En muchas ocasiones, el cine y la televisión se plantean únicamente como una herramienta de entretenimiento, pero hay quien decide utilizarlos como un altavoz o una reivindicación de hechos ocurridos a lo largo de la historia que no deben caer en el olvido y que las generaciones futuras deben conocer. Un ejemplo reciente es ‘Anatomía de un instante’ sobre el golpe de Estado del 23F, que analiza la Transición Española, y fuera de nuestras fronteras destaca ‘The Bombing of Pan Am 103’.
Como su título indica, la serie de seis episodios que acaba de estrenar Netflix se centra en el ataque de 1988 contra el vuelo operado por la que fuera la aerolínea internacional más importante de los Estados Unidos. Lo hace alejándose del sensacionalismo, optando por no replicar cómo fue el fatídico momento de la explosión desde dentro, por lo que el espectador que se imagine una producción con un hilo conductor basado en el drama de los pasajeros, a lo ‘Titanic’, no encontrará a su Rose y Jack. Con un enfoque similar ya se produjo en 2021 ‘Lockerbie: A Search For Truth’, una ficción con Colin Firth en el papel de un padre que buscaba justicia para su hija.
En su lugar, esta serie contextualiza la historia con un rápido vistazo a los momentos previos al embarque en el aeropuerto londinense de Heathrow, donde se fabrica un variopinto cuadro: la felicidad por volver a casa en Navidad, los nervios de volar por primera vez, la crispación de tener que añadir más minutos a la hora de llegada a causa de un retraso y la desesperación de quien se queda en tierra por no haber estado atento. Unos escasos minutos bastan para conocer a las víctimas de diferentes edades que se dirigían a Estados Unidos. A continuación, el resto de secuencias combinan escenarios como las oficinas del FBI, los estrechos callejones de Malta y el más importante, el escenario del crimen: Lockerbie. Aquí, sus habitantes asisten a un trágico espectáculo que la producción retrata con respeto y sobriedad visual: cuerpos, maletas y pedazos del aparato aéreo caen sin cesar, lo que transforma la pequeña localidad del suroeste de Escocia en una imagen desoladora, apagando por completo las luces que advierten del día más mágico del año.
El guion corre a cargo de Jonathan Lee y Gillian Roger Park, quienes a partir de este punto introducen la investigación real, la mayor por homicidio en la historia de la policía escocesa, mediante un meticuloso trabajo de documentación que se evidencia en determinadas transiciones con imágenes de archivo. Tanto los personajes como las escenas están mayoritariamente construidos a partir de las entrevistas realizadas a los investigadores, los familiares de las víctimas y residentes de Lockerbie que fueron claves en el proceso, con permiso de alguna recreación con fines dramáticos que siempre demanda una producción de este tipo.
Entre los protagonistas con más peso en pantalla se encuentran el detective Ed McCusker, interpretado por Connor Ryan Swindells, y su contraparte del FBI, el agente especial Dick Marquise (Patrick J. Adams). Ambos actores escenifican las diferencias burocráticas de los países implicados en las investigaciones y las suspicacias de guardarse información importante para ellos mismos. De hecho, las disputas sobre jurisdicción son uno de los aspectos centrales de la serie, sumadas a la nula seguridad que imperaba en los aeropuertos en aquella época. Asimismo, los intérpretes despojan a sus personajes de cualquier atisbo de emotividad, actuando con la frialdad que requiere la situación y dejando como único canal de desahogo emocional los largos suspiros que ofrece la ejecución técnica de la ficción a base de densos silencios y planos fijos. En realidad, la sensibilidad está reservada para los paisanos escoceses, que tras el atentado desbordaron compasión y generosidad creando un lazo de unión con los familiares de las víctimas.
La elección del color tampoco se deja al azar: los tonos grisáceos y azulados para la localidad escocesa contrastan con el uso del anaranjado para los parajes de Malta o los litigios de las familias con Pan Am, logrando un notable efecto visual.
Más de tres décadas después del acto terrorista más mortífero en suelo británico, ‘The Bombing of Pan Am 103’ se presenta como una historia sobre las vidas perdidas que, sin embargo, acaba despojándose del drama más explícito para arrojar luz sobre las innumerables personas encargadas de resolver una investigación que marcó un antes y un después en el siglo XX.
Murieron 270 personas en el atentado
El 21 de diciembre de 1988, una bomba estalló en el vuelo 103 de Pan Am a 9.144 metros de altura. Fallecieron los 259 ocupantes del aparato, 189 de ellos estadounidenses, y 11 vecinos del municipio donde se estrelló el Boeing 747 con destino Nueva York.
Los investigadores determinaron que la bomba había sido colocada dentro de una radio en una maleta. Al identificar el temporizador del explosivo, detuvieron a dos agentes de inteligencia libios y el juicio celebrado en 2001 condenó a uno de ellos: Abdel Basset Ali al-Megrahi.
