La ovación que merece la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles

Hubo un tiempo, no hace tanto, en que una ovación de pie era todavía una excepción. Se reservaba para esas raras ocasiones en que lo ocurrido sobre el escenario parecía exigir una forma distinta de agradecimiento; cuando el aplauso, por sí solo, se volvía insuficiente. Hoy, en cambio, las ovaciones se prodigan con tal facilidad que casi han perdido su significado. Tal vez por eso convenga prestar atención cuando aparece una que se justifica plenamente.

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 Lo difícil de explicar es otra cosa: que una política que tardó 25 años en levantar una red nacional apareciera, siquiera por un momento, entre aquello de lo que el Estado podía prescindir   EL PAÍS

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