En Latinoamérica, he oído hablar mucho del “consentido”, el artista tan amado al que se le toleran hasta sus más insignes errores. Ese mecanismo, claro, también funciona por aquí. El ejemplo más palmario en el pop español podría ser Antonio Vega (1957-2009).
En Latinoamérica, he oído hablar mucho del “consentido”, el artista tan amado al que se le toleran hasta sus más insignes errores. Ese mecanismo, claro, también funciona por aquí. El ejemplo más palmario en el pop español podría ser Antonio Vega (1957-2009). Seguir leyendo EL PAÍS