El atentado de 1988 contra el vuelo 103 de Pan Am se reconstruye en una serie de seis episodios disponible en Netflix
En muchas ocasiones, el cine y la televisión se plantean únicamente como una herramienta de entretenimiento, pero hay quien decide utilizarlos como un altavoz o una reivindicación de hechos ocurridos a lo largo de la historia que no deben caer en el olvido y que las generaciones futuras deben conocer. Un ejemplo reciente es ‘Anatomía de un instante’ sobre el golpe de Estado del 23F, que analiza la Transición Española, y fuera de nuestras fronteras destaca ‘The Bombing of Pan Am 103’.
Como su título indica, la serie de seis episodios que acaba de estrenar Netflix se centra en el ataque de 1988 contra el vuelo operado por la que fuera la aerolínea internacional más importante de los Estados Unidos. Lo hace alejándose del sensacionalismo, optando por no replicar cómo fue el fatídico momento de la explosión desde dentro, por lo que el espectador que se imagine una producción con un hilo conductor basado en el drama de los pasajeros, a lo ‘Titanic’, no encontrará a su Rose y Jack. Con un enfoque similar ya se produjo en 2021 ‘Lockerbie: A Search For Truth’, una ficción con Colin Firth en el papel de un padre que buscaba justicia para su hija.
En su lugar, esta serie contextualiza la historia con un rápido vistazo a los momentos previos al embarque en el aeropuerto londinense de Heathrow, donde se fabrica un variopinto cuadro: la felicidad por volver a casa en Navidad, los nervios de volar por primera vez, la crispación de tener que añadir más minutos a la hora de llegada a causa de un retraso y la desesperación de quien se queda en tierra por no haber estado atento. Unos escasos minutos bastan para conocer a las víctimas de diferentes edades que se dirigían a Estados Unidos. A continuación, el resto de secuencias combinan escenarios como las oficinas del FBI, los estrechos callejones de Malta y el más importante, el escenario del crimen: Lockerbie. Aquí, sus habitantes asisten a un trágico espectáculo que la producción retrata con respeto y sobriedad visual: cuerpos, maletas y pedazos del aparato aéreo caen sin cesar, lo que transforma la pequeña localidad del suroeste de Escocia en una imagen desoladora, apagando por completo las luces que advierten del día más mágico del año.
El guion corre a cargo de Jonathan Lee y Gillian Roger Park, quienes a partir de este punto introducen la investigación real, la mayor por homicidio en la historia de la policía escocesa, mediante un meticuloso trabajo de documentación que se evidencia en determinadas transiciones con imágenes de archivo. Tanto los personajes como las escenas están mayoritariamente construidos a partir de las entrevistas realizadas a los investigadores, los familiares de las víctimas y residentes de Lockerbie que fueron claves en el proceso, con permiso de alguna recreación con fines dramáticos que siempre demanda una producción de este tipo.
Entre los protagonistas con más peso en pantalla se encuentran el detective Ed McCusker, interpretado por Connor Ryan Swindells, y su contraparte del FBI, el agente especial Dick Marquise (Patrick J. Adams). Ambos actores escenifican las diferencias burocráticas de los países implicados en las investigaciones y las suspicacias de guardarse información importante para ellos mismos. De hecho, las disputas sobre jurisdicción son uno de los aspectos centrales de la serie, sumadas a la nula seguridad que imperaba en los aeropuertos en aquella época. Asimismo, los intérpretes despojan a sus personajes de cualquier atisbo de emotividad, actuando con la frialdad que requiere la situación y dejando como único canal de desahogo emocional los largos suspiros que ofrece la ejecución técnica de la ficción a base de densos silencios y planos fijos. En realidad, la sensibilidad está reservada para los paisanos escoceses, que tras el atentado desbordaron compasión y generosidad creando un lazo de unión con los familiares de las víctimas.
La elección del color tampoco se deja al azar: los tonos grisáceos y azulados para la localidad escocesa contrastan con el uso del anaranjado para los parajes de Malta o los litigios de las familias con Pan Am, logrando un notable efecto visual.
Más de tres décadas después del acto terrorista más mortífero en suelo británico, ‘The Bombing of Pan Am 103’ se presenta como una historia sobre las vidas perdidas que, sin embargo, acaba despojándose del drama más explícito para arrojar luz sobre las innumerables personas encargadas de resolver una investigación que marcó un antes y un después en el siglo XX.
El 21 de diciembre de 1988, una bomba estalló en el vuelo 103 de Pan Am a 9.144 metros de altura. Fallecieron los 259 ocupantes del aparato, 189 de ellos estadounidenses, y 11 vecinos del municipio donde se estrelló el Boeing 747 con destino Nueva York.
Los investigadores determinaron que la bomba había sido colocada dentro de una radio en una maleta. Al identificar el temporizador del explosivo, detuvieron a dos agentes de inteligencia libios y el juicio celebrado en 2001 condenó a uno de ellos: Abdel Basset Ali al-Megrahi.
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