Gracias, Gonzalo

Soy fan de Gonzalo Suárez desde que leí sus libros y vi sus primeras películas de adolescente en mi barrio de Estrecho. Regalaba a mis amigos ejemplares de De cuerpo presente, que se saldaban en la Cuesta de Moyano. Rocabruno bate a Ditirambo era libro de cabecera. Luego le conocí, le hablé en el estreno de La Regenta; más tarde, en Canet-sur-Plage, viendo películas prohibidas. Luego le entrevisté. Y nos hicimos amigos. Y eso hemos sido durante casi medio siglo y vamos a seguir siéndolo. Me enamoré de él, como ya lo estaba de sus libros, y de Hélène, y pasaron a ser miembros de la familia.

Seguir leyendo

 El cineasta Fernando Trueba recuerda a su compañero de profesión Suárez como un genio desenfadado que no se montó al tren de ninguna moda  

In memoriam
Opinión

Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El cineasta Fernando Trueba recuerda a su compañero de profesión Suárez como un genio desenfadado que no se montó al tren de ninguna moda

El director de cine, Gonzalo Súarez, en su casa de Madrid en febrero de 2026.Pablo Monge

Soy fan de Gonzalo Suárez desde que leí sus libros y vi sus primeras películas de adolescente en mi barrio de Estrecho. Regalaba a mis amigos ejemplares de De cuerpo presente, que se saldaban en la Cuesta de Moyano. Rocabruno bate a Ditirambo era libro de cabecera. Luego le conocí, le hablé en el estreno de La Regenta; más tarde, en Canet-sur-Plage, viendo películas prohibidas. Luego le entrevisté. Y nos hicimos amigos. Y eso hemos sido durante casi medio siglo y vamos a seguir siéndolo. Me enamoré de él, como ya lo estaba de sus libros, y de Hélène, y pasaron a ser miembros de la familia.

Cuando hice mi primera película, fue al único que se la enseñé y me sugirió cambiar una escena de lugar. Tenía toda la razón, y ese cambio, nada pequeño, mejoró significativamente la película.

Porque Gonzalo era inteligente, de una inteligencia nada común ni convencional. Una inteligencia única, brillante, deslumbrante. Gonzalo era dos cosas que nunca van juntas, o rara vez: era divertido y era profundo. Siempre he pensado que hubiera sido un filósofo excepcional, de esos que no abundan, en ningún lugar ni en ninguna época. Y la verdad es que lo fue. Aunque solo lo sabemos los que tuvimos el privilegio de conocerle.

Podía convertir una ceremonia solemne en un vodevil o en una escena de los hermanos Marx. Sobre cualquier tema podía hacer reflexiones, divagar y siempre llegar a hallazgos, y también a carcajadas. Escribiendo un guion con mi hermano David, nos invitó a ir a Asturias, a su casa, donde él estaba escribiendo otro. Nunca me he reído más en mi vida. Y confieso que otra cosa no habré hecho en mi vida, pero reír… Llegué a amenazarle, porque me dolía todo el cuerpo: la cabeza, los huesos, el estómago. Su humor nunca era chusco ni banal, pero podía ser desternillante.

El genio pertenece a la personalidad. Gonzalo era un genio. Era genial. No repetía lo que otros habían dicho antes. Pensaba por sí mismo. Era único. No había nadie como él.

Tenía algo de Stevenson, Melville y Mark Twain, mezclado con Bergson, Brassens y Groucho Marx. No tenía fecha. No era de ninguna época, de ninguna moda, de ningún grupo, de ninguna tendencia, de ningún partido. Era de siempre o de nunca.

No puedo pensar que no voy a hablar más con él, que no vamos a cenar más los cuatro, con Hélène y Cris. Sonrío pensando en él cuando debería estar triste.

Mis comentariosNormas

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Please enable JavaScript to view the <a href=»https://disqus.com/?ref_noscript» rel=»nofollow»> comments powered by Disqus.</a>

Archivado En

 EL PAÍS 

Noticias Similares