En los últimos setenta y en los ochenta, en una España liberada de la represión, había más espacio para el caos creativo. En el Madrid que incubó la Movida, y que tenía de alcalde a Enrique Tierno Galván, pasaban muchas cosas más. Proliferaron las llamadas radios libres, por sus promotores, o radios piratas, por sus competidores comerciales. No eran nada profesionales, ahí estaba su gracia. Ni vendían publicidad ni tenían ánimo de lucro, abrían los micrófonos a quien llamara, estaban muy conectadas con el movimiento vecinal y, en algún caso, eran apoyadas por las nacientes juntas de distrito que trataban de dinamizar los barrios.
En los últimos setenta y en los ochenta, en una España liberada de la represión, había más espacio para el caos creativo. En el Madrid que incubó la Movida, y que tenía de alcalde a Enrique Tierno Galván, pasaban muchas cosas más. Proliferaron las llamadas radios libres, por sus promotores, o radios piratas, por sus competidores comerciales. No eran nada profesionales, ahí estaba su gracia. Ni vendían publicidad ni tenían ánimo de lucro, abrían los micrófonos a quien llamara, estaban muy conectadas con el movimiento vecinal y, en algún caso, eran apoyadas por las nacientes juntas de distrito que trataban de dinamizar los barrios. Seguir leyendo EL PAÍS
