enseñarlo que sucedió el Día-D en esas mismas playas, pero eso no le ha inmunizado contra las emociones y asegura: «Es complicado describir lo que sientes con palabras. Es un lugar icónico. Las emociones aquí son sobrecogedoras. Sobre todo, al imaginarte lo que pasó. Cuando te encuentras aquí, vuelves 80 años hacia atrás». Ahora la experiencia que ha recibido de su estancia sobre el terreno y sus conocimientos los ha volcado en «Normandía 1944. Guía del campo de batalla» (Desperta Ferro). «Estas páginas están adaptadas a los lectores, no a mis gustos personales, para, si vienen no dejen de ver nada ni se pierdan ningún lugar importante».

¿Qué se aprende al visitar un campo de batalla?

El cementerio americano es el punto más visitado. Recibe entre uno y dos millones de turistas al año. Es un golpe de realidad reparar que aquí hay enterrados chicos de 18, 20 o 25 años. Rodos los monumentos están dedicados, no al soldado, sino a la juventud, que es lo que cuesta la victoria. La victoria se logra a base de la muerte de lo más preciado que tiene una sociedad, que es una juventud. Eso lo ves aquí

Me habla de conciencia.

De concienciación. Efectivamente es una manera de ver que la guerra tiene un coste y que no es un filme o una serie. Venir aquí, a un campo de batalla, supone darte cuenta de las huellas que dejó. Lo notas. Pero también de lo que podría suponer si se repite.

Es un lugar simbólico no solo para Francia, sino para todos los europeos.

Normandía se puede ver también como un punto de concienciación de todos los bandos. Hay que tenerlo en cuenta. Aquí tienen su espacio los americanos, los canadienses, los británicos, los franceses, más los muertos de la población civil que vivía alrededor, que sufrieron las consecuencias y los alemanes. En cada evento que se celebra se busca esa reconciliación. Existe la consciencia de que aquí la gente fue enviada a luchar en unas circunstancias muy precisas. Los soldados tuvieron que defender a su país, como ocurrió con los alemanes, de una manera independiente a si te gustaba la política o no de tu país.

¿Qué es lo que más le emociona a los turistas que vienen?

Lo que más emociona es el cementerio de los americanos. Sobre todo a los estadounidenses que tienen familiares que han muerto aquí. Sienten un orgullo inmenso por el sacrificio que su país pagó por lograr la victoria. Eso lo fomenta su patriotismo. Pero en igual medida ocurre con los británicos, los canadienses y los otros… Los españoles sienten una enorme empatía hacia esos soldados y se sobrecogen en estos lugares, cuando ven los carros de combate, un búnker, pero es en el cementerio cuando piensan lo que tuvo que ser estar ahí.

¿Y los alemanes?

Vienen bastantes. Aquí murieron 70.000 alemanes, que no es poco. Pero siempre vienen con un afán de reconciliación, de respeto, de intentar comprender su historia, lo que pasó y poder verlo de cerca. Tienen un enorme respeto hacia los otros bandos.

¿Y la playa de Omaha?

La playa de Omaha impresiona. Contemplas las posiciones de tiro que tenían los alemanes, que, desde ahí causaron 4.400 bajas a los americanos, y enseguida te das cuenta de que los norteamericanos que desembarcaban no tenían la más mínima posibilidad. Pero luego conviene también ir a las ciudades, como Caen, y darte cuenta por ti mismo la destrucción que sufrieron. La mayoría de estas ciudades que quedaron en la línea de batalla padecieron mucho. Y todavía resulta impresionante darte cuenta.

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